domingo, 19 de julio de 2015

Demonio de Aire Capitulo 10



La cabeza de Jun dolía en el momento en que él y Min abandonaron el estudio. Changmin no estaba tomando todo muy bien, y Jun se había cansado de tratar de explicárselo. El hombre era como un pit bull con un hueso. Él no se rendiría al hecho de que no era gay.

Changmin tendría que hacerlo si era el Demonas Amaté de Kyuhyun. Justo ahora a Jun le importaba un bledo el caso de closet del novato. Su cabeza estaba doliendo como si una banda de música tocara dentro, y sus ojos se sentía pesados. Todo lo que quería era descansar un poco.


Jun todavía tenía que averiguar qué iba a hacer respecto a Jung Min. Sus sentimientos eran contradictorios y confusos a la hora de enfrentarse a ese magnífico trozo de demonio. Cada fibra de su cuerpo clamaba para que Min lo reclamara, pero el miedo al abandono era como un tumor creciendo lento en su columna vertebral. Y no se iba.

—Tú eres mi Demonas Amaté. Ven a mí.

Jun se dio la vuelta y gruñó. Era el mismo idiota hijo de puta que prácticamente lo había arrojado desde el balcón anteriormente. —Bésame el culo, vete a la mierda enfermo.

—Oh, no, tu lenguaje no ha mejorado.

El demonio comenzó a avanzar hacia Jun con una mirada de superioridad e irritación en los ojos. Jun no estaba deseoso de repetir la actuación. Se quitó del pasillo del palacio, pensando en dónde diablos se había metido todo el mundo y se enojó por la cobardía que estaba naciendo dentro de él. Pero bueno, él no era estúpido.

—¡Vuelve, Demonas Amaté, ya!

—Muérdeme, puta —gritó Jun sobre su hombro mientras corría hasta que chocó con algo sólido y cayó hacia atrás. Sus brazos se dispararon para amortiguar la caída que nunca llegó. Min estaba allí, atrapándolo antes de que su culo se pusiera en contacto con el mármol.

—¿Estás bien, Demonas Amaté?

Si Jun escuchaba esas palabras una vez más, iba a gritar como nunca. —No, no estoy bien. Ese jodido demonio loco está detrás de mí otra vez.

Min rugió mientras se ponía cerca de Jun. —Centinelas, comprueben si hay intrusos en el palacio. Quiero que revisen todo en profundidad. ¡Quiero que me traigan a ese demonio, ahora!

Jun trató de tirar de los brazos de Min, pero el demonio tenía un agarre asfixiante sobre él. —Puedes dejar que me vaya ahora.

—No voy a soltarte hasta que sea encontrado. ¿Te hizo daño de alguna manera, Demonas Amaté? —comenzó Min pasando sus manos sobre el cuerpo de Jun, haciéndole retorcerse en sus brazos.

—¿Vas a soltarme? No te acerques a mí. —Jun golpeó en las manos de Min cuando él volvió a intentar liberarse.

—No te muevas —dijo Jung Min suavemente mientras caminaba con Jun pegado a su pecho.

Jun no tuvo más remedio que aferrarse a él cuando Min lo acompañó a su habitación. Él lucía una erección, y se frotaba en el estómago de Min. Cuán maldita vergüenza. Esas manos grandes habían hecho el truco cuando empezaron a andar a tientas sobre él.

Min tenía que saberlo, porque una sonrisa se dibujó en sus labios. «Hijo de puta engreído». Jun se movió rápidamente fuera del camino cuando Min lo liberó para cerrar la puerta con llave. Él comenzó a recitar los procedimientos policiales en la cabeza para tratar de hacer que su jodido pene bajase.

Y no estaba funcionando.

Jun se rascó la mandíbula cuando se dirigió a la cama, y luego se lo pensó mejor. Eso sólo sería un problema, como si estuviera haciendo una invitación. En su lugar, optó por sentarse en la silla ante la mesa. Min gruñó cuando vio el cambio rápido de planes de Jun. «Lo siento, amigo grande», Jun pensó para sí mismo.

—Dame una descripción de cómo es ese demonio —pidió Min mientras caminaba detrás de la silla y ponía sus manos sobre los hombros de Jun, por lo que su pene palpitó con un golpe adicional.

—Un demonio.

Jung Min se inclinó otra vez hasta que Jun estaba mirando fijamente a sus ojos. —Soy consciente de que él se ve como un demonio. ¿Hay alguna característica distintiva de los otros?

—Bueno, ahora que lo mencionas, él parecía un idiota.

Min gruñó. —No estás ayudando, Demonas Amaté. Soy muy serio. Este asunto debe ser aclarado. No quiero a nadie deambulando tratando de hacerte daño.

Jun resopló. —La mitad de mi distrito está fuera intentando hacerme daño. ¿Me has oído hacer una broma? —De acuerdo, él estaba siendo un testarudo. Jun estaba nervioso como el infierno y lo mostraba de una mala manera. Su erección no se había ido, y la cercanía de Min estaba haciendo estragos en sus nervios.

—Está bien. Si quieres ser difícil, voy a manejar esto por mi cuenta.

Min sonaba enojado, pero el demonio no hizo ningún movimiento para irse. De hecho, él se acercó más. Jun hizo lo que pudo para aplastar el miedo de quedarse solo en la mitad de la noche cuando las manos de Min se movieron sobre sus hombros en un gesto suave.

El pene de Jun se estaba poniendo más duro bajo sus pantalones mientras hacía todo lo posible para recitar los malditos procedimientos de la policía. Min se acercaba. Sacó a Jun de la silla y lo hizo girar, conectando sus labios en un beso ardiente. Jun prácticamente se subió en el pecho de Min . Él estaba más caliente que el infierno y quería tener sexo.

Jung Min lo acercó a la cama mientras Jun refregaba su pene en su musculoso abdomen. Los planos y lisos músculos eran justo lo que necesitaba para la fricción. Si no se detenía, Jun iba a correrse en sus malditos pantalones.

—Demonas Amaté, eres realmente maravilloso. —dijo Min en la oreja de Jun cuando lo acostó, arrastrándose sobre él.

Hyung Jun estaba jadeando con el peso del demonio sobre su cuerpo más pequeño. Jun no era un hombre pequeño, de ninguna manera, pero Min lo cubría. Jun ladeó la cabeza, capturando los labios de Min cuando las manos del demonio acariciaban su costado y caderas. Jun se estremeció cuando Min agarró la parte inferior de su camisa y tiró de ella, dejando libre su cintura, sacándosela por la cabeza.

Él no iba a mentirse a sí mismo. Jun estaba esperando a los mini-tornados de nuevo. Era algo salido de un cuento de hadas que no podía haber sido real, y estaba ansioso de experimentarlo una y otra vez.
Jun gimió cuando Min se apartó, una pequeña porción de inseguridad se apoderó de él, hasta que vio que Min no se iba a ninguna parte. Su demonio se desprendió de su ropa, su gran pene era impresionante y tocaba su ombligo, justo cuando una sonrisa tiró del lado de su boca de nuevo.
«Ah, sí, amigo. Ahí vienen».

Min levantó la mano y sopló. La cascada de aire fue hacia su mano y un pequeño tornado volvió a la vida, silbando y girando. Min levantó la otra mano y repitió el proceso. Movió sus muñecas y guió los tornados hacia los tobillos de los pantalones de Jun.

Jun se echó a reír cuando los torbellinos tiraron de sus pantalones. Jun desabrochó rápidamente sus pantalones y empujó la cintura, dejando que los tornados hicieran el resto. Él tuvo que levantar sus caderas para liberarse de ellos, pero vio maravillado cómo los micro-tornados hicieron volar los pantalones de su cuerpo.

—Buen truco.

—Oh, tengo un montón más, Demonas Amaté. —Min le guiñó un ojo mientras él levantaba sus manos y dejaba escapar dos tornados más pequeños. Los maravillosos micro-tornados giraron, emitiendo un pequeño silbido cuando Min los guió a sus muñecas. Jun quedó sin aliento cuando sus tobillos y muñecas se levantaron de la cama. Los mini-tornados le dieron la vuelta para colocarlo en sus manos y rodillas, pero lo mantuvieron flotando sobre la cama, no muy abajo. Min se arrastró detrás de él y lamió un camino largo por el lado de una de sus nalgas, y luego por el lado de la otra.
Jun. Estaba. En. El. Cielo.

Sus bolas se sacudieron, y su pene saltó cuando Min deslizó un dedo mojado dentro de él. No podía retroceder. Los maravillosos tornados lo impedían. Jun soltó un grito cuando esas maravillas le dieron la vuelta una vez más, el dedo de Min nunca lo abandonó.

—Muéstrame… —se quejó Jun.

Min se rió entre dientes mientras seguía preparando a Jun, extendiendo su pulsante agujero. Jun amó cada segundo de ello, cada embestida, cada retiro, cada momento de su mente adormecida.

Jun gimió cuando notó los dedos Min abandonar su culo, hasta que sintió una presión arremolinada y fuerte que lo llenaba. Jun abrió la boca.

—¡Detén… joder! —Jun se estremeció. Estaba siendo follado por un pequeño tornado. ¿Cómo era posible? Jun podía sentir el viento, girando e impulsándose dentro y fuera de su culo. Llenó su estrecho canal, tensionándose y flexionándose para dar masajes a cada centímetro de él.

De repente, la presión en el culo tomó forma. Jun gritó y se agarró las sábanas en un abrazo a la muerte cuando el tornado fue reemplazado lentamente por el pene de Min. Jun levantó la mirada, sus ojos se cernían sobre los de Min.

—Mi Demonas Amaté —susurró Min cuando se inclinó sobre Jun—. Mi Junnie.

La respiración Jun quedó atrapada en su garganta cuando oyó su nombre como un susurro en los labios de Min. Desde que se conocieron nunca había escuchado que Min lo llamara realmente por su nombre. Siempre era llamado como Demonas Amaté.

—Min.

—Yo te reclamaré ahora, si me lo permites.

Jun respiró profundamente, no sólo para retornar aire a sus pulmones, sino porque él podía ver la cuestión de lleno en el torbellino de los ojos  de Min. Su amante dejaba la decisión en manos de él. No obligaría a Jun, no importaba cuánto lo quisiera.

Jun escuchó la salida de un pequeño grito de los labios de Min cuando él inclinó la cabeza hacia atrás, dando silenciosamente su permiso para que Min lo reclamase. Él tenía que creer que una vez reclamado, Min no lo dejaría otra vez. La necesidad de pertenecer a Min era demasiado grande para ceder a sus temores.

Por supuesto, si Min lo dejaba después de esto, Jun lo perseguiría y haría que los demonios sombra parecieran niños jugando con piedras. También estaba pensando en conseguir su nombre tatuado en la frente Min, para que el hombre nunca lo olvidara.

El pene que llenaba el culo de Jun no se movió. Min nunca puso una mano sobre su pene. Él simplemente hundió sus colmillos en la garganta de Jun . El dolor fue olvidado rápidamente cuando un éxtasis nunca vivido inundó su cuerpo.

Jun gritó cuando cada terminación nerviosa de su cuerpo estalló en una lluvia de fuego de sensaciones. Su mente estaba nublada, adormecida por el deleite que parpadeaba a lo largo de su piel. Era lo único que podía sentir. Estaba rodeado por ello, arropado en el placer.

—Demonas Amaté —susurró Min contra el cuello de Jun—, tienes que morderme para fortalecer nuestro vínculo.

Jun abrió los ojos al ver que la cabeza de Min se giraba hacia el costado y arqueaba la espalda. La oscura piel bronceada del hombre brillaba con pequeñas gotas de sudor. Los tensos músculos se movieron cuando Min tragó.

Jun sintió a Min temblar cuando él se inclinó y acarició con su lengua los fuertes músculos tensos. Él movió alrededor su boca hasta que encontró un lugar que sintió correcto, y en ese momento apretó los dientes tan fuerte como pudo.

Los tornados se elevaron con fuerza y atravesaron la habitación, golpeando todo cuando la sangre inundó la boca de Jun. Min gritó y golpeó en el culo de Jun. Ráfagas de deseo lo asaltaron, y su cuerpo se fragmentó cuando Min lo reclamó. Su piel se estremeció cuando las manos y los labios de Min vagaron sobre él, acariciándolo por todos los lados hasta que no quedó ni un punto sin tocar.
Min rugió. Su cuerpo se tensó por un momento y luego se dejó caer contra Jun cuando chorros de semen llenaron su culo.

—Mi Demonas Amaté —se quejó Min—. Mi Jun, mi hermoso Junnie.

Jun se estremeció mientras levantaba la boca de la garganta de Min y lamía las gotas de sangre que corrían por el cuello. Se echó hacia atrás y miró a los ojos a Min , viendo los remolinos de unos tornados muy pequeños que el hombre tenía en ellos.

Él llevó su mano por el lado de la cara de Min. —Mi demonio.

Min se apoyó en su mano, luego giró la cabeza para besar la palma.

—Romeo —susurró—. Mi nombre demonio es Romeo.

Jun parpadeó. —Uh... mi nombre humano es Jun.

Min sonrió y acarició el lado de la cara de Jun. —Sí, lo sé.

Jun frunció el ceño cuando Min se apartó de él repentinamente y se bajó de la cama. ¿Era esto entonces? ¿Min se iba a ir de nuevo? ¿Por qué parecía que Min se iba cada vez que tenían sexo? ¿Era tan malo en el sexo?

Jun sintió que las lágrimas cosquilleaban en la esquina de sus ojos mientras giraba a un lado, de espaldas a Min. Deseaba estar dormido como la última vez. Su corazón ya estaba rompiéndose. Se rompería si realmente veía salir a Min.

—Jun.

—¿Sí? —Jun sintió la presión en la cama y supo que Min se había sentado detrás de él, pero se negó a darse la vuelta. Ya estaba casi llorando como un cobarde. No le hacía falta también que Min lo viera así.

—Date la vuelta, Demonas Amaté. Tengo algo para ti.

La curiosidad mató al gato, y también causó dolor en Jun cuando no pudo negarse. Rápidamente limpió sus ojos y se giró para ver a Min sosteniendo un anillo de plata con una piedra azul brillante en el centro, justo en la palma de su mano.

—¿Qué es esto?

—Es mi regalo para ti, Demonas Amaté, un símbolo de mi devoción por ti. Cada Djini debe presentar a su Demonas Amaté con un símbolo de su devoción hecho por su propia mano. Es una manera de mostrar a todos que has sido reclamado.

—Como el colgante de Saeng.

—Exactamente como el colgante de Saeng. Y por lo general, estos regalos se dan en colgantes, pero como soy un demonio del aire —Min se rió entre dientes— y como imaginé que ibas a pasar una gran cantidad de tiempo zarandeado en el aire, he decidido que un anillo sería algo mejor. De esta manera, no hay ninguna posibilidad de que se pierda.

Jun arqueó una ceja. —¿Zarandeado en el aire?

—Admítelo, Demonas Amaté, te gusta ser zarandeado en el aire.

Jun sintió que su cara tomaba color. —Tal vez.

Min se echó a reír, mientras tomaba la mano de Jun y deslizaba el anillo en el dedo. Jun frunció el ceño cuando Min sólo se quedó mirando el anillo durante un largo rato. Había una expresión en la cara Min que no podía identificar.

—¿Min?

—He esperado mucho tiempo para ver mi anillo en la mano de mi Demonas Amaté —susurró Min. De pronto se estremeció como si algún pensamiento intenso lo sacudiera y llegó a un bolso negro que estaba en la cama junto a él. Se lo entregó a Jun.

—¿La sal? —Jun le preguntó cuando miró dentro.

—Debes espolvorear en la mordida que me diste.

—Pero, eso hará…

—¿Que deje una cicatriz? —Min sonrió—. Sí, es algo… con lo que he estado muy ilusionado.

—¿Quieres tener una cicatriz en el cuello?

—Quiero tener una prueba de que me has aceptado, un símbolo de nuestra unión.

Jun pensó que Min estaba loco, pero roció la sal en la herida de Min de todos modos. Si eso era lo que el hombre quería, ¿quién era él para detenerlo? Además, él estaba gustoso de saber que había dejado una marca permanente en el hombre para que todos la vieran. Jun roció un poco más de sal en su justa medida. Nadie se acercaría a su demonio.

—Veo que estás de acuerdo —Se rió entre dientes Min cuando los dedos de Jun suavizaron la sal en la mordida y luego añadió un poco más.

—Por supuesto. Tus maravillosos tornados me pertenecen solo a mí, amigo. —Jun se rió cuando Min se inclinó y besó la punta de su nariz. Era sentimental y romántico, y Jun estaba feliz.

—Como tú me perteneces a mí, Hyung Jun.

Jun podía decir que Min estaba tratando de hacer lo mejor. Había que darle crédito por eso. —Está bien, puedes seguir llamándome Demonas Amaté. Sé que me has escuchado.

—Sí, de hecho lo hice, Demonas Amaté. —Min lo besó una vez más antes de sentarse.

Jun se sentó allí, admirando el anillo. En realidad, nadie jamás le había dado nada antes. No sólo lo apreciaba porque simbolizaba su unión, sino porque fue su verdadero primer regalo. Por lo menos ahora podía voltear a ese demonio molesto y mostrarle su posesión más preciada al mismo tiempo.

«Lindo».

Otro pensamiento golpeó a Jun, y él sonrió maliciosamente mientras miraba a Min. —Muéstrame cómo hacer los tornados.

«Saeng caería». 



Continuara..................... 

1 comentario:

  1. awwwwwwwwww que amores, ame el capitulo....son, ahhhhh ame que le diga "mi junnie"

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