martes, 26 de agosto de 2014

El Amante de mis sueños. Completo




¿Puede una persona enamorarse de alguien que no existe?, era la pregunta que le carcomía el alma a Jung Min cada vez que llegaba el amanecer. Tal vez estar tan solo puede hacer que una persona acabe por enloquecer de a poquito cada día. 
De un tirón retiro las sábanas negándose a seguir con esas estupideces, a sus treinta años se sentía grandecito para sueños mojados, lástima que la humedad sobre el colchón dijera lo contrario. 
El reloj en la mesita junto a la cama indicaba que era las seis de la mañana. Lo mejor que podía hacer un domingo a esas horas era salir a correr un rato para quitarse esa sensación de haber tenido sexo. Pateando los zapatos que ya formaban una pila junto a su cama se dirigió al baño. 
Descargar la vejiga quizás es uno de los grandes placeres que un hombre solo puede tener justo después de despertar, bueno, al menos no sonaba tan patético como darse una paja evocando a un hombre que solo vivía en sus sueños. En sus muy calientes sueños, había que agregar. 
En la ducha el agua caliente se sentía como una caricia sobre su piel, su metro noventa de hombre en toda su gloria anhelando sentir las manos masculinas que durante la noche lo había atormentado hasta despertar sus instintos más básicos. 



Enjabono sus hombros anchos, su vientre de lavadero hasta llegar a su pene que ya estaba duro como una piedra. - ¡Mmm!- Gimió al sentir la presión de su mano alrededor de su eje que ya destilada gotitas de pre-semen. El solo recordar al chico que no existía era suficiente para hacerlo correrse duro, mojando con su leche las baldosas de la pared del baño.

-¡Mío!- Podía escucharse a sí mismo cuando arremetía en el apretado culo de su amante en ese mundo de sueños.- ¡Mío!- Gruñía mientras buscaba marcar hasta el alma de la criatura que sobre sus manos y rodillas se le entregaba sin ninguna reserva. 

-¡Tuyo!- Gritaba con cada estocada mientras se tambaleaba por en el borde del placer-dolor.- ¡Tuyo mi señor, para tu placer!- La voz tenía una cadencia que hacía que Jung Min se quisiera venir solo al escucharla. 
Las alas de la hermosa criatura colgaban sobre sus costados, la piel blanca contrastaba con el negro de suaves plumas, el cabello largo color ceniza caía como una cascada sobre el piso. Doblegado era tomado de la manera más dulce y salvaje que un hombre puede poseer a otro. 

-No puedo más, mi señor.- Suplicaba la criatura alada mientras arañaba el suelo de la cueva oscura.- Deje que me venga, déjeme, duele. 
Por mucho que Jung Min quisiera alargar el acto por la eternidad, su compañero sufría, era hora de que ambos se dieran alivio. –Dámelo todo, entrégate a mí.- Con esas palabras golpeo justo el punto donde sabía que él no podía resistir. Un chorro de semen salió del cuerpo del hombre mojando la tierra de la cueva. Los gritos podrían escucharse hasta el mundo de los muertos. Jung Min no resistió más de una par de estocadas antes de acompañar en su viaje al paraíso a Hyung Jun. Su Bebé. 

Se había hecho una paja recordando al hombre que le daba más placer que ninguno de sus amantes de carne y hueso. Metiendo la cabeza en el chorro de agua de la ducha trato de lavar esa extraña obsesión que estaba teniendo con ese chico de dulces ojos grises. Haciendo espuma lavo el corto cabello negro friccionándolo con fuerza, deseaba más que nada deshacerse de la imagen de Jun mientras era arrastrado por las olas del placer del más grandioso orgasmo.

-¡Min!- Escucho un susurro junto a su oreja. Pudo sentir un tibio aliento. Abriendo los ojos se encontró que estaba solo en el baño, como se suponía tenía que ser.- ¡No sueñas!- La voz no venía de ninguna parte. 
Sin perder tiempo Jung Min salió del baño, su corazón a mil, se estaba volviendo loco. Tomando una toalla se la enrollo en la cintura, jalando aire trato de tranquilizarse, primero los sueños recurrentes con un hombre con alas y ahora escuchaba voces, lo peor era que no era la primera vez. 

Buscándose a sí mismos se miro en el espejo del lavado. El cabello húmedo le caía sobre la cara, sus ojos cafés estaban dilatados por el miedo. Lo peor que le podía ocurrir a un Agente Especial era tener un maldito ataque de nervios. Arrugando el ceño se decidió a no pasar su primer día libre en semanas dándole gusto a sus extrañezas. 

Saliendo del baño busco un pantalón de los del gimnasio. Lo mejor que podía hacer era correr para poner todo en orden dentro de su cabeza. El pequeño departamento estaba hecho un desorden, pero eso era algo de lo que se ocuparía después de hacer un poco de ejercicio. Además, si ligaba en la noche en el bar donde pensaba conseguir un culo caliente y real, no lo traería a su casa, sus años en el FBI lo habían vuelto lo suficientemente paranoico

******

-¡Jun!- La voz de su hermano lo saco de sus grises pensamientos, casi tan oscuros como el mundo sin sol donde vivía. - ¿Qué te pasa? 
Hyung Jun simplemente se encogió de hombros como única respuesta, ¿que podía decirle que no fuera una mentira? Sentado sobre el acantilado, la lámpara de aceite junto a sus caderas, observaba el Rio de la Desesperación, el muro infranqueable que evitaba que las criaturas siniestras escaparan al mundo humano. 

Young Saeng aterrizo a escasos metros a la espalda de su hermano, las enormes alas descansaron a los costados de su esbelto cuerpo.- Te he buscado por todas partes,- Se quejo al verla indolencia de Jun.- no puedo creer que estuvieras aquí durante todo este tiempo. Jun continúo en silencio, tristes suspiros salían de su pecho. 

-Vamos… háblame- Se exaspero el otro chico. Eran los más jóvenes de la camada y eso se notaba por la manera en que actuaban. Diez mil años era ser un bebé entre las criaturas que eran tan viejas como el tiempo mismo.- Estas actuando muy raro, te estás poniendo aburrido. Extendiendo las alas Saeng decidió que había tenido suficiente de esperar. Dando un salto surco los cielos grises del inframundo.

Jun escucho el batir de las alas de Saeng cuando este despego del suelo en busca de mejores cosas que hacer que lidiar con un hermano demasiado metido en su mierda. Los demonios no eran conocidos por tener una gran paciencia, eso ni de cerca. Lo mismo se aplicaba para Jun que ya estaba empezando a sentir que su existencia se estaba limitando a ser una constante espera. 

-¡Jung Min!- Llamo a su amante con un susurro que la brisa arrastro más allá del Rio de la Desesperación. – Soy real, no soy un sueño.- Deseaba tanto a ese humano que su piel dolía, lo necesitaba como el aire para vivir, como a sus alas que con gusto las cambiaría por tenerlo para siempre. 
Un ruido, árboles quebrándose, pusieron en alerta al joven demonio. De un salto se puso de pie, con un leve movimiento de su mano invoco una espada, en el reino del inframundo nada se tomaba a la ligera. La posición en la saliente del peñasco le permitía una excelente visibilidad sobre el valle a sus pies. Lo que sea que hubiera causado el ruido había desaparecido como por arte de magia, cosa que era muy probable en un sitio maldito como ese. 

Desplegando las alas se entrego al placer del viento acariciando las plumas. El cabello castaño le daba a su rostro un aire travieso. Como la regla dicta en los demonios que son tan hermosos como el pecado, tenía un aspecto inocente y encantador. Sin perder la vista del suelo que estaba a unos cien metros de distancia, trato de sobrevolar el lugar donde creyó escuchar el sonido. 

El valle estaba tan tétrico como era de esperarse, bastas extensiones de rocas, setos resecos y retorcidos, árboles que parecen estar a punto de morir mientras sus raíces insisten en mantenerlos pegados a la tierra. Nada como para detenerse a mirar dos veces. Los ojos de Jun vigilaban cada recoveco del paisaje buscando cualquier cosa sospechosa. Un par de  alimañas asustadas por el demonio que surcaba el aire sobre sus cabezas corría buscando donde guarecerse, suerte para ellos que Jun había almorzado lo suficiente. 

El aire frio mordía su dorso desnudo, la parte baja de su cuerpo estaba cubierto con un pantalón de tela suave parecida al algodón de color café claro, para mantenerse en su lugar estaba atado con un cordón. Las alas desplegadas en toda su gloria lo mantenían surcando el aire, el cabello meciéndose con cada movimiento. -Tanto tiempo invertido para no encontrar nada.- Se quejó Jun frustrado. 
Aterrizando sobre sus pies doblo las rodillas amortiguando el aterrizaje sobre la parte alta de una roca, por lo general no le gustaba estar a campo abierta sobre el suelo, eso era ser presa fácil. Levantando la cara busco alguna muestra de olor en el aire, algo que delatara una presencia extraña. El cambio en el viento le trajo un olor fuerte, la peste de la carne podrida. 

De un salto cayó sobre el suelo dejando la roca. Con las alas abiertas listas para volar ante cualquier contratiempo comenzó a seguir el rastro del repugnante olor. Unos cuantos metros y lo había encontrado. La pista lo llevo hasta una pila de troncos tirados unos contra otros. Cuidando de que nada lo estuviera esperando para convertirlo en la cena se acerco a la pila de maderas podridas. 
Bajo el primer tronco encontró una gran mancha de sangre negra, descuidando lo que pudiera acercarse por la espalda comenzó a levantar los trocos temiendo lo que podría encontrar. Bajo los escombros estaba el cuerpo semi descompuesto de un enorme ogro de cuando menos tres metros de alto acostado boca abajo. Tenía que saber si le conocía. Tomando el brazo lo halo hasta volverlo. El maldito pesaba como una condena en el Foso de las Lágrimas. 

Lo que vio lo dejo de una pieza, el ogro tenía un gran agujero en el sitio exacto donde tenía que haber estado el corazón. Algo se lo había arrancado de cuajo, Jun no quería toparse estando solo con lo que le había hecho eso. Izando las alas levanto el vuelo alejándose tan rápido como pudo del suelo, debía advertir en el nido que algo estaba fuera de lo normal, y decir eso del inframundo era quedarse corto. Robar el corazón de una criatura y comérselo antes de que este dejara de latir le confería poderes oscuros al atacante. Era engullir el alma de la otra criatura. Algo como eso podía causar extraños resultados, no siempre los que alguien podría desear. 

El Templo estaba en la montaña más alta, justo en el centro de la cúspide que formaba una meseta. Nadie en su sano juicio o sin él se atreví a subir allí a menos que buscara una muerte rápida. En ese lugar estaba el nido, donde la Madre reinaba en medio de sus vástagos y ellos la protegían a muerte. Aterrizando graciosamente sobre sus pies, llego a la plataforma que servía de entrada, solo se podía llegar volando.

-¿Traes prisa?- Pregunto uno de los primeros hijos de la Madre, un demonio alto y de músculos sólidos. Como el resto de demonios tenía las alas negras y el cabello largo. Los ojos color plata observaban sin parpadear al demonio más chico. – Un día de tantos vas a acabar siendo la comida de alguien por siempre hacer las cosas a la carrera.- Le riño el demonio mostrando una sonrisa ladeada. – Madre te quiere, trata de mantenerte vivo por ella. 

-¡Sí!- Grito Jun mientras pasaba corriendo junto al demonio. – Voy a ver a Madre. 

Cualquier otro de los demonios alados hubiera tenido que pedir ser anunciado para poder ver a la Madre, pero él era el preferido, el último en nacer de su camada, solo tenía que entrar y estaría siendo mimado por ella. -¡Madre!- Se anuncio a si mismo tirando las enormes puertas que protegían la sala de la Madre.- ¡Quiero verte! 
La risa ronca de la Madre lleno el aire. – Mi pequeño, el más hermoso de mis hijos.- Lo llamo la hermosa demonio extendiendo los brazos.- ¡Ven mi niño! 

Ella era la belleza materializada, más allá de cualquier comparación. Sentada en su trono formado con los huesos de los que alguna vez se habían atrevido a desafiarla era la dueña y señora de un gran territorio dentro del inframundo. Su porte regio, su rostro de rasgos delicados, el largo cabello negro cayendo como una cascada hasta tocar el piso, su cuerpo de curvas suaves, todo adornado con un par de enormes alas negras. Solo su mirada de fuego dejaba claro que no era alguien para tomar a la ligera.

El salón desde donde ella controlaba el nido estaba construido en la más pura piedra blanca, enormes pilares se extendían del piso pulido al cielo que asemejaba una bóveda celeste llena de estrellas. Cortinajes de telas pesadas azules y celestes caían suavemente suavizando la rigidez de la piedra. Ella reinaba en medio de su gran familia de cien hijos, sentada sobre su trono, vestida con una sencilla túnica azul dejaba al descubierto la piel blanca de sus brazos y la curva de sus pechos llenos. Tan hermosa como el pecado. 

-¿Qué trae a mi escurridizo hijo a los brazos de su madre?- Pregunto la demonio acomodando a Jun en su regazo. 

El pequeño demonio tuvo el decoro de sonrojarse. – He estado ocupado, madre.- Los dioses no quisieran que ella se enterara de en qué. 
-¡Mmm!- Levantado una ceja ella dejo claro que sabía que su niño no se estaba portando bien.- Más te vale que empieces a hablar. Me conoces, si me entero de algo que no me gusta voy a acostarte sobre mi regazo y te castigare. 

Jun no era de los que ponen las cosas fáciles. Haciendo un puchero jugo su carta de niño bueno. – Entonces no te diré nada.- Cruzándose de brazos se preparo para una batalla. 

-¡Bien!- Se dio por vencida la Madre. – Prometo no castigarte - Una gran sonrisa le dio brillo a los ojos grises de Jun. Dando un beso a la mejilla de la demonio la envolvió en un rápido abrazo. – No te enojes conmigo.- Le rogó acomodándose mejor en el regazo de la Madre. 

-¡Habla!- Ordeno la mujer demonio sabiendo de antemano que iba acabar odiando haber prometido no castigarlo.

-Encontré el cadáver, oculto bajo unos troncos, de un enorme ogro de tres metros.- Antes de que ella lo interrumpiera, agrego.- Algo le arranco el corazón de cuajo.- Jun pudo sentir como todo el cuerpo de la demonio se tenso como la cuerda de guitarra, las alas se levantaron listas para la batalla.- ¿Dónde lo encontraste? Puedo asegurar que no fue en el Templo. 

Tratando de ignorar el enojo creciente de la Madre explico.- Fue en el valle surcado por el Rio de la Desesperación.- Diciendo esto bajo del regazo cayendo a unos tres metros del trono. – Tuve cuidado. 

La demonio se puso de pie en todo su metro noventa y cinco de altura, la etérea túnica azul se agito sobre su cuerpo grácil, sus ojos color rojo fuego flameaban furiosos. Las alas desplegadas en toda su envergadura le daban una imagen letal. 

-Te dije que no quería que deambularas solo por el valle.- Grito la madre haciendo templar las paredes blancas. – ¿Cuidado? ¿Tuviste cuidado?... Lo dejaste de tener desde el momento mismo en que saliste del Templo para ir a ese lugar. Un ogro perdió su corazón y mi pequeño hijo anda dando vueltas por allí como si nada. 

Jun levanto la mirada del suelo. Estaba cansado de ser tratado como si fuera un niño. Tenía diez mil años, ya no era inocente, un humano llamado 

Jung Min se había encargado de eso. Ahora que había que admitir que eso había sido en el plano de los sueños, pero regarse era regarse y él lo había hecho gritando el nombre de su amante.

-No soy un bebe, madre.- Levanto la voz luchando por no hacer pucheros.- ¡Ya soy un hombre! 
La demonio bajo uno a uno los escalones de la plataforma. Respiraba pesadamente tratando de controlar su creciente enojo, no iba a faltar a su palabra y zurrar al malcriado por mucho que se lo mereciera. -No te atrevas a desafiarme, pequeño revoltoso- Amenazo la Madre.- Si llego a enterarme de que me desobedeciste de nuevo voy a hacer que te encierren por el resto de tu vida. 

Los ojos de Jun comenzaron a flamear exactamente igual que los de su madre. El cabello gris ondeaba movido por la energía que emanaba de su cuerpo. Las enormes alas negras del joven demonio se extendieron a su espalda, no iba a darse por vencido. No daría marcha atrás. Obedecerla era dejar de ver a su Jun. Eso era como arrancarse la vida. 

-No me hagas prometer lo que no puedo cumplir.- Hablo cayendo de rodillas, las alas descansando a sus costados, la cabeza baja.- ¡Te amo madre! No voy a mentirte. La furia de la demonio bajo tan rápido como la de su hijo. Arrodillándose junto a él lo abrazo envolviéndolo en un capullo con sus alas negras. –Yo también te amo, mi pequeño.- Susurro mientras le daba un beso en la frente.- Ahora vete a dormir, te siento cansado. 

Jun asintió con un leve movimiento de cabeza. Por ahora la obedecería. Estaba demasiado débil como para protestar. Apenas salió del salón uno de los hijos mayores de la Madre entro. -Aquí estoy, Madre.- Anuncio el demonio alado apenas llegar frente al trono.
La demonio subió a la plataforma. Sentándose sobre el trono, su rostro pensativo. – Jun encontró un cuerpo sin corazón.- Anuncio la madre flotándose la tersa frente blanca. 

-¿Otro cuerpo?- Las alas del demonio se extendieron listo para arrancarle la piel a quien sea que había preocupado a su señora.- ¿Dónde? 

-En el valle de la Desesperación. 

-¡Qué hacía Jun allí?- Mascullo Kyu - Se le dijo que no podía ir al valle. Ese mocoso va a acabar matándome. La madre asintió con un leve movimiento de cabeza, tan bella y digna como una reina.- Su naturaleza está despertando.- Hablo más para sí misma que para su hijo mayor.- Pronto ya no podré detenerlo. Me desafiara antes de lo que pensábamos. -Eso es imposible.- Creyó necesario aclara lo obvio.- Él la ama.

El cabello negro se movió acompañando el gesto negativo de la cabeza de la Madre.- Esta en su naturaleza. Él pronto me abandonara para perseguir su propio destino. Solo ruego a la Fuente que lo haga hasta que sea mayor, aún es demasiado joven. Kyu al ser el primer hijo de la Madre se había convertido en su confidente, había estado allí cuando nació Jun. Apenas verlo y supo que el pequeño niño era diferente. -Un nuevo nido. Más de nosotros estarían bien.- Trato de consolarla el demonio. – Si somos atacados habrá una oportunidad para nuestra raza. Es peligroso ser el único nido que queda.



Milenios antes fue la desconfianza de la Madre lo que evito que ella y sus quince hijos fueran asesinados. Mientras las otras Madres le entregaban su confianza a un joven dios que pretendía desafiar a su padre Odín, ella decidió proteger a sus vástagos alejándolos de la batalla. Esa fue la diferencia entre la extinción y la sobrevivencia. En el inframundo los dioses antiguos no tenían ninguna influencia, por eso el nido estaba situado allí. 



Jun estaba demasiado cansado para desafiar a su madre. A veces se sentía capaz de comerse al mundo y en otras se sentía como un bebe después de una rabieta. Ella tenía razón, era hora de dar una cabezadita. Solo que no lo haría en el nido. 

Antes de que la madre recordara dar la orden de “no salida del niño”, salió a la plataforma. Un viento helado golpeaba la montaña, dos de sus hermanos mayores vigilaban con arcos y flechas a la mano, listos para dejar como un alfiletero al que se atreviera a acercarse. Les dedico una sonrisa dulce justo antes de extender las alas y entregarse al vacío. 

No era tan estúpido como para aterrizar en la saliente de la montaña que había encontrado a un escaso kilometro del Río de la Desesperación sin antes asegurarse de no ser seguido. Ni siquiera a su hermano favorito, Saeng, le había confiado su secreto. Desde hacía unos siglos ya no se sentía cómodo en el nido, amaba a sus hermanos y adoraba a la Madre, daría la vida por ella, pero se sentía como intruso. Cada día estaba más solo. 



Dando unas cuantas vueltas en círculo comenzó a perder altitud. Nadie lo seguida. El aire comenzó a enfriar rápidamente y se sentía muy cansado. Sin perder tiempo aterrizó en la saliente donde estaba oculta la pequeña entrada de la cueva que usaba de vez en cuando para dormir. Especialmente cuando descubrió que desde allí podía conectarse con Jung Min. Lo había descubierto por accidente. Se quedó dormido abrazado a sí mismo y en su sueño se encontró con un apuesto hombre que era atacado por terribles pesadillas. Fue fácil alejarlas. A cambio el humano le había dado su primer beso, y de allí una cosa llevo a la otra. De eso hacía solo unos cuantos meses en los que había sido más feliz que sumando todos sus diez mil años juntos


Agachando su pequeño metro setenta de altura pego las alas a su cuerpo para poder pasar por la boca de la cueva. Dentro se abría en una bóveda de cuatro metros de alto por diez metros de diámetro. Poco a poco había pasado algunas de sus cosas. La cama estaba hecha con algunas pieles suaves que sus hermanos le habían obsequiado cuando cumplió nueve mil años. En las paredes había colocado algunas antorchas mágicas, se las había pedido a Kyu , el siempre tenía muchas cosas interesantes en su habitación. Con un ademan de su mano las antorchas se encendieron sin producir humo, solo daban luz y calor, eran geniales. Haciendo girar la gran roca aplanada que le servía para asegurar la entrada quedo enclaustrado en su pequeño santuario. 

Recostando su cuerpo en las pieles y cubriéndose con ellas se dejo llevar por el sueño. 

-¡Jun!- Escucho la voz conocida de Min . El humano lo convocaba desde su propio mundo de sueños. – ¡Amor!... ¡Ven! 

Era la primera vez que su humano lo llamaba. Sintió el jalón de su alma que buscaba la del otro hombre. Con una sonrisa se dejo llevar. Regresaba a casa. 


Al abrir los ojos, Jun se encontró en un extraño lugar. Una cama para dos personas con las sábanas sin arreglar. Fundas para los pies tirados en una esquina, varios pares, por cierto. A Jun siempre le había gustado ir con los pies descubiertos, jamás usaría algo tan incomodo como eso. Las paredes eran de un color blanco hueso y el techo no estaba muy alto, si extendía las alas podía tocarlo con las puntas. Una luz redonda en el techo plano que no emitía fuego llamó su atención. Jun estaba por saltar para tocarla cuando sintió la tibieza de una mano abierta en medio de sus omoplatos. 

-¡Min!- Chillo dando la vuelta cayendo en medio de unos brazos abiertos. -¡Hola! 

-¡Hola, pequeño! – Devolvió el saludo Jung Min plantando un rápido beso en los labios que se le ofrecían abiertos. 

-¿Dónde estamos?- Pregunto el demonio observando las ropa tirada sobre una silla. – Este lugar parece como si hubiera habido una batalla. 
Jung Min tubo la decencia de sonrojarse.- Creo que estoy soñando con que estamos juntos en mi dormitorio.

-¡Mmm!- Fue lo mejor que pudo decir Jun . El humano era un desastre.- ¿Estas son tus cosas? 

-Deja de hacer preguntas pequeño curioso.- Susurro junto al oído del hombre más bajo. Su metro noventa de alto era notorio contra el metro setenta del demonio alado. Eso y el color bronceado de la piel de Jung Min contrastaba con el pálido color de Jun . Le gustaba ver como sus manos más oscuras hacían temblar la suave piel del chico. 

– Te deseo. – Anuncio con voz ronca. 

Jun dio un paso atrás apartándose un poco de la tibieza del cuerpo de Jung Min . Su humano era alto, eso le encantaba. Los ojos cafés del hombre tenían vetas doradas que parecían ensancharse al momento de la pasión. Él era su mundo. Jung Min aprovecho la distancia para pasarse la camiseta blanca por la cabeza, quedando con el dorso tan desnudo como el de Jun. Los músculos se movían bajo la piel con cada movimiento. 

– Ven aquí.- Ordeno con ese tono que no dejaba lugar a protestas.- Necesito sentir esa piel suave contra la mía. 

Jun obedeció sin pensárselo dos veces. Jung Min lo envolvió con sus brazos fuertes haciendo que un escalofrió recorriera la columna vertebral del demonio alado. 

– Eres mío.- Gruño Jung Min recorriendo de arriba abajo la espalda delgada de Jun. 

– Mío para amarte hasta que te quedes ronco de gritar mi nombre cuando este metido en ti hasta las bolas. 

Jun aun no podía evitar sonrojarse, después de tantos meses de escuchar al humano hablar sucio ya debería estar acostumbrado. No era que no le gustara, lo encendía, pero no podía evitar su maldita timidez. La risa del hombre hacia vibrar su pecho plano cincelado con músculos sólidos. – Adoro cuando te sonrojas.- Besando la boca introdujo la lengua en una danza erótica que hizo que la cabeza de Jun girara y los dedos de los pies se encogieran, iba a morir por un beso. 

El pequeño demonio subió los brazos enredándolos alrededor de los hombros anchos halando al humano hacia abajo. Lo quería dentro de él con desesperación. Después podía ser lento y dulce, ahora lo quería duro y rápido.


El humano no necesitó muchas explicaciones, por que de inmediato puso manos, boca y lengua a la obra. Jun solo podía aferrarse a los brazos de Jung Min para no caer sobre el piso cuando las piernas se negaron a sostenerlo. El hombre era un experto en el arte de volver loco a otro. Cuando dejó la boca comenzó a jugar con la parte más tierna de la oreja, justo cuando creía que no podía aguantar más Jung Min le demostró que faltaba lo mejor al meter la lengua tibia por el agujero del oído. 

-Deja de jugar.- Gruño Jun moliendo su erección contra la dura tela del pantalón que protegía la erección de Jung Min. – Jodeme ya. 

-Tus deseos son ordenes.- Sin previo aviso empujo a Jun haciéndolo caer sobre su espalda en el suave colchón de la cama. – Ahora atente a las consecuencias. Pequeñas plumas negras se aflojaron con la caída cayendo sobre las sábanas blancas. La sonrisa lobuna de Jung Min le dejo claro a Jun que iba a tener su follada justo como la quería, duro y sin compasión. 

Jung Min lentamente desabrocho el pantalón bajando la cremallera liberando un pene largo y grueso, listo para taladrar hasta el alma de Jun. 

– Termina de desnudarte.- Su voz de mando no dejó espacio para desobediencias.- La gran ventaja es que Jun podía ser muy obediente cuando le convenía. El pequeño demonio levanto la cadera bajando el pantalón, la tela suave color café cayó sobre el piso al patearla en su desesperación. El pene de Jun no era tan largo como el de Jung Min, pero si lo suficiente grueso para hacerlo interesante. 

-Abre las piernas.- La orden fue obedecida. Jun tiro la cabeza hacia atrás entregándose por entero a la vista depredadora de Jung Min que evaluaba en silencio a su presa. – Eres hermoso. Y todo mío. 


Jun cerró los ojos. Pudo sentir como el colchón cedió por el peso del hombre que subía gateando sobre él. – Tómame.- Suplico con voz ronca.- Entra en mi. Te deseo tanto. La boca tibia de Jung Min acaricio el cuello, suaves besos cayeron en su clavícula, mordiscos pequeños torturaban sus tetillas. El hombre estaba por todas partes, las manos de Jun apretaban acariciaban, pellizcaban. 

Jun ya conocía lo suficiente a su amante para saber que las cosas se hacían como él quería, y amaba cada instante de eso. El pene del hombre rosaba el botón de su entrada sin entrar. Jun lo único que podía hacer era gritar y chillar desesperado, suplicando por algo de compasión. Un dedo lubricado entro en la intimidad de Jun abriéndolo. 

– ¡Ahh!- Grito Jun retorciéndose bajo el peso del hombre más grande. 

Jung Min se tomo su tiempo para meter otro dedo, por su tamaño su amante necesitaría al menos tres dedos para poder recibirlo. La ventaja era que a Jun le gustaba el placer con un poco de dolor. Era tiempo de darle justo lo que el chico quería. Sin más aviso se metió en una sola estocada en la carne tierna. 

– Tan apretado.- Mascullo entre dientes.- Vas a matarme. 

Jun solo podía gritar el nombre de Jung Min mientras era tomado sin ningún reparo. Las piernas abiertas a sus costados mientras el humano bombeaba en su cuerpo como si la vida se le fuera en ello. Con cada golpe tocaba su próstata. –Por favor.- Suplicaba el demonio alado. Las alas comenzaron a agitarse. Ese era la clara señal de que estaba por venirse duro. La habitación comenzó a llenarse de pequeñas plumitas que flotaban suavemente hasta caer sobre el piso. 

-Entrégate a mi.- Rugió Jung Min cuando rego su semilla dentro del cuerpo de Jun al mismo tiempo que el pequeño demonio mojaba su vientre con el líquido caliente. – Mío.- 


Sentencio dejándose caer al lado del demonio para no aplastarlo con su peso. 

-Tuyo.- Jadeo Jun dándose la vuelta, esperando ser tomado en brazos. 

El humano lo hizo acostarse sobre el pecho solido, luego lo abrazo con tanta ternura que Jun se sintió como en casa. No quería despertar. 






-Eres el más hermoso sueño que alguien pude tener.- Sintió Jun el aliento tibio contra la coronilla de su cabeza cuando Min hablo.- Desearía que fueras real, desearía despertar en la mañana y encontrarte en mis brazos. 

-Soy real.- Insistió como todas las noches en que soñaban juntos mientras trataba de meterse bajo la piel de su humano. La risa ronca de Min tenía matices de tristeza. 

- ¿Quieres decir que estamos realmente en mi habitación? 

-¡No!- Tuvo que aceptar el joven demonio.-Pero es una proyección de tu dormitorio, aunque tengo que agregar que me asusta el que tan apegado a la realidad está este sitio.- Se explico arrugando la punta de la nariz dándole una expresión encantadora. – Es una zona de desastre, mira que te lo dice alguien que vive en el inframundo. 

-¿Con qué esas tenemos?- Gruño Min sentándose en la cama preparado para darle una lección al malcriado.- Ahora vas a pagar caro el ser tan quisquilloso.- Diciendo esto se sentó a horcadas sobre las caderas de Jun reteniéndolo sobre la cama mientras lo atacaba haciéndole cosquillas. Las alas del demonio se agitaban tratando de guarecerse de las manos del hombre, lástima que las carcajadas no lo dejaban concentrarse en una defensa decente. 



-¡Detente!- Suplico tratando de tomar aire entre las risas que lo ahogaban.- Me rindo… tu…. El lugar donde duermes… es digno… digno de un rey.- Logro terminar su defensa. 

Min riéndose tanto como el pequeño demonio decidió darle una tregua. No podía recordar haberse reído tanto con alguien en toda su vida, menos después de una sesión de agotador sexo, por lo general era de los de terminar e irse. La cama estaba llena de pequeñas plumitas negras. Min no pudo evitar tomar una y rozar con ella la piel bajo la nariz de Jun, haciéndolo estornudar. – Eres lo más hermoso que hay. Aunque te acabes desplumando 

-Mi madre es más hermosa.- Aclaro Jun sintiéndose avergonzado ante la mirada de adoración de su hombre.- Y no me estas desplumando, estoy mudando de plumas. 


-Pero a mí me gusta este hijo de tu madre… - Susurro Min contra los labios del chico.

- Me gusta tanto es hijo de su mamá que se está ganando una follada memorable, aunque se le estén cayendo las plumitas. 

-Pues termina de arrancármelas- Jadeo Jun levantando las caderas invitándolo a tomar lo que era solo del humano. Las erecciones se rozaron ya tan duras como lanzas listas para la batalla.- Aun me quedan muchas que mudar. La boca de Min tomo la del joven demonio con el hambre de una criatura perdida en el desierto por días. Los cuerpos volvieron a bailar la más antigua danza de la carne y el fuego. El humano entro en el cuerpo de la criatura alada, este le entrego su vida al abrir su pasaje más íntimo. 


**********


El sonido del reloj despertador hizo regresar a la realidad a Min. Estaba en su maldita habitación igual de solo que cada mañana desde que podía recordar. Levantándose de un salto recordó lo que hacía para vivir, trabajar. Si no ponía su culo en movimiento muy pronto iba a recibir la más amable mentada de madre de parte de su compañero. El tipo era un insufrible reloj suizo, exacto hasta caer en la categoría de dolor de muela. 

Antes de meterse al baño dejo haciendo el café en la máquina. Eso y unas tostadas serían su muy nutritivo desayuno de hoy. Estaba saliendo del baño dando saltos tratando de meterse el pantalón cuando recibió la esperada llamada. Terminando de ajustarse la camisa dentro de los pantalones paso cerca del teléfono para confirmar en el identificador de llamadas lo que ya sabía. Como esperaba. Era Joong. Dolor En El Culo Joong, como lo llamaba de cariño. Sin molestarse a responder se puso su traje negro que gritaba Agente del FBI . 

Termino de darle el último trago al café cuando recibió la segunda llamada, lo que significaba que Joong estaba frente al edificio esperándolo para ir a la oficina. Se lavo los dientes, se dio una última mirada en el espejo. Se veía cansado, eso pasa cuando sueñas durante toda la noche con un culo tan caliente como el infierno. Acomodando el cabello negro rebelde hacia atrás tomo aire, era hora de perseguir a los malos. 

Tomo el elevador hasta llegar a la planta baja. Fuera del edificio lo estaba esperando Joong en su muy amado Porsche Cayenne negro. El hombre parecía casado con ese auto, peor aún, parecía que eran amantes de esos de novela romántica. Pensando en su compañero haciéndole el amor a su vehículo abrió la puerta del pasajero con una sonrisa boba en la cara. 


-Pareces que tuviste un buen fin de semana de mucho entrar y salir.- Le bromeo Joong .- Porque a mí me fue de la mierda. 

-No me digas- Quiso echar sal en la herida.- Tu auto no quiso coger contigo. 

-¡Muérete!- Gruño Joong conduciendo hacia el trabajo. 

-Pero no en tu auto.- Comento Min poniendo su mejor cara de inocencia. – Arruinaría la tapicería. 



Min sabía que su compañero y amigo no la estaba pasando bien. Se caso por pura estupidez y se divorcio por puro sentido de auto preservación. La esposa, o mejor dicho, la ex era tan celosa que daba miedo. Min le había advertido que una noche de tantas lo iba a castrar mientras dormía solo para desquitarse de una afrenta imaginaria. La mujer era tan rencorosa que con lo único que había dejado a Joong había sido su automóvil y la ropa que llevaba puesta al salir de la casa que compartían. A sus treinta y tres años tendría que empezar de cero. 


En la oficina pasaron dos horas sentados frente a una pila de papeles. Evidencia que no llegaba a ninguna parte y una pizarra con tres tachuelas rojas que marcaban el sitio donde habían sido encontrados los cuerpos mutilados. Los dos agentes eran la viva imagen de la frustración. 
-¡mierdaa!- Se había quejado por enésima vez Joong .- Estamos igual que cuando comenzamos a leer el primero de estos informes. 

Min no se sentía mejor que su amigo. A veces el trabajo era simplemente tedioso la mayor parte del tiempo y peligroso como regla general. – ¡Una mierda!- Estuvo de acuerdo- Vamos a tomar un café. Si seguimos aquí vamos a comenzar a matarnos entre nosotros mismos. 


Joong se veía cansado, el cabello castaño cobrizo que lo por lo general llevaba peinado muy pulcro ahora parecía haber sido cepillado con los dedos, sombras grises bajos sus ojos negros delataban la cantidad de horas que había podido dormir.- Creo que necesito más que eso.- Se quejo Joong mientras se ajustaba el saco.- Por ahora un café estará bien.



Guardaba Min la billetera en el bolsillo del pantalón cuando el teléfono celular comenzó a sonar. 


-Agente Park Jung Min.- Respondió sabiendo que era una llamada oficial.-Si claro.- Continuo la conversación mientras un muy interesado Joong no le quitaba los ojos de encima.- Estaremos allí en unos minutos. 

-¿Qué pasó?- Pregunto Joong siguiendo a Min por el pasillo. 

-Otro cuerpo.- Aclaro mientras llegaban al asesor.- Este sería el cuarto que encuentran, al parecer también le falta el corazón. 

-¡Demonios!...¿Qué está haciendo ese tipo? ¿Alguna colección macabra?- Min se limito a encogerse de hombros. La humanidad de vez en cuando traía al mundo uno que otro loco que hacía ver al Destripador como una niña del jardín de niños. -Lo del corazón es historia nueva.- Ironizo Min .- Al menos hay que darle un punto extra por eso a quien quiera que esté en esto.


-Tú y tu sentido macabro de humor.- Se quejo Joong cerrando la puerta del auto del lado del conductor mientras encendía el motor.- Mejor sube o te dejaré tirado por cabrón. La ruta estaba bastante despejada a esa hora de la tarde, todavía no llegaban a la hora pico, así que era relativamente cómodo transitar por las calles. Al llegar al sitio una docena de patrullas y el doble de uniformados mantenían a los curiosos fuera resguardando el cuerpo y las posibles evidencias. 



Después de los saludos reglamentarios encontraron al jefe de policía Campbell, o eso se imaginaba, ya que calzaba a la medida con la descripción que le dieron. Alto, rechoncho, medio calvo y con una actitud de soy la mano derecha de Dios, además de ser el campeón comedor de donas del departamento, su vientre hinchado podía dar fe de eso. Por lo general Min no era prejuicioso, pero algo en el tipo le dejo claro que era una patada en el culo. 


-¡Jefe!- Saludo Joong, de los dos era él que cabía en la descripción del policía bueno.

- Nos han informado que encontraron un cuerpo. -A sí es.- A Min casi le parecía ver al tipo dar saltitos por la notoriedad que le iba a dar el caso, especialmente si se podía resolver gracias a sus valiosos aportes. No había que ser muy listo para saber que iba a estorbar como una piedra en el zapato. – Tenemos acordonada el área.- Explico el jefe.- Lo encontró un vagabundo a unos dos metros del río. Vengan y les mostrare. 

Min y Joong siguieron a Campbell hasta la orilla del río donde estaba el cuerpo cubierto por una manta. Los de criminalística estaban tomando muestras con su habitual concentración. 

-Levante la manta.- Ordeno Min al hombre con guantes que estaba encargado del levantamiento del cuerpo. El tipo volvió a ver al jefe esperando alguna confirmación. Este asintió dándole permiso. 

El hombre levanto la manta dejando ver el cuerpo que estaba acostado boca a arriba. Como con los otros cadáveres tenía un gran agüero donde debía estar el corazón. Parecía como si le hubieran disparado una bala de cañón que despego el órgano dejando un enorme agujero que lo traspasaba de lado a lado. 

Joong y Min compartieron miradas silenciosas. Ese iba a ser uno de esos casos que destruían la carrera de un agente o lo convertían en un semi-dios. Después de interrogar al vagabundo que encontró el cadáver, hablar con los de criminalística y tratar de quitarse de encima al jefe de policía decidieron que por ese día ya no había mucho que hacer. Estaban igual que en la mañana, solo que con un muerto más y un corazón menos. 

-Vamos a tomar algo.- Invito Joong mientras conducía por la ciudad, ya eran las nueve de la noche y una copa antes de dormir tentaba. 

-Está bien.- Acepto Min. – Conozco un bar cerca de aquí. 

-Que no sea un bar de haditas.- Lo bromeo Joong guiñándole el ojo. – Lo último que quiero es tener que andar vigilando mi culo. 

-También podrías buscarte uno.- Le golpeo la nuca Min en un gesto juguetón. Su compañero sabía que él era bisexual y no tenía problema con esos. 

-Mientras no me estés ofreciendo el tuyo.- Fingió un estremecimiento Joong. – Preferiría ir a buscar a mi ex mujer.

-¡Oye!- Fingió estar ofendido.- Me colocas muy debajo de la cadena alimenticia. 

Min prefería ver a su compañero y amigo bromear como hacían siempre, o al menos como era antes de casarse con Anabel. Apodo cariñoso que significaba “Anaconda mezclada con Cascabel”, que le había puesto después de que regresaron de la luna de miel. 

-¡Bien!- Se puso serio Joong, la mención de su ex siempre tenía ese efecto en él.

– Conozco un lugar donde podamos beber y con algo de suerte levantarnos algo. Min acepto con un simple movimiento de cabeza. La verdad que para esas alturas solo necesitaba un agujero cálido donde guarecerse, le daba igual de a qué genero pertenecía. 


************


El bar era un lugar tranquilo para esa hora. Eran solo las nueve y media de la noche así que todavía no había mucho movimiento. Hombres y mujeres conversaban aprovechando que la música no estaba muy alta. Desde la puerta Min pudo ver un par de mujeres bastante aceptables sentadas en la barra. Con suerte podría coger con algo con más consistencia que un sueño. 

Joong camino delante buscando un taburete en la barra. Min lo siguió sentándose a su lado. -El lugar no está mal.- Comento Min haciéndole señas al barman para que le trajeran una cerveza. 

Joong encogió los hombres restándole importancia.- He venido aquí un par de veces. Está bien para tomar una copa antes de caer muerto.- Para esa hora ya la corbata le estaba pareciendo el lazo de la horca. Aflojándolo un poco se decidió echar un ojo a ver que se ofrecía. En el otro extremo de la barra estaba un par de mujeres riéndose como bobas mientras lo miraban a él y a su compañero. 


Sabía que era atractivo, no se andaba con falsa humildad, su estatura, lo tonificado de su cuerpo, el cabello negro y sus ojos cafés claros le daban cierta ventaja sobre el resto de los mortales. Joong tampoco estaba mal, si los dos no fueran machos Alfa hubiera calificado en su escala. El cabello castaño cobrizo claro, los ojos negros y esa manera suya de ser entre perfeccionista empedernido y diplomático por vocación habrían sido una pareja de amantes divertidos de ver. 

Observando a las mujeres Min les hizo un estudio de mercado, una era la típica rubia demasiado bonita para no ser producto de la cirugía y la otra una pelirroja que gritaba “metete con migo y veras estrellas”. Después de todo la noche podría ofrecer algo interesante. 

-Yo voy por la de la derecha.- Propuso la táctica Min a su amigo.- Tu quédate con la pelirroja de la izquierda. Joong bajo la cerveza que estaba bebiendo para mirar hacia donde su compañero apuntaba con un ligero movimiento de cabeza. 

-Estoy un poco fuera de práctica.- Se quejo mientras levantaba la botella como saludo a la rubia que le había hecho un guiño lleno de promesas.- 
Creo que la rubia quiere con migo. Min fingió pensárselo, la verdad era que le daba igual.- Esta bien, solo por qué eres mi amigo te la dejo. Yo tratare de ver si esa pelirroja es tan ardiente como parece. 

-¿En qué te irás a casa?- Pregunto Joong mientras se dirigían a donde los esperaba el par de esculturas sexys.- No me gustan los cuartetos. -Me voy en taxi.- Propuso Min mientras sonreía y las damas interesadas en un par de buenos pedazos de carne. Min no se engañaba, cada quién tenía como propósito rascarse una picazón y eso era justo lo que tenía pensado hacer. Era extraño, pero a decir verdad con el único que realmente había hecho el amor había sido con el producto de su imaginación que lo visitaba coda noche en sus sueños. ¿Podía alguien ser más patético? 


Después de unas cuantas copas y algo de conversación banal Joong se llevo a la rubia a dar una vuelta por la ciudad. 

-Te quedaste con el de a pie.- Le bromeo Min a la pelirroja que le sonreía coqueta.- Pero te juro que si me llevas a dar una vuelta te lo compenso. La mujer sonrió.- 

Eres lindo.- Comento rozando un ceno en el brazo de Min.- Creo que eres del tipo que puede pagar un paseo por la ciudad con creces. 

Min se sabía bisexual, había tenido su buena ración de amantes femeninas y masculinos, pero extrañamente el rose de la mujer, cuyo nombre no le importo recordar, no lo hizo sentir más que malestar. Una sensación en la boca del estomago que le decía que estaba siendo desleal. Algo así como tener una esposa esperando en casa con niños mientras él estaba en un bar buscando con quien revolcarse. 


-Entonces sácame de aquí.-Le propuso a la mujer besando el lóbulo de la oreja causándole escalofríos. Sin decir más se pusieron de pie, Min pago la cuenta y dejó la propia sobre la mesa. Caminando llegaron al estacionamiento. Antes de subir al auto deportivo de la mujer decidió probar de nuevo. Tomándola por la fina cintura la acerco a su cuerpo y la beso buscando encender su propio deseo. El resultado fue lastimoso, su cuerpo reacciono poniéndose en un estado semiduro, lo mismo que si se hubiera tocado el mismo. Puso más empeño en la caricia logrando solo hacer gemir a la mujer mientras que su cuerpo respondía mecánicamente. Eso solo lo hacía sentir más frustrado. 


Estaba por avergonzarse a sí mismo diciendo la frase célebre: “Nunca me ha pasado esto antes”… cuando sonó el celular en el bolsillo de su saco, supo que era una ayuda divina. Observo el número en la pantalla, era Joong. Cuando trato de contestar la llamada esta se corto, estaba por regresar la llamada cuando recibió el mensaje. 

“Excusa de agente del FBI: me llaman del trabajo, es un caso de vida o muerte” 

Min sonrió, su amigo era un hijo de puta. La ventaja es que esta vez sus burlas le servirían de salida medianamente digna. 

-Lo siento.- Se disculpo con la mujer que lo miraba preocupada.- Tengo que irme, es sobre un caso que estoy llevando. 

-Otro día será.- Acepto la mujer no sin cierta desconfianza. Min sin darle tiempo a un indeseado intercambio de números, la introdujo en el auto dándole un ligero beso en la boca.- Hasta otra ocasión. 


Tomando un taxi se fue directo a su departamento. Hoy no quería soñar con Jun , se sentía sucio, indigno. Se estaba volviendo loco. Abriendo la puerta se dio cuenta de que su vida estaba tan bacía que daba miedo. Si hubiera un desconocido en el departamento y le diera un tiro, el único que lo extrañaría sería Joong, y eso después de maldecir su nombre por hacerlo esperar fuera para llevarlo al trabajo. No tenía una novia o pareja, ni familia, ni un maldito perro que moviera la cola cuando el llegara después de un peligroso día persiguiendo criminales. 


Dejando las llaves en la mesita junto a la puerta comenzó a desnudarse tirando las prendas donde cayeran en su ruta al baño. Mañana las recogería para ponerlas en la cesta de la ropa sucia. 

En el baño cuido de darse un buen remojón. Enjabono su cuerpo buscando quitarse el olor dulzón del perfume de la mujer que se le había pegado a la piel. Cubierta la cadera con una toalla salió mientras se secaba el cabello vigorosamente. El reloj de la pared le anuncio que eran las once de la noche, se sentía tan cansado que la cama sin arreglar era una tentación demasiado grande. 

Apagando la luz del dormitorio se dejo caer en la cama, apenas si tuvo tiempo de cubrirse con una manta cuando fue vencido por el sueño. Jun lo espera del otro lado, en su mundo privado. 

Su demonio con alas estaba sentado sobre una roca, parecía tan triste. Su espalda desnuda curvada como si llevara el peso del mundo sobre ella, la piel blanca y suave llamando a ser besada, su hermoso culo cubierto por un pantalón de alguna especie de algodón negro, los pies descalzos, la cabeza inclinada mirando el vacio, si hubiera sido pintor esa hubiera sido una obra de arte digna de la inmortalidad. 

Min estaba a su espalda, de pie mirándolo en silencio. Tratando de entender que estaba sucediendo. Después de seis meses de sueños recurrentes ya se estaba empezando a acostumbrar al sinsentido. Eso lo preocupo aún más. 

La hermosa criatura parecía ausente de sí mismo. Una estatua de alabastro con alas como la noche y cabello castaño suave como hebras de seda. Eso tenía que ser, pensó Min con una sonrisa triste, alguien tan perfecto no podía existir en el mundo real. Si tan solo fuera su belleza física, pero el chico tenía un corazón dulce, era alegre, entregado a la hora de hacer el amor y con una gran disposición a amar y dejarse amar. 

-¡Hola!- Susurro Min poniéndose de rodillas de tras de la hermosa criatura alada sin atreverse a tocarlo.- ¿Estás bien? 

-¿Qué hiciste?- Fue la simple pregunta ahogada por un sollozo que pronuncio Jun sin mover un músculo.- ¿Por qué?.- Agachando la cabeza la dejo caer sobre su pecho, el cabello deslizándose como una cascada cubriendo su rostro. Min sin ver su cara supo que estaba llorando, y que era por su culpa. 

-Yo…- Trato de explicarse Min fallando miserablemente. 



-¡Vete!- Le despidió Jun mientras se ponía de pie. Las alas caían a sus costados derrotadas por su propio peso. Mas allá el cielo gris y a varios metros abajo, la tierra estéril recorrida por sabandijas y cosas peores.- Hoy no quiero verte. 




Min sabía que el chico no quería decirlo, estaba herido. De algún modo sabía lo que había intentado hacer. –No me iré hasta que me digas que pasa. Jun irguió la espalda y levanto las alas. Se dio la vuelta para darle la cara a su amante. Los hermosos ojos grises tenían un tinte rojo en su pupila, la frente estaba surcada por arrugas causadas por un ceño fruncido. No se necesitaba ser adivino para saber que el chico estaba cabreado. 

-¡Eres un traidor!- Ladró el demonio alado dando un paso al frente, obligando a Jung Min a dar otro atrás. – Los humanos son criaturas viles de doble palabra.- Acuso señalando con un dedo a Min que ya empezaba a sentir como su genio comenzaba a subir de intensidad. 


-Yo no he hecho nada para ofenderte.- Midió las palabras plantándose sobre sus dos pies, no le iba a ceder más terreno al mocoso malcriado.- Así que mejor cuida lo que hablas. 

Los ojos de Jun parecieron echar fuego, las alas se estiraron en toda su envergadura, el hermoso rostro tenso por la furia. -¿No hiciste nada?- Pregunto con en tono tan filoso que podría cortar una roca.- Todavía puedo sentir el deseo de ella sobre ti. Permitiste que te tocara.- Apuñando las manos tan fuerte comenzaron a salir gotitas de sangre que mancharon el suelo gris. – Maldita la hora en que deje que alguien como tú entrara en mi. 

Esa fue la gota que derramo el vaso, justo esa. Park Jung Min no iba a dejar que esa pequeña mierda le hablara de ese modo. Sin pensárselo dos veces invadió el espacio vital del enojado demonio, lo jalo por la cintura y le planto un beso con todas las letras de esa palabra. El chico puso las manos en el pecho tratando de apartarlo, las alas se agitaron tratando de ganar espacio, pero Min lo conocía lo suficiente como para saber qué hacer para perderle sin posibilidades de retorno. 


El beso no era una caricia tierna ni mucho menos, era un asalto a la sexualidad de su compañero más pequeño que se retorcía tratando de no caer en la trampa. Min solo lo apretó más contra su cuerpo, la lengua hambrienta recorría la boca que ahora se abría a su exploración, poco a poco Jun cedió el control. 

– Solo a ti beso así.- Gruño Min mientras mordía la tierna piel bajo la oreja de Jun haciéndolo chillar.- No he estado con nadie desde la primera vez que invadiste mis sueños. – Hablaba entre lamidas a la piel blanca que temblaba bajo su lengua. 

Jun ya no podía pensar, sabía que debía echar al humano, matarlo por traidor, pero su cuerpo no lo obedecía.Min se lo estaba comiendo vivo y él, hijo de su poderosa Madre, lo disfrutaba. Frotaba su erección salvaje contra los pantalones de Min, necesitaba alivio, y lo necesitaba pronto. 

-¡Ah!- Grito Jun cuando el humano comenzó a succionar una tetilla.- Mi señor.- Suplió sin poderlo evitar. Min siguió en los suyo estrujándolo con esas grandes manos que lo estaba volviendo loco. El aire frió de la noche choco contra su trasero desnudo, sin saber en qué momento Min lo había desnudado, su pantalón estaba enrollado a sus pies. Las manos del hombre amasaban los globos firmes haciendo que pequeños grititos de placer salieran del pecho del pequeño demonio. El humano lo sostenía
en sus brazos mientras lo asaltaba con su boca. Ya no tenía voluntad, se había derretido en el calor de la pasión. 


-Ahora.- Advirtió el humano dejando a Jun con la boca abierta esperando otro beso.

- Si vuelves a gritarme, pequeño malcriado, voy a excitarte hasta que las bolas se te pongan moradas y luego te voy a dejar solo con tu mano. 

Jun abrió la boca para decir algo, la mirada del hombre le dejo claro que no estaba bromeando. Iba a ser castigado. 

-¡Yo!- Trato de defenderse Jun, el solo obedecía a la Madre, y eso que no todo el tiempo. No podía pretender ese humano con ínfulas de amo venirle a decir lo que tenía que hacer.- ¡Tu!- Bufo el pequeño demonio poniendo ambas manos sobre el pecho del hombre más alto. – Eres un bruto. 

-Te lo ganaste.- Gruño Min contra la cara del demonio alado. – Ahora no te quejes. – Diciendo esto levanto a Jun echándolo sobre su hombro sin ninguna dificultad. 

El pequeño demonio chillo, grito, pataleo, trato de golpearlo con las alas sin lograr ser bajado. El humano lo llevo hasta donde había una piedra donde se sentó, acostando a un cabreado Jun sobre su regazo con el culo al aire. 

-Es hora de que aprendas a controlar esa sexy boquita tuya.- Siseo Min sosteniendo con una mano los brazos de Jun poniéndolos sobre su espalda mientras con la mano libre le dio el primer golpe en el trasero. 

-¡Ah!- Grito Jun al sentir el ardor en la redondez de su carne.- ¡Para ya!- Chillo al sentir el segundo golpe.- ¡Duele! 

Jung Min pudo haberse detenido al ver como se retorcía Jun , pero la dureza del pene que se le estaba incrustando en una de sus de sus piernas le dijo que el pequeño estaba excitado, por lo visto le gustaba el sexo duro.

-¿Vas a comportarte?- Pregunto Jung Min entre cada nalgada. Jun negaba con la cabeza mordiéndose los labios, no iba a suplicarle más al hijo de puta cruel. Soporto cinco nalgadas bien plantadas, aunque lucho con todas su fuerzas comenzó a quebrarse con la décima palmada. Lágrimas saladas comenzaron a surcar su cara mojando el pantalón del hombre que lo sostenía sin permitirle moverse. Dos golpes más y Jun se vino tan fuerte que grito hasta que la garganta comenzó a doler. Las alas cayeron inertes a los costados. Sollozos desesperados comenzaron a escapar de su corazón, necesitaba ser consolado. 

Min podía leer en el pequeño diablillo como si este fuera un libro abierto. Levantándolo lo sentó con gran cuidado sobre su regazo evitando lastimar más el trasero enrojecido. -Promete que no me gritaras de nuevo.- Susurro contra el cabello de Jun , el chico no paraba de llorar.- Promete que si tienes dudas me lo vas a preguntar antes de hacer otra rabieta. El demonio alado asintió con un débil movimiento de cabeza. – ¿Le hiciste las mismas cosas que me haces a mi?- Pregunto Jun sintiéndose miserable. 

Jung Min lo abrazo fuerte acariciando la espalda y besando la cabeza que descansaba sobre su pecho. – No me acosté con ella, no pude. Sentí que estaba mal.- Tratando de buscar las palabras levanto el rostro de Jun , apartando mechones de cabello castaño se encontró con los ojos que ahora estaban con su color plata habitual. – Creo que de ahora en adelante tendré que vivir de sueños.

-Soy real.- Defendió Jun justo antes de ser besado lenta y tiernamente por el amante de sus sueños. 

-Lo sé… Aunque no lo entienda.- Se quejo Min mientras acunaba a su pequeño demonio alado como a si fuera el más grande tesoro. - Me gustaría despertar y encontrarte cada mañana bajo mis sábanas. Jun quiso decir algo pero se sentía tan liviano, tan cómodo entre los fuertes brazos de su humano, hay momentos en que las palabras están de más. 

Despertó y él ya no estaba allí como era de esperarse, su humano debía estar despertando en su propio mundo tan lejano del suyo. Debía regresar al Templo antes deque descubrieran que había salido. Últimamente discutía mucho con la Madre y era algo que no podía evitar. Estaba cansado de ser tratado como un niño y ella insistía en eso. 

Estaba por llegar al Templo cuando lo interceptaron sus hermanos mayores, los que muy amablemente lo escoltaron hasta la plataforma de aterrizaje. Cabreado era una palabra amable para expresar como se sentía. De allí en adelante las cosas se complicaron hasta el punto de lo ridículo. A toda hora siempre había alguien vigilándolo, no se podía acercar a la plataforma de aterrizaje sin tener varios pares de ojos tratando de adivinar sus intensiones. 

Habían pasado más de cuatro días sin poder comunicarse con Min y eso le estaba causando el síndrome de abstinencia. Estaba en su habitación, la que compartía con Saeng, tal vez era algo infantil, pero se negaba a salir si tenía que seguir padeciendo con tanta mierda.

El lugar era pequeño, como lo eran todas las habitaciones en el Templo, cosa normal si se albergaban allí los cien hijos de Madre. Dos camas gemelas, un par de baúles hechos de madera era el lugar donde guardaban las pocas pertenencias que tenían. Las paredes eran blancas, como lo era todo en el interior del templo, y no había ventanas. La luz era emitida por unos cristales que brillaban o se apagaban según los tocaran. Ese era su hogar. 

Sobre la cama de Saeng había un extraño animalito confeccionado con tela suave y peluda, era una nutria que se lo había obsequiado la Madre cuando era pequeño, este tenía un lugar de honor en la cabecera de la cama. Por su parte Jun se negaba a algo tan de bebé, aunque tenía una mantita escondida bajo la almohada, sin su mantita no era lo mismo. Ahora la necesitaba. 

Sintiéndose triste al punto de la desesperación se acostó en la cama haciéndose un nudo con la manta presionada contra su pecho. Dos veces había suplicado a la Madre que lo dejara salir del Templo y ella se lo negó. Algo en su corazón le decía que no debía decirle lo del humano, que si lo confesaba ocurriría algo de lo que no podría regresar. Lágrimas gruesas surcaban su rostro, necesitaba a Jung Min. 

Cerrando los ojos evoco las manos grandes del humano que lo sostenían de las caderas mientras lo penetraba hasta el alma con cada empuje de su pene. Casi podía sentir el aliento en su nuca mientras le susurraba palabras tiernas para que se dejara llevar por el placer. Lo extrañaba tanto. Si la Madre no lo dejaba salir iba a cometer una locura, lo sabía con cada fibra de su ser. Algo en su interior crecía como la hiedra llamándolo a revelarse. 

El golpe de la puerta al abrirse y cerrarse le dijo que ya no estaba solo.

-¡Hola!- Saludo Saeng sentándose en la orilla de la cama de Jun.- ¿Estás bien, hermanito? 

Jun simplemente negó con un movimiento de cabeza, no tenía voluntad para mentir. Acostado de frente de la pared le daba la espalda al demonio entrometido. Las alas negras lo cubrían formando un capullo. 

-¿Estas llorando?- Insistió Saeng, el cabello negro largo lo llevaba suelto dándole a su carita una expresión de niño bueno, muy contrario a la realidad. 

-¡Déjame!- Suplico Jun dejando salir algunos sollozos. 

-No te dejaré. Somos hermanos, ¿lo recuerdas?.- Hablo mientras ponía una mano en el hombre del otro demonio.- Haré cualquier cosa para verte feliz, y lo sabes. 

Jun se sentó, sabía que su hermano no lo dejaría. – Quiero salir.- Balbuceo sin levantar la vista de la sábana que cubría la cama.- Necesito salir del Templo y Madre no me deja. 

-¡Eso es todo!- Grito Saeng extendiendo sus alas hasta casi tocar el techo.- Yo puedo ayudarte con eso.- La alegría chispeante se ensombreció un poco.- Pero debemos hacerlo con cuidado. Madre piensa que los más jóvenes no lo sabemos, pero todas estas restricciones se deben a que algo está matando a criaturas grandes y poderosas.- Bajando el tono acerco su rostro al de Jun agregando en un tono confidente.- Se les come el corazón mientras este todavía late. Eso escuche que Jun le dijo a Madre. 

Saeng siempre había sido, de los dos, el de los planes locos. No era que Jun fuera un inocente corderito, pero por lo general evitaba hacer las cosas a tontas y locas. Hoy no era un día en que estuviera muy anuente a la reflexión, tenía que salir del Templo y por muy descabellado que fuera el plan de su hermano lo seguiría. Tomaría cualquier oportunidad, si con eso podía volver a ver al humano. 

Corriendo uno tras el otro fingiendo jugar resbalaron por los pasillos, se llevaron al piso a dos hermanos que acarreaban dos grandes cestas llenas con comida que trataba de salirse de ella. Sin detenerse a medir los daños llegaron hasta el lugar donde estaba la gran despensa donde se almacenaban algunos alimentos que no necesariamente debían estar vivos para comerlos. 

-¡Genial!- Se quejó Jun poniendo las manos en las caderas.- ¿Esta es tu gran idea de un escape? Acabar jugando a la comidita. La risa alegre de Saeng le recordó a la suya de hace unos meses, antes de que su vida se convirtiera en una eterna espera de su amante.







-Ya pareces el quejas de Jun .- Se mofo Saeng agitando las alas como si fuera una mariposa. Con un guiño travieso le advirtió.- Me ofende que dudes de mis capacidades- Jun no tuvo más opción que reír al ver la expresión de reina ofendida de su hermanito. 

-¡Bien!- Se dio por vencido Jun.- Dime cual es el gran plan. La mirada fija de Saeng en un viejo canasto le dio una idea de lo que se trataba.- Ni lo pienses.- Advirtió Jun dando un paso atrás.- Sácate esa estúpida idea de la cabeza. 

-Es nuestra única oportunidad.- Se impaciento Saeng levantando una ceja.- Vamos a salir de aquí, porque eso es lo que quieres. -¿Nosotros?- Jun estaba dispuesto a arriesgar sus plumas por Min, pero no se llevaría consigo a su hermano favorito, eso era un hecho. 

-Será un nosotros, o será un ninguno.- La expresión decidida de Saeng le dejó claro que la alimaña no pensaba darse por vencido. – Lo tomas o lo dejas. 

-Eres un hijo de… 



Saeng le puso una mano en la boca a Jun .- No lo digas. Recuerda que tenemos lo misma madre. Jun se quito de un manotazo la mano que evitaba que pudiera hablar. 

–Voy a patear tu culo hasta que se te salgan esas tontas ideas. 

Saeng simplemente se encogió los hombros.- Te llevaría demasiado rato, y ya sabes, quieres salir de aquí. 

Sin saber que más decir Jun tuvo que aceptar que las cosas fueran como su loco hermano proponía. Odiando cada segundo se metió en la canasta donde se guardaban los restos de comida que ya no se usarían. El olor era realmente malo y la compañía de su hermano solo lo exasperaba más recordándole de dónde provino el descabellado plan. Iba a matar al hijo de… Lástima que compartieran la misma madre, ella se pondría un poco quisquillosa si lo liberaba de esa estúpida cabeza hueca. 

Estaba por pronunciar en voz alta las amenazas que se merecía su compañero de desgracia cuando escucho las voces de los encargados de descartar la basura. 

-Esta canasta pesa como una montaña.- Se quejo uno de los tres demonios alados que había ayudado a levantar la gran canasta cerrada con una tapa. 

-Eso es porque te estás poniendo viejo.- Se mofo el que sostenía la canasta desde el otro lado. 

Según el plan de Saeng la canasta fue llevada hasta la parte de atrás de la bodega. El sonido de unas pesadas llaves les dijo a los chicos que los demonios estaban abriendo la compuerta por donde se tiraba el desperdicio de la despensa. Jun tuvo que morderse la lengua para no gritar cuando el contenido de la canasta fue vaciado por un tubo largo y grueso que desembocaba de a unos doscientos metros del duro suelo del valle. De seguro había perdido muchas plumas en el proceso. 

Apenas cayeron en cielo abierto los demonios abrieron las alas deteniendo la caída. 

-¡Soy genial!- Aleteo Saeng alrededor de su hermano. 

-Apestamos.- Gruño Jun al sentir el cabello húmedo por cosas que temía analizar. Saeng no estaba en mejor condición.- Y tú te ves horrible. 

-Al menos lo mío con agua se quita.- Lo pico Saeng dándole un golpe en la cabeza a su quisquilloso hermano.- Ahora vamos a la cueva. 

-¿Qué cueva?- Grito Jun apuñando las manos. 

Saeng que ya había volado unos veinte metros adelante le respondió con la mayor naturalidad.- Esa cueva a donde siempre te escapas.- Al ver la cara de espanto de su hermano tuvo compasión, de algún modo sabía que ese lugar era importante. – No te preocupes, nadie lo sabe. Yo simplemente cuido tu espalda cuando te quedas a dormir allí. 

Jun siempre había sabido que de todos sus noventa y nueve hermanos era con Saeng con quién siempre podía contar, pero nunca había tenido tanta certeza de eso como en ese momento. Sin poderlo evitar lo abrazo fuerte. – ¡Te amo hermano!

-Yo también.- Respondió Saeng.- Pero si no me sueltas vamos a probar que tan duro esta el suelo. Además. Hueles mal. El resto del viaje lo hicieron en silencio, volando bajo pero sin ser una presa fácil para las cosas que se arrastraban por el suelo, listos para conseguir una comida desprevenida. Se consideraban un bocado demasiado fino para esas fauces. 

Jun le dio un vistazo a su hermano que volaba junto a él. La mirada oscura que le devolvió le dejó claro que él también había sentido que algo no estaba bien.

-Nos siguen.- Susurro Saeng mientras tocaba la espada que tenía atada a la cintura.

- Pero no puedo ver nada. 

-Yo tampoco.- Tubo que aceptar Jun a regañadientes, por lo general nunca era tomado por sorpresa. Volando más despacio dieron algunas vueltas en círculo. Estaban por darse por vencidos cuando Jun lo vio. En el aire había una fluctuación alrededor de una figura sin color, invisible. 

-¿Qué pasa?- Pregunto Saeng sin dejar de mirar a lo que sea que su hermano observaba en el horizonte gris. 

-Vuela, hermano.- Grito Jun cuando vio lo que los estaba siguiendo.- No podemos luchar con esa cosa, créeme. Saeng sabía que su hermano tenía los sentidos más finos que hubiera logrado ver en algún demonio. Si él decía que había algo, era porque era una realidad. 

En cuando abrieron las alas y comenzaron a agitarlas para ganar velocidad la cosa que los seguía se hizo visible, por lo visto necesitaba tomarse las cosas con calma para lograr camuflarse. Una enorme cosa con alas de al menos diez metros de envergadura, ojos rojo sangre, hocico lleno de dientes filosos y unos graznidos capases de reventar tímpanos los estaba siguiendo llevando sobre su lomo una criatura vestida en una túnica gris que impedía ver nada más. 

Hicieron varias maniobras en el aire tratando de quitarse de encima al perseguidor que tenazmente los cazaba. A pesar del tamaño su perseguidor era ágil y más rápido que ellos. Los estaba alcanzando. Jun casi podía sentir el fétido aliento en su nuca. Estaban llegando a la parte alta de una roca, mirando a su hermano sabía exactamente lo que tenían que hacer. Estaban a un escaso metro de la roca cuando Jun la evadió a la derecha y Saeng a la izquierda, la cosa opto por ir arriba. Tiro algunas piedras pero continúo en el aire. 

-Esa cosa no nos dejará- Anuncio lo obvio Saeng deteniéndose en el aire, en ocasiones podía ser la reina del drama, pero era valiente cuando contaba.- Huye, yo lo retrasaré.- Al ver la cara de pánico de Jun continuó. - Uno de los tiene que advertir a Madre de esto. – Desenvainando la espada le hizo frente a una muerte segura. 

Jun no podía permitirlo. Sin pensárselo dos veces recogió las alas y se tiro en picada a los cincuenta metros abajo donde estaba Saeng tratando de que lo mataran. Una centésima de segundo, el momento justo en que Jun golpeo al otro demonio la cosa paso tratando de despedazarlo con las enormes fauces. 

En un rápido movimiento logro quitarlo del camino pero ambos perdieron el control cayendo en picada justo a las aguas del Río de la Desesperación, el lugar prohibido. Tomando la mano de Saeng quiso evitar el morir solo. Nadie sobrevivía a esas aguas malditas, el velo que separaba los mundos. 

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Joong había pasado toda la mañana caminando de puntillas alrededor de Min, el hijo de puta se la había pasado con un humor de perros desde hacía unos tres días. Conocía a su amigo lo suficiente para saber que no era la presión del caso que lo que lo tenía así, pero sacarle algo era como exprimir una piedra. 

-¿Quieres café?- Pregunto Joong deseando darle un puñetazo a Min con la sana intensión de sacarle la mierda.- Puedo ir por uno. 

La mirada en respuesta, que el hombre le dedico a su compañero fue un claro: ¡Jodete!. Luego siguió con su nariz metida en uno de los tantos informes que la policía había enviado. Joong estaba cada vez más seguro de que tendría que golpear al tipo antes de que el día terminara. Min ya no pudo resistir tanto maldito papel, poniéndose de pie casi tiro la silla. –Voy a tomar aire.- Anuncio tomando su saco.- Estoy harto de leer informes que no llegan a nada. 

Joong le dirigió una mirada intrigada, el metro noventa de hombre estaba cabreado, más bien parecía que el recién divorciado fuera él. Extraño. Tenía una barba de dos días, el cabello negro desordenado y una actitud de “voy a patear traseros solo para matar el tiempo”. Algo muy serio estaba ocurriendo, solo que Joong no podía adivinar que era. 

El viento que golpeaba la azotea del edificio fue como una bofetada fría en el rostro de Min Caminando hasta la baranda que separaba su cuerpo del vacío miro la ciudad tan llena de personas. Tenía el con el alma en un hilo solo porque no había vuelto a soñar con un demonio con alas, más hermoso que el pecado y con un corazón tan ardiente como el infierno. 

Se estaba volviendo loco. Si estar preocupado por el bienestar de un producto de su imaginación no es estarlo, no había otra manera de llamar a esa condición. 

Sacando un paquete de cigarrillos tomo uno, había dejado de fumar desde hacía años y desde hace unos días reincidió. Se consideraba un hombre duro, tenía que serlo para sobrevivir en su tipo de trabajo, pero sentía como si tuviera una estaca clavada en el corazón. Algo no estaba bien con Jun sin importar si era un sueño o no. 

Respirando profundo inhalo el humo del cigarrillo, veneno gaseoso. No era bueno tenerlo de compañero, estaba tan desesperado que si alguien le diera un tiro se lo agradecería. Dejando salir el aire lentamente disfruto de la sensación de ser un maldito loco enamorado del viento. 

El sol brillaba en lo alto del cielo, lamentablemente el calor del sol no lograba calentarle los huesos, prefería echarle la culpa al viento frió que admitir que se estaba muriendo por dentro. Tirando lo que le quedaba del cigarro al piso y apagándolo con el zapato suplico a cualquier dios que perdiera su tiempo con las mierdas de los mortales, que le diera una maldita señal, algo que le dijera si estaba loco o no. 

Si lograba volver a soñar con su amante trataría de no volver a despertar, un coma sería una bendición. Necesitaba tener entre sus brazos el cuerpo más pequeño del joven demonio, la obsesión por verlo sonreír, saber que estaba bien se había convertido en su razón de vivir. Ahora se sentía tan vació como una campana. 

Lo peor era que hasta se estaba poniendo romántico, lágrimas gruesas rodaron por sus mejillas, sin creérselo se limpio con el dorso de la mano. Ya no estaba en condiciones de seguir trabajando, si seguía en ese estado tendría que darse de baja. 

Era un peligro para Joong. Los compañeros debía estar seguros de que contaban con un apoyo en las situaciones de peligro, Min no estaba ni para ayudarse a sí mismo. El sonido del teléfono dentro del bolsillo de su saco lo saco de sus negros pensamientos. 

-¿Agente Par Jung Min?- Escucho la voz nasal de la secretaria del jefe a través de la línea. 

-Soy yo.- 

- Hay un reporte de un joven que no ha presentado identificación. - Fue al punto la mujer del otro lado de la línea.- Lo único que sabe decir es que se llama Jun y que lo conoce a usted. 

El sonido del teléfono al estrellarse contra el suelo le dijo que había soltado el aparato. Temiendo que pidieran apoyo lo recogió poniéndolo de nuevo en su oreja. –Lo siento, tiré el teléfono.- Se explico.- Ahora deme la dirección de donde está el sujeto que dio mi nombre.

Sin detenerse a avisar a Joong tomo las llaves de su propio auto, era una bendición que hoy el taller por fin se lo hubiera entregado. Condujo por la ciudad como un alma perseguida por la muerte. En menos de media hora logro llegar hasta el hospital donde estaba el hombre que se hacía llamar Jun. Con el corazón golpeando su pecho llego a la recepción, apenas decir su nombre lo llevaron a una habitación en urgencias. Lo que vio lo dejo de una pieza. 

Cuatro enfermeros trataban de acercarse a un pequeño cuerpo que estaba hecho un puño en una esquina junto a la cama. Apenas llegar le advirtieran que no se dejara engañar, que esa princesita pegaba como patada de mula.

Empujando a los tipos que más parecían jugadores de futbol pasó en medio de ellos, para encontrar a un hombre sentado sobre el frió piso, las piernas recogidas contra el pecho y la cabeza escondida entre las rodillas. Aunque no podía ver su rostro, estaba seguro de que era él. Quien más podía tener esa piel pálida color crema que contrastaba con el verde del color de la bata del hospital y el cabello castaño y sedoso que daban ganas de apuñarlo en las manos, lo único que hacía falta eran las alas. 

-¡Jun!- Lo llamo arrodillándose junto a él. 

El chico levanto la cara y al verlo pudo ver el alivio encarnado en los brillantes ojos color plata, sin meditarlo mucho se arrojo a los brazos del hombre más grande que lo acuno como a un tesoro.





Cuatro enfermeros trataban de acercarse a un pequeño cuerpo que estaba hecho un puño en una esquina junto a la cama. Apenas llegar le advirtieran que no se dejara engañar, que esa princesita pegaba como patada de mula.

Empujando a los tipos que más parecían jugadores de futbol pasó en medio de ellos, para encontrar a un hombre sentado sobre el frió piso, las piernas recogidas contra el pecho y la cabeza escondida entre las rodillas. Aunque no podía ver su rostro, estaba seguro de que era él. Quien más podía tener esa piel pálida color crema que contrastaba con el verde del color de la bata del hospital y el cabello castaño y sedoso que daban ganas de apuñarlo en las manos, lo único que hacía falta eran las alas. 

-¡Jun!- Lo llamo arrodillándose junto a él. 


El chico levanto la cara y al verlo pudo ver el alivio encarnado en los brillantes ojos color plata, sin meditarlo mucho se arrojo a los brazos del hombre más grande que lo acuno como a un tesoro.

-¿Cómo llegaste aquí?- Logro preguntar una vez tubo seguro a su amante entre sus brazos. 

-Fue un accidente, un terrible accidente.- Balbuceo entre lágrimas Jun - Mi hermano Saeng está perdido por mi culpa… Todo es mi maldita culpa… pero quería tanto verte. Al levantar la vista pudo ver el desconcierto en los enfermeros y en el médico que en ese momento estaba entrando. 

-Al parecer a logrado tranquilizarlo.- Hablo el hombre vestido con una bata blanca y rostro redondo y bonachón.- ¿Son pareja? 

Jung Min estuvo a punto de abrir la boca para negarlo, pero al ver la expresión esperanzada de Jun decidió que era hora de dejar las cosas claras.- Si… Lo es… Pagaré cualquier cosa que haya roto.- Solo esperaba que pudiera cubrirlo con sus ahorros. 

-Solo la dignidad del algunos por aquí.- Sonrió el doctor al dirigirle una mirada a los enfermeros que todavía parecían querer patearle el culo al paciente.- Chicos, ya pueden irse.- Despidió el médico a los hombres que estaban renuentes a dejar la habitación. 

Sin soltar su presa Jung Min se puso de pie llevando consigo a Jun. - ¿Cómo llego aquí?- El doctor se encogió de hombros. -Los policías lo trajeron aquí. Al parecer estaba inconsciente junto al río. Ahora, usted debería explicar qué hacía él allí y en ese estado.- 

-Caí al río.- Explico Jun antes de que Min pudiera detenerlo.- Pensé que moriría, pero desperté en este lugar.- A Min no le pasó desapercibido el temblor que recorrió el cuerpo de su amante, el que se había pegado a él como si fuera una segunda piel. 

No te preocupes.- Lo consoló Min besando la pálida frente que contrastaba con el color bronceado de su propia piel.- Todo estará bien, yo me haré cargo ahora. 

-Solo le haré algunas pruebas médicas, ahora será más fácil con usted aquí.- Se explico el doctor.- Ese chico habría destruido la mitad del hospital antes de que hubiéramos logrado tomarle alguna muestra. 

-No es necesario.- Aclaro Jung Min temiendo lo que pudieran encontrar si lo chequeaban a fondo.- Yo me hago responsable. Después de mucho papeleo logro sacar del hospital a su pequeño tesoro vestido con un pantalón de mezclilla y una camiseta que había enviado a comprar a un tipo que acepto hacerle el favor por unos dólares de recompensa. Jun miraba ese extraño mundo con los ojos muy abiertos, como si quisiera tragar toda la información de una sola vez. 

-¡Ven!- Le dio un ligero jalón en el brazo para hacerlo caminar. Jun simplemente estaba fascinado con la luz del sol que acariciaba su rostro. – Tenemos que irnos.- Insistió Jung Min guiándolo al automóvil que los esperaba en el estacionamiento. 

-Es tan hermoso.- Chillo Jun al acomodarse en el asiento del pasajero.- Tu mundo es tan brillante. Jung Min no podía dejar de mirarlo. – Tienes que explicarme cómo es que eres real.- Hablo el agente dentro de él.- Durante cuatro días desapareciste y a ahora estas aquí sentado dentro de mi auto. ¿Y a dónde están tus alas?

La risa de Jun era dulce.- Estaba con mi hermano Saeng, trataba de llegar al lugar cerca del Río de la Desesperación desde donde yo podía soñar contigo, pero una bestia alada nos persiguió y no pudimos perderlo.- Resumió Jun lo mejor que pudo.- Siendo imposible dejarlo atrás mi hermano trato de enfrentarlo, yo apenas tuve tiempo para quitarlo del enviste de la criatura, perdiendo el control caímos en picada al río. Lo que no entiendo es por qué estoy vivo y a donde esta mi hermano. 

Jung Min sostuvo el rostro del hombre más pequeño, su piel tan suave al tacto, sus facciones tan delicadas, los ojos grises tan profundos que pensó jamás terminaría de sondearlos. – Si existen cosas así de peligrosas en tu mundo.- Sentenció Min.- No te dejaré regresar. – Un beso casto se poso en los labios abiertas de Jun.- Eres mío.- Lo dijo con tal convicción que aún a él mismo lo tomo por sorpresa. Tomando plena posesión de esa boca lo beso profundo, explorando con la lengua cada recoveco.

-Mmmm.- El gruñido de Jun le advirtió a Jung Min que no podía continuar o acabaría haciéndole el amor en el auto en pleno medio día. 

-Es hora de que conozcas tu casa.- Anuncio Jung Min sintiéndose tan posesivo que sabía debía estar asustando al joven demonio. La sonrisa tímida y el ligero rubor de Jun le dijeron que el chico estaba contento con la propuesta.- Eres tan hermoso cuando te sonrojas, no parece que hayamos hecho el amor durante meses.- Comento Jung Min dándole otro beso. - Aún sigues siendo tan inocente. Estoy temiendo no haber hecho un buen trabajo. 

Jun recordó a su madre. Amaba que ella lo acunara en su regazo, le encantaba escuchar su voz dulce que le cantaba. Siendo el más joven la había tenido solo para él por un largo tiempo. De seguro ella pronto tendría otro bebé al que trataría con la misma dedicación que lo hizo con cada uno de sus pequeños niños demonio. 

-La voy a extrañar.- Susurro Jun apartándose de las manos que le acariciaban las mejillas. Al ver la duda en la mirada de Jung Min aclaro.- A mi madre. 

Una sonrisa indulgente se dibujo en el rostro del hombre más grande borrando cualquier signo de preocupación. – Tiene otros noventa y nueve niños para consolarse. 

Noventa y ocho.- Aclaro el joven demonio haciendo un puchero.- Mi hermano Saeng está perdido. Jung Min lo abrazo todo lo cerca que le permitió estar en asientos distintos. –Vamos a casa. Comida caliente y una cama acogedora es lo que te puedo dar por ahora.- Besando el cabello castaño algo enredado le hizo una promesa.- Voy a mover cielo y tierra para encontrar a tu hermano. Si el está en este mundo lo encontraremos. 

Jun se aparto un poco para ver la expresión decidida en su guerrero de ojos cafés obscuro. El cumpliría su palabra. 

-Vamos a casa.- En una simple frase puso toda su confianza en que no se equivocaba en escoger al hombre. Era hora de abandonar el nido, en su corazón lo sabía, era solo que no había tenido una buena razón para hacerlo. 

Encendiendo el auto Jung Min comenzó a conducir a su departamento. Al recordar en qué estado había dejado su dormitorio se golpeo la frente con la palma de la mano. –¡mierda! 

La expresión hizo que Jun desviara su atención de los edificios que se elevaban hasta el cielo. - ¿Qué hice? 

-Nada.- Contesto Jung Min, pero el rubor le dijo al joven demonio que no era la verdad. 

-Mientes.- 

La expresión seria del chico lo hizo revaluar su respuesta.- Recuerdas la última vez que soñamos que estábamos en mi departamento. El rubor en el rostro de Jun le dijo que lo recordaba, y con lujo de detalle.

– No me refiero a lo que paso sobre la barra de la cocina, ni a lo que paso sobre la mesa del comedor ni a nuestro lindo final en la cama.- Aclaro Jung Min disfrutando de lo lindo la intensidad del color en las mejillas del hombre más joven.- Me refiero al estado en general del lugar. 

-¡Oh!- Fue lo mejor que pudo decir desviando la vista hacia la ventana avergonzado.- Era un desastre.- Se atrevió a comentar Jun. 

-Pues está peor.- Mascullo entre dientes. Ahora fue el turno de Jun para reírse.- No tenía pensado encontrarme con el amante que me abandono desde hace cuatro días.- No pudo evitar picar. 

-No fue mi intensión. Mamá no me dejo salir del nido. Fue a Saeng al que se le ocurrió un plan para salir de allí sin que nos vieran.- Dándose cuenta de lo egoísta que había sido agrego.- Ella debe de estar muy preocupada por nosotros. 

Jung Min estaba por preguntar acerca de que hacía que una madre que criaba a sus hijos en lugar como el inframundo, que según le había dicho el joven demonio, no era precisamente un jardín de niños, se preocupara tanto de un momento a otro. El sonido del teléfono lo interrumpió de sus intensiones. Era Hyun Joong . Ignorarlo era conseguir una alerta de hombre caído. Especialmente si estaba de servicio. 

-¿Me extrañabas?- Se burlo Jung Min del inoportuno. 

-¡Jódete!- Fue la cariñosa respuesta de Hyun.- ¿Podrías decirme dónde demonios estas? El jefe ha estado sobre mí preguntando dónde te metiste. No miento por mis compañeros desde que estaba en la secundaria. 

-Yo mentiré por ti la próxima vez.- Prometió Jung Min sin dejar de sonreír, mirando de reojo a su pequeño tesoro que estaba embelesado por la vista de la ciudad. 

-Somos compañeros, recuerdas.- Sentenció Hyun como si fuera una mujer celosa.- Se supone que tengo que saber en lo que andas. 

-Tuve que recoger a mi pareja.- Aclaro sintiendo como se liberaba una presión en el pecho que no sabía que tenía. El rostro del joven a su lado se iluminó, eso era suficiente indicación para él de que estaba haciendo lo correcto.- Lo llevo a casa. 

El silencio al otro lado de la línea le indico hasta que punto había dejado a su compañero sin aire por la sorpresa.- ¿Estas de broma?- Después de un rato escucho la furia contenida de Hyun.- Te cubro la espalda y me sales con eso. 

-Es la verdad.- Aclaro Jung Min.- Dile al jefe que llegaré en unas horas. 

-Sí, claro.- Mascullo la voz en el teléfono antes de cortar la comunicación. 

Cuando estaciono frente a su edificio la cabeza del chico descansaba junto a la ventana. Se había quedado dormido. Con cuidado de no asustarlo bajo del auto y fue a dar la vuelta para llegar desde la puerta del pasajero. Con un beso en la mejilla lo despertó, no podía recordar haber sido así con ningún amante en su vida,Jun era diferente en todos los sentidos. 

-¿Dónde estoy?- La confusión de los ojos color plata hizo que el corazón del duro agente del FBI diera un vuelco.

-Estas en casa.- Jun simplemente bajo del auto y abrazo a Min tan fuerte que le saco el aire de los pulmones. 

-Tranquilo amor.- Dio un paso atrás apartándose del asustado demonio, ahora sin alas. – Eres más fuerte de lo que pareces. 

-Lo siento.- Dijo Jun bajando la mirada. 

Jung Min le dio un beso suave en los labios entre abiertos. – Eres tan hermoso. Me alegra que seas capaz de defenderte solo.- Con una risa ronca agrego. – Esos enfermeros eran grandes. 

El sol calentaba la ciudad, personas caminaban por la acera, algunos daban miradas de reojo, a otros ni siquiera les importo que dos hombres estuvieran tan cerca uno del otro. 

-Nadie me toca.- El ceño fruncido le daba un aire serio al bonito rostro de facciones delicadas.- Solo tú. 

El hombre que era Jung Min se sintió complacido hasta la médula. Nadie tocaría nunca a su niño. Nadie a menos que quisiera seguir viviendo. 

Al abrir la puerta de su departamento estudio la cara de sincero horror que vio en el pequeño demonio. -¿Seguro de que un tornado no entró a esta casa? 

-¡No!- Aseguro categórico Jung Min.- Pero en este lugar un pequeño demonio va aprender a no ser un mocoso criticón. 

Sin darle tiempo al chico de reaccionar lo acorralo contra la puerta de madera ahora cerrada. Metiendo una pierna entre las de Jun lo hizo montarse para que sus rostros quedaran a nivel. El joven demonio abrió la boca dócilmente a Min que se iba a venir en sus pantalones con la simple visión de abandono de su amante. 

-Eres mío.- Susurro contra la tierna carne.- Es hora de hacerlo oficial en mi mundo también.



Al abrir la puerta de su departamento estudio la cara de sincero horror que vio en el pequeño demonio. -¿Seguro de que un tornado no entró a esta casa? 

-¡No!- Aseguro categórico Jung Min.- Pero en este lugar un pequeño demonio va aprender a no ser un mocoso criticón. 

Sin darle tiempo al chico de reaccionar lo acorralo contra la puerta de madera ahora cerrada. Metiendo una pierna entre las de Jun lo hizo montarse para que sus rostros quedaran a nivel. El joven demonio abrió la boca dócilmente a Jung Min que se iba a venir en sus pantalones con la simple visión de abandono de su amante. 

-Eres mío.- Susurro contra la tierna carne.- Es hora de hacerlo oficial en mi mundo también. 


El beso fue lento, apenas un roce al principio. La lengua busco a su hermana en la boca de su hombre y bailaron una danza tan antigua como el tiempo. Los cuerpos se rosaron, la dureza de Jung Min contra la de su amante. Las manos del hombre más grande sacaron la camiseta de Jun por la cabeza. 

-¡Haa!- El chico era cualquier cosa menos silencioso. Chillaba y se retorcía bajo las manos hábiles de su amante de manos grandes que le recorrían el dorso y pellizcaban sus tetillas. 

-Yo…yo.- Trato de hablar Jun sin lograr articular nada coherente. Jung Min se detuvo en su exploración al notar que de pronto el hombre se tenso. - 

¿Qué pasa?- Pregunto sin liberar su presa que temblaba. 

-Mi cuerpo nunca lo ha hecho antes.- El encendido color de Jun no dejó duda de a qué se refería.- Hemos estado juntos en un plano distinto de la realidad a la pertenecíamos, una proyección de nuestros cuerpos en un mundo de sueños. Jung Min nunca había sido de los de dar largas explicaciones. 

-¿Eres virgen? 

Jun solo asintió con un leve movimiento de cabeza. Avergonzado era quedarse corto. 

-Entonces es hora de ponerle remedio a la situación.- Sentenció Jung Min besando los temblorosos labios. – Eres mío y es hora de dejarlo claro. 

Un beso carnal asalto la boca sedienta. Las manos de Jung Min se situaron en la delgada cadera de su amante manteniéndolo firme, ya que el chico rosaba la erección con los empujes de su cadera. De permitir ese juego pronto alguien se correría antes de tiempo. Cuando estuvo seguro de tener a su compañero de juegos lo suficientemente caliente lo soltó bajándolo de su pierna y dejándolo sobre sus pies. 

La decepción en la cara de Jun era para partirle el corazón a cualquiera. 

-Tu primera vez, la primera de verdad.- Aclaro Jung Min acariciando con las yemas de los dedos los labios hinchados.- Será sobre una cama. 

Tomándolo en brazos lo cargo hasta el dormitorio. El pilluelo estaba muy cómodo siendo consentido por el hombre más grande. Un demonio en el paraíso. 

-¡Te amo!- Las suaves palabras de Jun fueron una caricia intima en el corazón del hombre más grande que lo dejaba sobre la cama como si se tratara de porcelana fina. 

Jung Min se puso de pie y lo observo allí acostado, indefenso y deseoso. El dorso desnudo luciendo la piel color crema, el pantalón de mezclilla era una ofensa al ocultar la belleza del demonio. Igual que en sus sueños.- 

¿Y tus alas? 

Con una sonrisa el pequeño demonio se sentó. Arqueando la espalda como cuando se dejaba llevar por el orgasmo, al calor del amor, unas alas grises se extendieron en toda su envergadura tirando pequeñas plumitas sobre el piso y las sábanas de la cama. 

¿Todavía mudando plumas?- 

El puchero de Jun dejo claro cuánto odiaba que le recordaban lo joven que era entre los suyos. El cabello revoloteo por sus hombros al volver la cara hacia el ventanal que daba al balcón. 

–¿Mi bebé está enojado?- 

Jun fingió no escuchar a Jung Min le encantaba esa veta rebelde del demonio. En ocasiones era tan sumiso como un corderito, pero en otros era toda una pequeña mierda consentida. 

Con una sonrisa Jung Min comenzó a desnudarse lentamente. 

Primero se quito la corbata, luego tiro el saco negro sobre una silla junto a la ventana. Jun había abandonado por completo su actitud esquiva y ahora miraba con la boca abierta como su hombre le daba una buena vista de una piel bronceada al quitar el último botón de su camisa blanca sacándola por los hombros. 

-¿Te gusta?- Ronroneo el hombre más grande poniendo las manos sobre el botón de la pretina del pantalón.- Recuerda que esto es todo tuyo. 

Jun abrió la boca, mojándose los labios con la rosada lengua. Jung Min dejo de respirar por un segundo, ese demonio travieso se iba a ganar una buena jodida si seguía jugando sus cartas tan bien como lo estaba haciendo. Con una sonrisa se decidió a tentarlo lo suficiente para que dejara de pensar. Desabrochando el botón comenzó a bajar la cremallera liberando un pene grueso y largo. 

El chico estaba quieto, la sangre se había ido directo al sur haciendo insoportable la existencia de sus propios pantalones de mezclilla. Las enormes alas descansaban abiertas sobre la cama. En un movimiento inconsciente, lleno de dulces anhelos, abrió las piernas. Ya lo habían hecho muchas veces antes, pero esta sería la primera vez que estarían juntos con sus cuerpos físicos y tenía miedo. Miedo de no ser suficientemente bueno para su guerrero de mirada de fuego y cuerpo de dios antiguo, oscuro, todo fuerza y pecado. 

Jung Min tomo el gesto del chico por lo que era, una entrega sin limitaciones, toda confianza de uno que se entrega al dominio de otro. No como un esclavo, sino como él regalo de un hombre que libre decide tirarse al abismo confiando en las negras aguas que lo esperan al acariciar los riscos. 

– “Mi vida es tuya”- Recito Jung Min las palabras que le llegaban desde más allá de su propio entendimiento.- “Mi fuerza, mi corazón y mi semilla es tuya”.- Las palabras salían desde lo profundo de su alma, como si hubiera sido creado solo para decirlas. Bajando el pantalón por las piernas musculosas lo arrojo a un lado sin preocuparse de donde callera.- “Toma mi semilla desde la fuente que es ofrecida libremente, engendra con ella el nido.” 

-“Y yo la tomo”.- Respondió Jun quieto como una estatua de alabastro.- “Tomo tu fuerza, tu semilla y tus promesas. Te entrego a cambio mi propio cuerpo y mi amor como ofrenda a tu fidelidad y protección.” 

Jun se incorporo caminando a gatas por la gran cama. La piel quemaba ansiosa por ser acariciada, su ser completo desesperado por ser llenado con el enorme miembro que se levantaba como un asta entre el bello negro encrespado. 

– Te deseo.- Hablo con voz ahogada Jun sintiendo su alma temblar. 

Caminando hasta que sus piernas tocaron la orilla de la cama Jung Min tomo su miembro y se lo ofreció al joven demonio alado que con los labios entreabiertos esperaba el regalo de la vida. 

Jung Min ahogo un grito, apretando las quijadas tan fuerte que le dolía, lucho con todas sus fuerzas por aguantar antes de regarse con el simple contacto con esa lengua tibia que lo recorría hambrienta. 

-Eres un travieso.- Trato de darle cierto tono neutral a su voz, fallando terriblemente. 

- Vas a hacer que me venga antes de tiempo. 

Jun se separo de su presa apenas el tiempo suficiente para hablar.- Necesito probar tu semilla… Dámela. ¿Quién podría negarle algo a esos ojos suplicantes? 

-Tómalo.- Ordeno Min introduciendo su miembro en la boquita de seda hasta llegar al fondo de la garganta. Jun corcoveó por la sorpresa inicial, pero como el valiente que era lo recibió apenas acostumbrarse a la sensación. Del resto se hizo cargo la naturaleza de cada uno, la del dominador y la del sumiso. 

Jung Min empujo con un ritmo lento al principio, pero cuando sintió la garganta cerrarse ordeñando su miembro sin ninguna piedad, el chico tuvo exactamente lo que deseaba. Con un grito se vino tan fuerte que pensó que ahogaría al hombre arrodillado en la cama. Al bajar la mirada fue testigo de la más hermosa visión que humano alguno hubiera visto antes. Jun lamiendo los restos de su semilla que había quedado sobre sus labios, las alas caídas sobre la cama, la mirada de los ojos color arena que lo miraban con una pregunta en ellos. 

Cayendo de rodillas en la cama abrazo al hombre más pequeño. –¡Te amo!- Tomando la boca compartieron un beso que los llevo ambos a caer sobre la cama.- Y eres solo mío. 

-Entonces demuéstramelo.- Reto el joven demonio dejando su cabeza sobre las suaves almohadas.

Jung Min quedo sobre su joven amante sosteniendo su peso sobre brazos y rodillas, a milímetros piel con piel, sin tocarse realmente. Con una sonrisa lobuna el humano comenzó a bajar los pantalones lentamente, dejando al descubierto las finas caderas llegando al miembro duro que desnudo junto a las bolas le hacían la boca agua. 

-¿Te gusta que sea así?- Comento Jun sintiendo el aire hecho bola en su garganta.

- Ya sabes, yo no tengo pelo como tú. 

La sonrisa comprensiva de Jung Min tranquilizo los crecientes nervios de su joven pareja. – Somos amantes desde hace mucho tiempo. ¿Lo recuerdas?- Susurro junto al oído dejando sentir su peso sobre la piel suave de su compañero. La tibieza de la lengua de Jung Min sobre la tierna carne bajo la oreja del chico hizo que este levantara los brazos para acercarlo más. – Hoy le enseñaremos a tu cuerpo que es ser penetrado, pero esto es algo que acostumbramos hacer tu y yo a menudo. 

La risa juguetona de Jun le dejo claro a su amante que estaba bien. Jung Min beso, lamio ,cada milímetro del pecho, el vientre plano, mordió las tetillas y luego las lamió arrancándole grititos ahogados.

– Eres mío.- Gruño el hombre más grande hasta llegar al pene que desesperado chorreaba presemen.- Tan delicioso.- Lamio cada gota de liquido trasparente, le dio largas pasadas con la lengua desde la raíz hasta la punta. 

-¡Mi señor!- Chillo Jun arqueando la espalda tratado de lograr más atenciones para su cuerpo desesperado.- Me duele… yo necesito. 

-Sé lo que necesitas.- Hablo Jung Min entre mordisco y mordisco sobre las tensas bolas.- Voy a hacerte gritar tan fuerte, vas a quedar ronco de gritar mi nombre. 

Jun estaba seguro de que ese humano mandón lo haría tal cual prometía. Haciendo un puño las sabanas blancas trataba por todos los medios de no venirse antes de tener al humano metido hasta las bolas. 

-Ya no puedo aguantar más.- Jadeaba desesperado tratando de apartarse de la lengua tibia que estaba haciendo círculos en su entrada, las grandes manos del hombre se lo impidieron manteniéndolo fijo en el sitio. 

-Vente las veces que quieras.- Ordeno mientras mordía la tierna carne en el lado interior del muslo.- Yo me encargare de ponerte duro las veces que haga falta. 

- Maldito engreído.- Hablo entre gritos Jun, la lengua del humano se lo follo sin ningún pudor pasando el anillo de músculos. – ¡Min!... por los dioses antiguos… Min…¿Qué me estás haciendo? 

Jung Min se limito en continuar con el entrar y salir de su lengua. Las manos lo sostenían tan fuerte de las caderas que de seguro quedarían sus dedos marcados en la carne pálida. 

Estaba disfrutando de tomar a su presa y no lo soltaría hasta ver la blanca crema bañando el vientre de lavadero. No tuvo que esperar mucho. Con un grito que hizo vibrar las vidrieras Jun se vino con chorros y chorros del líquido. 

-¡Oh!- Se quejo Jun sintiendo que el universo explotaba en una lluvia de estrellas, el cuerpo entero temblaba por su primer real orgasmo con su pareja. 

Jung Min se recostó a su lado, la piel bronceada contrastaba con la palidez del hombre más pequeño que jadeaba en busca de aire. Jun cerró los ojos sintiendo las manos tibias que recorrían su piel llamando su atención de nuevo, abrió los ojos lentamente y se encontró con el rostro cincelado de su hombre, el cabello negro encrespado en las puntas, los ojos cafés con un brillo hambriento ardiendo en ellos.


Jung Min se recostó a su lado, la piel bronceada contrastaba con la palidez del hombre más pequeño que jadeaba en busca de aire. Jun cerró los ojos sintiendo las manos tibias que recorrían su piel llamando su atención de nuevo, abrió los ojos lentamente y se encontró con el rostro cincelado de su hombre, el cabello negro encrespado en las puntas, los ojos cafés con un brillo hambriento ardiendo en ellos. 

-¡Hola!- Hablo Jun apenas sintió a su corazón recuperando el ritmo normal.- ¿Te conozco? 

Los dientes blancos de Jung Min se asomaron en una sonrisa seductora.- No lo suficiente.- Diciendo esto lo beso con la pericia de la que solo él era dueño la boca que se le ofrecía abierta.- Es hora.- Con este anuncio le dio la vuelta a Jun hasta que quedo boca abajo. 


-¿Qué me haces?- Gimió más que hablar al sentir a Jung Min sentado sobre su trasero mientras mordisqueaba la piel de sus omoplatos jugando con la base de ambas alas, luego el cuello bajando por la columna.- Es tan bueno.- Jadeo al sentir las manos del hombre sobre él.

-Disfruta… Solo siente.- Ordeno con voz ronca Jung Min moviéndose más abajo. Con cuidado separo los globos pálidos y firmes en busca de su premio.- Es hora de entrar dentro de este culo virgen. 

Jun en respuesta levanto el trasero. Jung Min coloco una almohada bajo la cadera para facilitar las maniobras. -¿Recuerdas cuando te tome la primera vez que soñamos juntos?. 

-¡Sí! 

-¿Entonces entiendes por que es mejor así la primera vez? 

-Porque así…- Balbuceo Jun sintiendo un dedo grueso abrirse paso entre sus carne temblorosa.- Es menos doloroso. 

-Exacto. Ahora confía en mí.- Como un voto, una promesa, beso ambos cachetes tensos en su intento de proteger el botín que le pertenecía solamente a él.- Entrégate a mí. 

En respuesta Jun abrió más las piernas, las alas cayeron a ambos lados de su espalda para tratar de darle mejor acceso a su amante. Plumitas flotaron en el aire, cayendo sobre la cama y el piso.

-Lo siento… No lo puedo evitar… Las malditas nunca dejan de caerse. 

-Déjalas.- Lo consoló Jung Min introduciendo un segundo dedo tocando justo la glándula del placer.- Yo voy a hacer que todas ellas se caigan antes de que el día termine.

La luz tras la ventana poco a poco se extinguía, el mundo seguía girando exactamente igual que siempre, pero en el dormitorio de un pequeño departamento se daba un nuevo comienzo. 

-¡Min!- Rogaba Jun luchando por follarse a sí mismo en los dedos del humano.- Jódeme ya… Apiádate de mí. 

-Entonces lo tienes.- Sentencio Jung Min introduciéndose lentamente en el cuerpo virgen, el chico no necesitaba lubricante, el mismo exudaba un aceite que facilitaba la entrada de su pene. 

-¡Min!... ¡Min!- Gimoteaba sintiéndose lleno del hombre que amaba.- ¡Tan lleno! 

El humano no se detuvo a dar muchas explicaciones, penetro hasta las bolas y salió dejando apenas la punta del pene dentro. Repitió la operación lentamente al principio, pero cuando escucho los jadeos de su amante toda delicadeza se fue al diablo. Era una cuestión de instintos, no era momento de ser caballeroso. 

-Más rápido… Más rápido.- Exigió Jun sintiendo sus bolas contraerse listas para vaciar su carga.

Sin pensárselo dos veces Jung Min uso su fuerza para darle la vuelta al joven demonio. 

– Quiero verte cuando te vengas.- 

Jun sintió la dulce invasión del enorme pene en su culo otra vez, no quería cerrar los ojos, quería estar allí en su segunda primera vez. Con un jadeo que casi lo hace perder la concentración vio como los ojos cafés de su humano se tomaban un tinte rojo, unos colmillos filosos se asomaban en su boca. Estaba por decir algo pero el enorme pene golpeo justo sobre su próstata haciéndolo gritar. Jung Min bajo hasta el cuello de su pareja y lo mordió en la unión entre el cuello y el hombro. Jun imito la acción mordiendo la piel de su amante. 

El retumbo de un rayo en lo alto del cielo ilumino la tarde que aun no llegaba a ser noche, haciendo que las vidrieras de todo el edificio vibraran. Jung Min no podía dejar de golpear las caderas contra las de su amante, el sabor de la sangre del joven demonio inundo sus papilas gustativas, el líquido dulce bajo por su garganta. Las enormes alas negras los cubrieron a ambos, las últimas plumas infantiles de Jun volaban por el aire del dormitorio testificando que ya no era un niño.

Jun bebía del humano a su vez. Los hilos de la vida de ambos se entrelazaron formando un cordón más fuerte, unidos por toda la eternidad compartiendo un mismo destino. 

Jung Min pudo ver a través de los ojos de su pareja lo que era el nido, el Templo en toda su gloria en lo alto de una montaña recortado contra el horizonte color fuego, vio a un Jun más joven en el regazo de su madre alimentándose de la sangre que ella le daba a través de la muñeca. Luego los recuerdos lo llevaron ante otro demonio con alas de un color más oscuro que las de Jun, el cabello negro y largo un poco más ensortijado en las puntas, los ojos de un color verde hierba. Saeng, el hermano favorito. Los vio correr juntos, los vio hacer mil y una travesuras, los vio escapar de la bestia alada que los hizo caer al rió de la Desesperación. Con la última gota de su semilla exprimida en el culo de su amante Jung Min cayó junto a Jun con cuidado de no aplastarlo con su peso. Apenas si tubo las fuerzas suficientes para cubrir a ambos con una manta. Con una sonrisa boba en el rostro beso a su dormida pareja que confiadamente descansaba en sus brazos. 

El sonido del teléfono lo regreso al mundo de los vivos. El reloj despertador sobre la mesita de noche marcaba las once de la noche. 

-¿Quién puta…?- Se quejó mientras alargaba la mano hasta sentir el aparato. Jun ronroneaba recostado sobre su pecho, un brazo alrededor de su cintura y una pierna sobre su cadera. Con una sonrisa Jung Min tomo el teléfono para responder. 

-¿Dónde demonios te has metido?- Ladro Hyun desde el otro lado de la línea.

Jung Min respiro profundo y dejo salir el aire lentamente, no quería despertar a su pequeño tesoro que dormía tan plácidamente entre las sábanas. –No soy tu mujer, hijo de puta.- 

Lo saludo amablemente saliendo de la cama lo más lento que pudo para evitar despertar al muchacho.- Deja de andarte metiendo conmigo. 

-Si hubieras sido mi mujer no me habría divorciado, me habría suicidado.- Se quejo Hyun sin poder evitar reírse de las bromas del muy mal parido.- Mira, no te llamo para interrumpir tu follada, pero necesito que muevas tu culo hasta aquí, ahora mismo. 

Jung Min estaba de pie del otro lado de la puerta del dormitorio, desde donde podía ver a su pareja dormir iluminado por la luz de la luna. Tan hermoso. Las alas habían desaparecido, el cabello lustroso sobre la almohada, la piel pálida del rostro y los brazos que sobresalían de entre las mantas. Él era más que una follada, llamar así lo que había entre ellos era una blasfema. 

-Enseguida voy.- Colgó el teléfono sin poder evitar sentirse sobre protector con su pareja. 

Tratando de ser lo más silencioso posible se dirigió al cuarto de baño, necesitaba darse una ducha rápida antes de comenzar con toda la mierda que de seguro lo esperaba en las oficinas. Con una sonrisa se enjabono el cabello negro, el cuerpo de músculos sólidos. Bajo el agua se aclaro lamentando despojarse del olor de su pareja. 

-¿Dónde estás?- Escucho la voz de Jun dentro de su cabeza. El tono asustado no le paso por alto. 

-Estoy a punto de salir del baño,- Le respondió de la misma manera.- espérame en la cama.

Se metió bajo el chorro de agua hasta quitar los últimos rastros de jabón. Tomando una toalla salió del baño secándose el cabello sin preocuparse por cubrir su desnudes. No termino de abrir la puerta cuando sintió el golpe de un cuerpo más liviano chocar contra él. Jung Min lo envolvió con sus brazos hundiendo el rostro en el cabello de su pareja. 

-Todavía estamos juntos.- Escucho la voz ahogada de Jun al estar su rostro contra su pecho.

- Tenía tanto miedo de que desaparecieras. 

-No nos separaremos más- Sentencio Jung Min por medio de su conexión mental. –Esta será tu casa ahora. 

La sonrisa radiante de Jun le dijo lo mucho que le gustaba que Jung Min hubiera asumido tan fácilmente la realidad de su nueva situación. El intercambio de fluidos entre ambos, los votos pronunciados libremente, el amor compartido habían convertido a dos personas en una sola. Recuerdos y conocimientos compartidos, ahora Jun conocía los pormenores del mundo humano y Jung Min comprendía todo lo que venía con su demonio alado. 

-Tengo que salir.- Informo Jung Min apartándose de Jun.- Me acaba de llamar Hyun, el es mi compañero en el trabajo, necesita que me presente para ayudarle con algo que tiene que ver con el caso que estamos llevando. 

Por el emparejamiento Jun sabía de qué se trataba el trabajo de su guerrero. 

-Promete que tendrás cuidado.- Susurro el joven demonio levantando la vista para mirar la expresión decidida de su pareja.- Sé que eres fuerte. Madre siempre dice: “Nunca te confíes, siempre hay uno más grande” 

La rica risa de Jung Min rompió el silencio del dormitorio.- Tu madre es una mujer muy sabia, supongo que nadie vive lo que ella por ser estúpida. Tendré cuidado.- Besando la boquita abierta, agrego.- Tu duerme y mantente lindo para cuando yo regrese. 

Jun respiro profundo tratando de calmarse cuando vio salir a su pareja vestido con un traje azul, camisa blanca y corbata negra con estampados azules. El hombre era tan guapo que se retorcía de celos solo de pensar que otros lo miraran. Trato de calmarse a sí mismo pensando que ese metro noventa de macho era todo suyo, todos podían ver, pero nadie tocar. Al menos si querían conservar las manos



Concentrándose en lo que lo rodeaba decidió que las doce de la noche era tan buena hora como cualquier otra para hacer que su nuevo nido fuera un lugar habitable. Su hombre era un desastre, había varias camisas tiradas sobre el respaldar del sillón, un par de zapatos bajo la mesita de la sala, una corbata tirada sobre la alfombra, eso sin contar el estado de la cocina y el dormitorio, casi temblaba por lo que se podía encontrar en el baño. Usualmente era un dormilón, pero extrañamente se sentía con un exceso de energía que debía ser canalizado. 




Jung Min condujo por la ciudad hasta la dirección que le había indicado Hyun. Las luces de las patrullas y las ambulancias le confirmaron que las cosas eran tan malas como suponía. Varias mantas blancas indicaban el lugar donde cinco cuerpos estaban recostados a la orilla del río, debajo del puente esta vez.

Bajando del auto busco con la vista a su compañero. La cabeza color cobrizo sobresalía de los demás, el tipo era metro noventa y cinco de testarudo hombre. Lo encontró hablando con los paramédicos que estaban allí mirándose unos a otros. Desviando la vista el hombre lo ubico también. 

-Por fin te dignas a aparecer.- Se quejo Hyun tratando de hacerse el gracioso cuando llego junto a él.- Ya estaba sintiéndome celoso. 

La sonrisa boba de Jung Min lo delato.- Ahora soy un hombre comprometido.- Señalando las mantas continuo. 


– Me imagino que les hace falta lo mismo que a los otros. 

-Si.- Respondió Jung Min masajeándose la parte alta de la ceja.- Y se pone cada vez mejor. 

Jung Min se recostó a una de las patrullas que estaba estacionado a escasos metros de los cadáveres. - ¿Y ahora? 

-Tenemos testigos.- Anuncio el hombre como si eso fuera solo otro saco de mierda más.

-Recuerdo que solíamos alegrarnos por cosas como esas.- 

-Eso pensaba hasta escuchar la declaración preliminar.- La cara seria de Hyun no presagiaba buenas noticias.- Nuestros flamantes testigos son unos sin hogar que vivían junto con los otros bajo el puente. Al parecer fueron a comprar licor, cuando regresaban vieron a sus compañeros siendo atacados por lo que llamaron: “dos cosas vestidas de negro”, que les arrancaron el corazón metiendo el puño en sus pechos. Luego vieron a un hombre encapuchado salir de la nada y devorarse los corazones mientras aún latían.

-¿Qué se inyectaron?- Exclamo Jung Min agradeciendo tener la patrulla a su espalda para evitar su caída.- Eso parece la trama de una novela de terror. ¡Qué imaginación de tipos! 

-Yo pensé lo mismo.- Hyun se peino el cabello cobrizo con los dedos, un tic que tenía cuando estaba realmente nervioso.- Llegue junto con las patrullas, estábamos asegurando el lugar cuando se escucho un chillido que rompió las vidrieras de varias unidades. Un sospechoso vestido como lo describieron los testigos estaban corriendo tras un chico sin camisa, con la piel tan blanca que parecía alabastro y el cabello negro largo . Les dimos persecución pero ambos cayeron en el río.

Un mal presentimiento golpeo la nuca de Jung Min . La descripción era sospechosamente muy parecida a la de Saeng, el hermano de Jun. 

– ¿Los están buscando en el agua?- Pregunto Jung Min mientras se enderezaba en toda su altura.- ¿Quieres decir que no han encontrado nada? 

Hyun era bueno observando reacciones.- ¿Qué sabes que no me estás diciendo? 

Jung Min miró a los ojos a su compañero. Iba a necesitar ayuda y el hombre podía dársela, tal vez no era posible decirle toda la verdad, pero si lo suficiente para facilitar las cosas.

-La descripción que diste es la de él hermano de mi pareja. – Anuncio Jung Min temiendo lo peor.

- Estaba por reportarlo desaparecido. 

-Creo que vas a tener que contarme la historia de ese misterioso amante.- La vista de Hyun perdida, mirando al agua sucia del río.- Creo que si es tu cuñado tendrás que dar malas noticias. La idea de ver lágrimas en el rostro de su pareja no era una opción. – Tenemos que encontrarlo aunque tengamos que vaciar el maldito río.

Jung Min miró el reloj que llevaba en la muñeca. Habían pasado todo la madrugada recorriendo las riveras del río sin encontrar ningún rastro. Llego nuevamente al lugar donde Hyun dijo haber visto al chico desaparecer entre las aguas. Rogó en silencio a cualquier deidad que protegiera a los pequeños demonios perdidos, para que se apiadara del hermano de su pareja. 

-No hay nada que podamos hacer aquí.- Anuncio Hyun dándole un ligero golpecito en el hombro a su de su departamento. El saco en la mano, la corbata floja y unas compañero.- Todavía tenemos que interrogar a los testigos. 

Jung Min odiaba dejar a su pareja tanto tiempo sólo en el departamento, aunque la idea de compartir sus sospechas presentaba un futuro aún peor. 

-¡Vamos!- Acepto Jung Min a regañadientes. 

Eran las dos de la tarde cuando por fin se encontró frente a la puerta de su departamento. El saco en la mano, la corbata floja y unas tentadoras ganas de dormir hasta el juicio final. Saco las llaves del bolsillo, estaba por meterlas en la cerradura cuando la puerta se abrió de par en par, tomándolo por sorpresa. 

Jun se arrojo a los brazos de su pareja. Jung Min en ese momento entendió todo lo que significaba vivir con alguien. Sin importar quien pudiera verlos en el pasillo, envolvió en sus brazos al hombre más pequeño, plantándole un beso tan caliente que pensó que las alarmas contra incendio se encenderían. Se veía arrebatador usando su camiseta blanca favorita. Al joven demonio le quedaba tan largo que le llegaba a medio muslo.

-¡Te extrañe!- La sonrisa radiante de su pareja hizo que el corazón de Jung Min se encogiera. Decidió en ese momento no confiarle sus terribles sospechas. 

Tomando la mano más pequeña se encamino dentro del departamento. Jung Min quedó impactado por lo que vio. No parecía su departamento, estuvo a punto de salir solo para asegurarse de que el número era el correcto. 

-¿No te gusto?- La decepción reflejada en los ojos grises de su demonio alado. – Yo lo siento, pensé que te gustaría… 

-Me gusta.- Logro balbucear Jung Min.- Después del día de mierda que he tenido esto es lo más lindo que alguien ha hecho por mí. – Todo esta tan… tan limpio que me da miedo tocar algo. 

La sonrisa de Jun se ensancho mostrando unos dientes parejos y un par de colmillitos filosos como navajas.- Te preparé la cena. 

-¿Cómo lo hiciste?- Pregunto Jung Min llegando a la cocina. Los olores seducían sus sentidos.- Tu mundo esta tan diferente a este. 

Cuando nos apareamos.- Explico Jun manejándose en la cocina como un experto.

–Compartimos conocimiento, hasta podría manejar un auto y tú podrías encontrar la cajita de golosinas que escondo de mi hermano Saengdetrás de un bloque de la pared.- Jung Min pudo notar como los hombros caían a la mención del chico. 

-Lo encontraremos.- Anuncio Jung Min abrazando desde a tras el pequeño cuerpo que había comenzado a temblar.- Ya puse la denuncia de desaparición. Si esta en alguna parte de esta ciudad o del país, me lo informaran apenas aparezca. 

Con un pequeño movimiento de cabeza Jun asintió. – Confió en ti.- Puso toda su fe en su guerrero de brazos fuertes y pecho solido.- Si alguien lo puede encontrar eres tú. -Deja la cocina un rato.- Rogo Jung Min haciendo un puchero.- Necesito de alguien que me lave la espalda. 

La alegría regreso al rostro de Jun, dando la vuelta subió los brazos al cuello de su hombre, estirándose restregó su erección sobre el pantalón del Agente del FBI. 

-Me he estado portando mal.- Confeso el pícaro moviendo las cejas insinuoso. – He metido mano en todas tus cosas. Merezco una buena reprimenda.- El sonrojo en las mejillas le daba al joven un aire inocente encantador. 



-Y la tendrás, mocoso.- Anuncio Jung Min mientras bajaba el rostro buscando los labios dulces de su amante.- Pero primero me darás un baño. 




Se lavaron mutuamente, el jabón y la espuma recorrieron los cuerpos abrazados por las calenturas del sexo. Jun aprovecho la oportunidad para hurgar con sus manos abiertas el dorso marcado por músculos que parecían cincelados en piedra. La piel bronceada contrastaba con la palidez color crema de la suya.

-¿Por qué no lavas más abajo?- Propuso Jung Min deseando
sentir esas manos sobre su dureza. 

Con un encantador sonrojo Jun comenzó a bajar hasta quedar de rodillas adorando a su dios pagano. Con la lengua rindió culto al asta que se erigía entre los rizos negros cortos. Recorrió las venas, la envoltura de seda cubriendo acero sólido.

Sintiendo como su propio pene estaba destilando líquido lo tomo con la mano que no sostenía el miembro de su hombre. Sin poder soportarlo más Jung Min hizo subir al pequeño demonio de lengua traviesa.


-Date la vuelta- Ordeno Jung Min colocando a Jun contra la pared, las manos apoyadas en las losas húmedas. – Es hora de que recibas tu reprimenda, dura, justo aquí.- Habló mientras golpeaba con la mano abierta uno de los tentadores globos.

-¡Mmmm!- Jun reacciono echando el trasero hacia atrás,
buscando el contacto con el pene de su hombre.-

¡Entra!...¡Tómame!... ¡Ahora!

-Primero tengo que prepararte.- Se negó a darle gusto al chico sin hacerlo chillar lo suficiente. – Ahora, separa las piernas y ofréceme ese botón de rosa.

Jun obedeció apoyando las manos contra la pared, inclinando la espalda. Sintiéndose expuesto, vulnerable, totalmente a disposición de su amante, estuvo a punto de venirse con la simple imagen. Un dedo invadió su carne, luego otro, hasta que un tercer dedo hizo tijera estirándolo para el enorme miembro.

-Me vengo.- Advirtió el joven demonio cuando Jung Min roso su punto dulce.

El hombre alineo el pene en la apretada entrada, sin mucho tramite se empujo hasta la empuñadura disfrutando de la sensación de ser estrujado por las inocentes carnes. 

-¡Mío!- Gruño Jung Min comenzando a entrar y salir con un ritmo frenético. Los grititos de su compañero de juegos no dejaron duda de que era justo lo que ambos necesitaban.

Inclinando la cabeza Jun se encontró con los labios de su amante en un beso lleno de promesas, lengua, labios y dientes en una danza que hacía que el tiempo dejara de avanzar, en lo que dura un orgasmo de los que encienden el cielo y hacen temblar la tierra.

-¡Te amo!- Fue el grito de guerra de los amantes que
compartían el cuerpo y el alma. 

Jung Min rezo en silencio por ser merecedor de la fe de su hombre, mientras descansaba la frente en la espalda temblorosa de su ángel demonio. 

-¿De qué te ríes?- Interrogo Jun apenas pudo normalizar su respiración.

-De qué es una bendición el hecho de que tus alas puedan desaparecer y aparecer según quieras. No son muy eróticas las plumas mojadas mientras te estoy jodiendo en la ducha.

Con una sonrisa Jun asintió. 

Jung Min se vistió con un pantalón de algodón que aunque le quedaba holgado delineaba bien su firme culo. Jun babeaba mientras se colocaba la camiseta que le había prestado el hombre más alto, le quedaba casi como un vestido corto.

La cena fue sencilla, carne, algo de verdura salteada y una buena copa de vino que guardaba para alguna ocasión especial. Y si su primera cena con su pareja de vida no era algo que merecía la pena celebrarse, ¿qué lo era entonces?

Jung Min disfruto ver el buen apetito del chico. No le molestaba el cuerpo delgado de nadador que lucía, ni las piernas largas, pero le gustaba comer con alguien que se alimentara de algo más que hierbas aderezadas con aceite de oliva.

-Deja de mirarme así.- Exigió Jun justo antes de llevar a su boca un buen trozo de filete. – Me siento como si la cena fuera yo.

-No.- Negó Jung Min llevando la copa de vino a sus labios.- Eres el postre. 

Cuando la noche llego los encontró a ambos haciendo el amor entre las sabanas como si fuera su primera vez. Besos, gemidos y caricias llenaban el dormitorio. Jung Min sentía que nunca se cansaría de su deseoso amante. El chico era tan sensible, un simple rose lo encendía hasta la combustión explosiva. Era tan sensual, todo en el era tan deseable. El
cabello negro que se enredaba en sus dedos, los músculos delgados bajo la piel de satín, las piernas torneadas que envolvían su cintura cuando se enterraba hasta las bolas en su ano. Con un grito vació el contenido de sus testículos en el cuerpo tembloroso de Jun, que a su vez rego con su semen el vientre de ambos. Con una sonrisa satisfecha se entregaron a un sueño tranquilo. 

Jung Min abrió los ojos a la mañana, la luz del sol iluminaba el panel de vidrio que separaba el dormitorio del pequeño balcón.

El reloj de la mesita de noche marcaba las seis de la mañana.

Incorporándose se apoyo en el codo para ver el rostro de su amante que dormía con el rostro recostado en su hombro.

Jun tenía una expresión relajada, las tupidas pestañas risadas descansaban haciendo sombra en la mejilla. La boca rosa parecía sonreír con inocencia. Jung Min se relamió al recordar lo que esa boquita era capaz de hacer.

-¡Min!- Susurro Jun estirándose perezoso como un gatito que acaba de beber su leche.- Amo despertar contigo. 

-Yo también.- Respondió besando a su pareja.

Jung Min retiro las sabanas de un jalón, dejando el lindo pene de su hombre al descubierto. -Hoy toca jugar en la mañana 

Anuncio llevando su mano al duro eje. En respuesta Jun arqueo la espalda tratando de acercar más el cuerpo a las manos que lo atormentaban.

-¡Minnie!- Grito Jun sentándose de golpe, llevando las manos a la boca salió como un flecha al baño. Un muy asustado Jung Min lo siguió sintiendo como el mundo temblaba bajo sus pies.




-¡Minnie!- Grito Jun sentándose de golpe, llevando las manos a la boca salió como un flecha al baño. Un muy asustado Jung Min lo siguió sintiendo como el mundo temblaba bajo sus pies.

Jun vomito todo el contenido de su estomago en el retrete. Un sudor frio le cubría la frente. Jung Min le sostuvo el cabello para que cuando se inclinara sobre la tasa no lo ensuciara. Cuando se aseguro de que ya la crisis había
terminado tomo una toalla húmeda y la uso para limpiar a su amor.

Con mucho cuidado lo sostuvo para que se pusiera de pie, pasando los brazos por la cintura lo llevo al lavado para que se lavara los dientes. Jun trato de disculparse, el pobre estaba tan avergonzado. No era muy romántico vomitar cuando estabas a punto de hacer el amor con tu pareja.

-Somos los mejores amigos.- Lo tranquilizó Jung Min tomándolo en brazos.- Y somos amantes… No hay vergüenza entre nosotros.


Recostándolo en la cama observo a su tesoro. El color poco a poco regreso a las delicadas mejillas y ya la piel no se sentía tan fría.

-¿Crees que algo de la comida de este mundo te sentó mal?

Jun negó con un leve movimiento de cabeza. De un pronto a otro se sentía muy cansado, quería cerrar los ojos y tomar una siesta. El suave toque en su frente por el dorso de la mano del humano le dio una sensación de tibieza en el corazón, se sentía tan seguro bajo la protección de su guerrero de cabello oscuro y mirada color chocolate. Dormiría un ratito.

Apenas si se dio cuenta cuando las manos tiernas del humano lo arropaban y acomodaba la cabecera bajo su cabeza. Jung Min preparo el desayuno. Era hora de irse al trabajo y el chico no había despertado aún. Estaba a punto de llamar cuando escucho movimiento en el dormitorio. Al entrar
descubrió los más hermosos ojos color arena que lo miraban desde la cama.

-¿Ya te vas?- Pregunto Jun restregándose los ojos. 

-¡Sí!... Pero si te sientes mal yo… 

-No… Estoy bien.- Trato de tranquilizar al hombre que lo miraba desde el marco de la puerta con el ceño fruncido.- Fue algo pasajero.

Jung Min se acomodo la corbata frente al espejo. Abriendo un cajón, saco su arma y la coloco en la funda. – Si te sientes mal tienes que llamarme.-

Advirtió al chico que atacaba el cereal como si fuera su última comida.- Nada de hacerte el valiente. Jun movió la cabeza para decir que si, ya que tenía la boca llena de delicioso cereal con sabor a chocolate. Esa era una de las mejores cosas del mundo humano. Las hermosas alas extendidas a ambos lados de la silla donde estaba sentado le daban un aspecto de lindo pajarito. 

-Verte comer me da hambre.- Se quejo Jung Min dándole un beso a su amante antes de salir por la puerta. 

Jun vio la puerta cerrarse. Apartando el tazón a un lado sintió como las lágrimas recorrían las mejillas. Enfadado se las limpio sin ninguna contemplación con el dorso de la mano.

Estaba seguro que al goloso de Saeng le hubiera encantado el cereal con sabor a chocolate. Se sentía tan mal, él estaba feliz con su pareja mientras su pobre hermanito estaba perdido quién sabe a dónde.

Doblando las manos recostó la cabeza en ellas sobre la mesa.

-Hermanito.- Hablo entre sollozos.- Perdóname... No fue mi intensión meterte en este lio.

Jun despertó cuando el sol estaba en lo alto del cielo. Se había quedado dormido sobre la mesa. Una sensación en el estomago, como si las alitas de una mariposa le acariciara por dentro lo había hecho despertar. De inmediato el hambre lo golpeo de un modo desesperado. Necesitaba algo de comer, y lo necesitaba pronto. Una suerte que los humanos tuvieran ese
maravilloso lugar llamado refrigerador y que su pareja siempre lo tuviera repleto de cosas buenas para comer.

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Saeng estaba recostado tras unas grandes cajas de metal que olían horrible, pero al menos ese olor nauseabundo cubría su propio aroma de sus perseguidores. La herida en el hombro ya había sanado dejando solo una cicatriz rosada que pronto desaparecería por completo. Su estomago gruñía hambriento, no había comido nada desde que había salido del Templo con su pequeño hermano. Suplicaba a los dioses que el chico
estuviera bien.

Las tinieblas cubrían el cielo de un tono gris. Le había gustado la luminosidad del día, la noche haría que los demonios gulu comenzaran otra vez su persecución. Poniéndose de pie convoco una espada que brillo al ser iluminada por un rayo de luna. No iba a ser la comida de nadie, al menos no hoy.

Un viento frio soplo por el callejón haciendo que la piel desnuda de su dorso se erizara, se abrazo a si mismo tratando de darse calor. Vestir solo un pantalón holgado hecho de una tela suave como el algodón, el dorso desnudo al igual que los pies no era precisamente estar muy abrigado. El cabello suelto le llegaba hasta la cintura, eso al menos calentaba su espalda cuando tenía las alas replegadas.

Los ojos color verde esmeralda verificaron que no hubiera testigos de su existencia, los humanos no tenían fama de ser muy comprensivos con lo que no podía entender. Extendiendo las alas salto para tomar impulso, batiendo las alas gano altura.

Era hora de cambiar de estrategia. No era conocido por sentarse y esperar como un niño bueno. Nada de eso. Una vez en el aire era invisible a los ojos humanos, cosa que no era difícil, ya que los humanos son criaturas sordas y ciegas por pura elección. 

La ciudad de los mortales era un misterio para Saeng, construían delicadas montañas de metal recubiertas en cristal y las llenaban de luces. Las calles estaban llenas de aparatos metálicos con ruedas, eran de todos los tipos.

Para el demonio alado todo eso no era otra cosa más que un gran hormiguero. Cansado de volar sin rumbo fijo y sintiendo el frío hasta el alma decidió regresar a la orilla del río por donde había entrado al mundo de los humanos, tenía la esperanza de encontrar a Jun allí. Tal vez ambos estaban igual de perdidos y ese sería el lugar de encuentro natural.

Con mucho cuidado Saeng aterrizo bajo el puente, sobre uno de los pilares que lo sostenían. Desde esa altura se mantenía lejos de las miradas curiosas de los humanos que transitaban sobre el puente y a la vez estaba suficientemente lejos del suelo. El lugar estaba vacío, era como si desde las ratas hasta los humanos compartieran el mismo mecanismo de de auto preservación. A ninguna criatura viva le gustaría toparse con un demonio gulu. Esas cosas se alimentan de otros seres cuando estos aún seguían vivos, haciéndolo simplemente por el placer que les provocaba el dolor ajeno.

Las luces de un automóvil le advirtieron que algún humano se acercaba, pronto llegaría cerca de la base del puente. Saeng pego su cuerpo a la estructura de hormigón, replegó las alas negras y se quedo quieto.

Desde esa altura vigilo cada movimiento del vehículo, este estaciono a unos metros del agua del río. La puerta del conductor se abrió dejando salir a un hombre alto, de cabello rubio claro. A Saeng le recordó el color del oro. 

Estirando el cuello el demonio alado quiso ver mejor al humano de cuerpo de guerrero, se lo imagino con una armadura romana y una espada de acero en la mano. Una lástima que los humanos fueran tan asustadizos, de seguro se mearía en sus pantalones si viera a un demonio alado aterrizar justo a su lado. Con esos locos pensamientos se entretuvo observando como el humano recorría la rivera, como si buscara algo.

El humano camino unos cien metros y luego regreso hasta el lugar donde estaba el automóvil. Saeng estaba intrigado con el humano, la brisa de la noche había llevado hasta él el aroma del hombre. Olía rico.

Cuando el hombre de cabello de oro arranco el auto, y sin nada mejor que hacer, comenzó a seguirlo desde el aire. Dos veces estuvo a punto de perderlo entre el trafico, pero Saeng estaba decidido a no perderlo de vista.

El humano llego hasta un edificio no tan bonito como los otros que había visto en la ciudad. Dejo el vehículo guardado tras una pesada cortina de metal. A Saeng le fascino ver como el hombre se movía, cada movimiento era preciso, nada de sobra. Saeng aterrizo sobre la azotea de un edificio, apenas si se atrevía a pestañear por temor a perderlo en la oscuridad de la
calle vacía. 

Le comenzó a preocupar que algo le sucediera, un extraño temor le retorció las entrañas, hasta ese día su única preocupación siempre había sido la felicidad de su pequeño hermano Jun. El humano caminaba confiado, como si no existieran criaturas capaces de matarlo con apenas un golpe.

El tipo era alto, hombros anchos, se notaba que no era precisamente indefenso, pero entre las criaturas de la noche ese tipo era un bocadito suculento. Al menos a Saeng le parecía la cosa más fascinante que había visto en su vida.

Saeng se quedo allí en la azotea, ese humano necesitaba que alguien lo vigilara, era muy imprudente. Una de las ventanas, antes a oscuras, se ilumino, dejando ver al sujeto de las preocupaciones del demonio alado. 

Saeng estaba sin poderse mover, estaba técnicamente clavado al piso, apenas si podía pasar aire a los pulmones. El hombre se estaba desnudando justo frente a la ventana y él tenía perfecta visibilidad desde donde estaba.




El sonido del teléfono hizo que Hyun volviera a acomodarse la camisa. “Hijo de perra”, decía el identificador de llamadas, ese era Jung Min. 

-¿Tu novio se dio cuenta del pedazo de culo engreído que
eres y te hecho a la calle?- Se mofo Hyun. 

-¡No!- La tensión de la voz de Jung Min. no le paso por alto a su compañero.

-¿Qué pasa?- Termino de acomodarse la ropa, sabía que tendría que salir. 

-Algo estaba rondando mi edificio cuando llegue.- La tensión controlada puso en alerta a Hyun.- Lo seguí pero se evaporo en el aire.

-¿Una sombra negra?- Pregunto Jung Min temiendo la respuesta. 


-Justo como lo que viste en el río. Una sombra que se evaporo en el aire apenas trate de acercarme.

-Voy para allá.- Tomo el arma y la acomodo en la funda.

Estaba listo para llenar algún trasero de plomo. Sonrió al recordar la frase de una película clase B que vio la noche pasada.

Con las llaves en la mano se dirigió a la puerta del dormitorio cuando lo sintió, alguien lo vigilaba. Tenía suficiente tiempo de trabajar como agente como para no reconocer el frio en la nuca y el escalofrió que le recorrió la espalda.

Fingiendo no darse cuenta evito el reflejo de volver a ver la ventana abierta, estaba seguro que alguien desde el otro lado de la calle tenía los ojos puestos en él. En ocasiones era mejor fingir ignorancia, si hubieran tenido planeado matarlo, ya lo habrían hecho.

Sin mirar atrás salió del departamento. Tomo el ascensor y llego hasta el garaje. La ruta estaba bastante despejada a esa hora de la noche, así que en poco tiempo logro estacionar frente al edificio de Jung Min. Con la mano dentro del saco le quito el seguro a la funda, estaba listo para cualquier contingencia. 

Apenas salió del auto la idea de que alguien lo seguía era tan tangible como un golpe en la nuca, pudo sentir el peso de la mirada vigilante sobre él.

La calle estaba iluminada, uno o dos transeúntes regresaban de una noche de juerga. Nada como para inquietarse. Las luces de un coche ilumino las sombras y luego doblo en la esquina. Hyun paso la vista una vez más
esperando ver algo sospechoso. Frunciendo el ceño se dio por vencido. El hecho de que no hubiera descubierto a su acosador no quería decir que no estuviera allí.

Apenas entro al edificio vio a Jung Min recostado a la pared junto al ascensor. Vestido con un pantalón de mezclilla y un abrigo azul parecería a un tipo esperando le abrieran, pero Hyun sabía que esa mirada oscura en sus ojos cafés no presagiaban nada bueno. El tipo podía ser una verdadera
patada en el culo cuando se lo proponía.

-¡Ya llegue amorcito!- Saludo Hyun.- Ahora dime si habrá fiesta.

Jung Min le dedico una sonrisa ladeada.- Amorcito, tu culo.-

Llegando hasta Hyunle dijo suficientemente bajo para que nadie lo escuchara.- Algo está pasando y te lo digo, no me gusta nada.

-Somos dos.- Respondió Hyun tocando la funda con el arma bajo el saco en un gesto que quería parecer casual.- He tenido la sensación de que algo me sigue y no he podido descubrir desde dónde ni quién.

-Vamos a caminar.- Invito Jung Min pasando junto a su compañero dirigiéndose a la salida del edificio. Hyun pudo ver la forma del arma dibujarse bajo la tela holgada del abrigo.

-Vamos.

Dieron varias vueltas al edificio. Llegaron hasta el callejón donde la sombra que Jung Min perseguía se desvaneció. Hyun fue al coche para ir por unas linternas. Revisaron a conciencia. Lo único fuera de lugar que notaron fue que los perros callejeros ladraban desesperados a la pared donde la cosa extraña había desaparecido.

-¡Raro!- Comento Jung Min dejando salir un resoplido impaciente.- Sólo los perros y yo creemos que algo anda mal. 

-No te preocupes.- Apoyo Hyun apagando la linterna que tenía en su mano.- Yo tuve la misma sensación en el río. Es como si algo helado, muerto, estuviera allí.

-Tal vez estamos trabajando demasiado.- Entrego su linterna a Hyun – Nos estamos poniendo viejos. 

-Vieja la luna y sigue en el cielo.- Se defendió Hyun haciendo un movimiento negativo con la cabeza.- Ahora que tu si tienes que tener cuidado con ese novio que tienes, no vaya a ser que se canse de estar con un viejo como tú. -Tengo treinta… Además…¿Cómo sabes que el viejo no es él?

La risa de Hyun fue casi ofensiva.- Porque eres demasiado hijo de puta como para dejar que alguien te joda.

Tuvo que recordarse a sí mismo que era Hyun con quién hablaba. No podía
brasearle el cargador del arma solo por ser un imbécil.

-No hables así de Jun.- Quiso dejar las cosas claras.- Es mi pareja y no voy a aceptar que lo denigres con esos comentarios.

La luz de un coche ilumino la calle al pasar. El cabello rubio de Hyun, su apariencia seria contrastaba con la presencia oscura y obstinada de Jung Min. 

-Vas en serio.- Fue una observación, más que una pregunta.

Jung Min pensó un momento en una respuesta honesta que no revelara demasiado.- Creo que es “el hombre”. Mis días de soltero son cosa pasada.

-Me alegra por ti.- No tuvo más que decir Hyun.- Ten cuidado. 

-Un día de estos te lo voy a presentar.- Pararon de caminar frente a la entrada principal del edificio.- Te invitaremos a cenar, o algo así.

-Creo que quiero conocer al hombre que te convirtió en un
perro doméstico.

Ambos sonrieron. Era más probable que el infierno se congelara antes de que Jung Min sentara cabeza. Ahora debían estar pidiendo frazada las almas condenadas.

-¿Crees que alguno de los casos que estamos investigando
quiso hacerte una visita social?- Pregunto Hyun cambiando de tema.

-Si es así, la pregunta es. ¿Cómo obtuvieron mi dirección?

-Pienso lo mismo.- Estuvo de acuerdo Hyun.- Creo que hasta que sepamos que pasa no deberíamos comentarlo con el jefe.

-¡Creo que tienes razón!

Jung Min subió al ascensor. En el departamento su pareja lo esperaba sentado en el sofá de la sala arropado con una manta.

-Te tardaste.- Se quejo Jun dando un largo bostezo. – Te extrañe en la cama.

-Me alegra.- Hablo Jung Min mientras se preguntaba cómo había sido tan afortunado. En la tarde habían ido de compras. Algunos pantalones, varias camisetas y zapatos nuevos, además de algunas piyamas. Su demonio alado era tan hermoso, los grandes ojos color arena lo miraban con un brillo lleno de amor que hacía que las entrañas de Jung Min se encogieran de placer. Él era suyo para amar y ser amado.

Sentándose junto a Jun en el sillón lo abrazo. –¡Te amo!

En respuesta el joven demonio alado levanto la cara buscando un beso.- Te creo solo si me besas.

-Haré más que eso.- Prometió Jung Min levantando en brazos a
su pareja.

Una vez en la cama Jung Min se desnudo y desnudo el delgado cuerpo del hombre bajo él. Le encantaba sentir como temblaba con cada caricia, con cada beso. El chico era tan sensible que casi se corría con el menor estimulo. Hicieron el amor varias veces esa noche.

Al llegar al día siguiente a la oficina fue directo a la computadora, tenía que sacar una información para un amigo que trabajaba de encubierto. Paso toda la mañana y Hyun no se presento a trabajar, al llamarlo al móvil no tuvo respuesta.

Dejo pasar varias horas y antes de reportarlo como desaparecido pensó en ir al departamento. Jung Min tenía una llave que Hyun le había entregado
unos meses antes. Él tenía también una copia de la de su departamento, era un convenio de un par de almas solas que no querían que sus cadáveres fueran encontrados por el mal olor, podridos sin que nadie los buscara.

Usando la llave abrió la puerta. El lugar eran dos habitaciones perfectamente ordenadas, como era de esperar en un obsesivo compulsivo como Hyun. Jung Min estaba seguro de que hasta las pobres cucarachas tenían todo un protocolo que seguir si querían entrar al departamento.



Apenas abrió la puerta y Jung Min estuvo seguro de que su amigo no estaba allí. No era como que hubiera mucho sitio a donde esconderse. La concina estaba perfectamente ordenada, en la parte dedicada a la sala estaba solo un sofá frente a una pantalla de televisión. Comenzando a estar realmente preocupado entro al dormitorio. La cama estaba hecha, parecía como si Hyun no hubiera regresado la noche anterior.





Una sensación fría le recorrió las venas. Algo le había ocurrido a Hyun, él no era de los que se tomaban un día sin avisar en el trabajo o al menos advertirle a su compañero. 

Por primera vez en su vida Jung Min conoció el significado del miedo. Quién quiera que merodeo su departamento siguió a Jung Min. El hombre podía bien estar junto al río sin su corazón. 

El solo pensar que alguien hubiera entrado a su departamento y se llevara por la fuerza a Hyun le quito la respiración. Debía ir a revisar que el chico estuviera bien, solo dios sabía si algún caso que había investigado regresaba para morderles el trasero.

Todo el camino del piso de Hyun a la planta baja se la pasó tratando de comunicarse con su pareja. Lo intento por la conexión metal, no sabía si a tanta distancia podía funcionar, pero igual le puso esfuerzo. Como resultado, nada. La otra opción era el teléfono, pero el resultado fue el mismo.


Sintiéndose frustrado llamo a la oficina reportando la desaparición de su compañero. Pronto el FBI daría una alerta, lo buscarían hasta por debajo de las piedras.

Condujo por la ciudad como un loco. Tuvo suerte de que no lo detuviera ningún policía. Cuando entro al departamento encontró a su pareja dormido en el sillón de la sala. Al acercarse al teléfono descubrió todas sus llamadas como perdidas en el identificador. El chico había caído como un
tronco.

-¡Saeng!- Grito Jun despertándose de golpe.

Jung Min dejo el arma en la mesita junto a la entrada. Corrió a abrazar a un tembloroso Jun. Las alas extendidas a cada lado de su cuerpo, el cabello revuelto por dormirse, una de las pálidas mejillas marcadas con las formas del acolchado del sofá. 

-¿Qué te pasa?- Pregunto Jung Min sentando en su regazo a Jun. 

-Tuve un sueño horrible.- Hablo tratando de calmarse a sí mismo.- Sólo fue un sueño. 

Para ese momento Jung Min ya no estaba como para calificar como descabellada ninguna idea.- Dime qué soñaste.

Jun levanto la cabeza del hombro de su amante. 

Mirándolo a la cara tomo aire.- Soñé con mi hermano, con Saeng. 

Lo vi herido. Estaba sangrando y su sangre manchaba el pavimento.-Un escalofrió recorrió el cuerpo del hombre más pequeño.- Sombras oscuras lo rodeaban, demonios gulu, estoy seguro de eso. 

Jung Min se puso de pie dejando a Jun mirándolo perplejo. No podía entender por qué de pronto se puso tan tenso, parecía a punto de saltar sobre algo, como un gato acorralado.

Jun se dio el gusto de mirar a su pareja contra la luz de la ventana, el hombre parecía como si estuviera por descubrir los secretos del universo en el paisaje estéril de la ciudad. Vestido con un traje azul oscuro, el nudo de la corbata flojo, la camisa con dos botones desabrochados, era como un guerrero celta disfrazado de hombre civilizado.

Al demonio alado se le hizo agua la boca imaginando toda la piel desnuda que había bajo tanta tela. Se moría por enredar los dedos en los mechones de cabello negro rebelde de su amante mientras disfrutaba de una mamada. Con un jadeo trato de recordar por que había despertado gritando.

Últimamente tenía impulsos que no podía entender. A veces atacaba el refrigerador como si no hubiera comido en días, en otras ocasiones todo lo que comía le revolvía el estomago. Ahora quería ser sostenido por su guerrero, esconderse entre esos brazos fuertes.

Los recuerdos del sueño inundaron su corazón más que su mente. Saeng había sido atacado por demonios gulu. Le pedía a los dioses que fuera solo el producto de su imaginación sobre excitada.

Jung Min dejo de mirar a través de la ventana, estaba serio. A Jun se le hizo un nudo en el estomago. Sin poderlo evitar lagrimas gruesas rodaron por sus mejillas. Algo malo estaba ocurriendo, su guerrero no era de los que ponían esa cara por algo como una uña quebrada.

-¿Qué pasa?- Susurro Jun poniéndose de pie, camino despacio hasta llegar frente a su amante. Jung Min lo tomo en brazos y recostó su cabeza sobre el cabello suave del demonio alado.

-¿Los demonios gulu pueden entrar a este mundo cuando quieran?- Pregunto Jung Min sin querer revelar mucho.- Por las memorias que compartimos, sé lo que son, y también se que están atrapados en lo más profundo del inframundo.

Jun estaba sollozando, las manos grandes de Jung Min recorrían su espalda confortándolo. –Tranquilo amor.- Lo consoló dándole un beso que comenzó con una caricia suave sobre los labios, término como una danza de lenguas que les calentó la sangre hasta el punto de ebullición. Las alas aparecieron en su espalda, se extendieron tirando la lámpara junto al sofá.

Poco importaban esas pequeñeces cuando querían joder como conejos sobre la alfombra, sobre la mesa del comedor, sobre el maldito techo si fuera necesario.

-Te deseo.- Susurro Jun clavando las uñas en la espalda de su amante, deseaba tanto ser cubierto por ese hombre alto de músculos sólidos y piel bronceada.

Jung Min decidió posponer la conversación. Ahora quería tomar a su pareja y marcarlo como suyo rellenándolo con su semilla. Con un gruñido termino el beso, para lo que quería había demasiada ropa de por medio. Sin pensárselo dos veces desgarro la camiseta de Jun dejando al descubierto toda esa piel pálida, las tetillas fruncidas eran botoncitos color rosa que
suplicaban por su boca hambrienta.

-¡Mío!- Anuncio Jung Min desabrochando el botón que sostenía en su lugar el pantalón del pijama de Jun. – Este culo es mío. 

Este pene es mío.- Queriendo probar el punto le bajo de un tirónlos pantalones quedando hecho un nudo en el suelo.

-Soy tuyo.- Apenas pudo responder entre jadeos. Jung Min le estaba mordisqueando la oreja, con la lengua comenzó a probarlo en toda la altura del cuello. – Hazme el amor…- Chillo sintiendo la boca húmeda de Jung Min sobre la carne tierna. – Te necesito tanto.

Jung Min se tomo la invitación muy enserio. El cuerpo delgado de Jun temblaba bajo las caricias de las manos grandes de su amante. Era como una guitarra en manos de un maestro. Se tomo su tiempo besando, lamiendo, tentando al chico. 

-¡Aja!- Hablo mientras pasaba la lengua alrededor del obligo de Jun.- Te estás poniendo gordito.

La bruma de deseo se disipo de la cabeza de Jung Min como por arte de magia. - ¿Qué?- Jadeo dando un paso atrás alejándose de la boca que lamia su vientre. – No estoy gordito.

Cubriéndose el vientre se sintió avergonzado por primera vez en su vida. Había empezado a notar que los pantalones le quedaban demasiado ajustados en la cintura. Una desgracia que su amante también lo hubiera notado. No era justo. El hermoso guerrero estaba totalmente vestido, tenía hasta la corbata puesta mientras él estaba totalmente expuesto al
escrutinio. 

-No seas tonto.- Lo bromeo Jung Min halándolo junto a su pecho, los brazos sólidos rodearon la cintura haciendo que se rozaran juntas las erecciones separadas por la tela del pantalón de vestir, se deseaban una a la otra.- Ves a caso que no piense que eres un pequeño dios travieso del sexo. 

Jun levanto la cara tímidamente. – Estoy gordito.- Se quejo volviendo a esconder la cara en el pecho tibio y sólido.- Pero es que a veces me da tanta hambre. 

Por toda respuesta Jung Minlo besó. Si el niño quería comerse al mundo entre dos panes, él haría que lo tuviera en la mesa para el desayuno. Fin de la historia. 

-Te ves hermoso.- Susurro antes de asaltar la boca que se le ofrecía abierta. En ocasiones lo mejor es ir a la acción y ahorrarse las explicaciones. 

Uso toda su experiencia para alejar todo pensamiento coherente de la cabeza terca de su pareja. Jung Min amaba, y eso no era algo que entregara a medias. Era hora de que su pareja se enterara de eso de una vez por todas. Aún vestido recostó el cuerpo más pequeño del demonio alado sobre la alfombra, no iba a perder el tiempo quitándose nada más que el saco. 

Amaba la docilidad de su pareja, la manera en que se entregaba por completo a las caricias. Jun había sido hecho para ser mimado, era tan sensible, su piel color crema tan suave cubriendo unos músculos delgados de nadador. Jung Min beso cada centímetro, lamio, mordió, arrancándole gritos de placer sin tocar el pene duro que ya destilaba presemen.

-Tan lindo.- Beso el lóbulo de la oreja del hombre que temblaba bajo suyo. Las manos apretaban el sexo duro haciéndolo chillar.-Abre las piernas para mí.- Ordeno Jung Min bombeando el pene que lloraba por su liberación. - Voy a tomarte hasta que no recuerdes ni tu propio nombre. Jun solo pudo obedecer, sus piernas se separaron quedando una a cada lado de la cadera de su amante. 

Acostado en la alfombra sobre su espalda, ambas manos colocadas sobre su cabeza, las alas descansaban sobre el suelo relajadas. Estaba en manos de su guerrero.

Jung Min lo observo sin pestañar. Aún no entendía que había hecho para merecer a su demonio con alas. Era increíble que solo unos meses atrás su vida fuera un ciclo de levantarse, patear traseros, salir a buscar un culo para joder y luego regresar solo a su departamento. Ahora tenía a ese hombre que había volcado su mundo de cabeza entregándose sin reparos.

Lo protegería con su propia vida.

Tomándose su tiempo desabrocho sus pantalones y bajo la cremallera liberando su erección. Con la otra mano comenzó a jugar con el botón de rosa que palpitaba esperando su polla.

-Te quiero dentro.- Gimió Jun levantando las caderas al sentir un dedo grueso que lo invadía. Su cuerpo comenzó a secretar un aceite que lo preparaba para ser penetrado. – Lo quiero ahora.

Jung Min sonrió. Dejando de jugar con su propia erección, comenzó a acariciar el vientre ligeramente hinchado de su pareja mientras con la otra mano dilataba su entrada. -¿Estás listo para mí?

-¡Sí!- Apenas pudo balbucear al sentir un tercer dedo que lo abría. ¡Estoy listo. Por favor… por favor! 

-Eres tan lindo cuando ruegas.- Se empujo hasta las bolas, gozando al ver como su amante trataba de follarse a sí mismo. – ¡Te amo tanto!- Sello con un beso las promesas compartidas mientras no paraba de bombear dentro del cuerpo del hombre más pequeño. – Tan apretado.

Se vinieron juntos. Sus gritos y gruñidos llenaron el departamento mientras eran sacudidos por los espasmos. Jung Min se dejo caer junto a su amante que con los ojos cerrados trataba de que su mundo volviera a la normalidad. Mirándolo Jung Min pudo apreciar que Jun tenía suaves ojeras bajo sus ojos, las mejillas algo hundidas y el vientre estaba más rellenito de lo normal. Recordando las nauseas en la mañana, los cambios de
humor repentinos, los caprichos con la comida de su pareja,
sonrió. Si el chico fuera una mujer podía jurar que estaba preñado.






Besando en la frente a Jun tuvo que sonreír al ver la mirada soñolienta en los grandes ojos grises, la sonrisa satisfecha que se asomaba en la boca sensual que tan buenos trabajos podía hacer. Abrazándolo dio la vuelta quedando debajo y Jun acomodado sobre su pecho. Era sensual estar vestido y tener a su amante totalmente desnudo. El cuerpo de Jun
estaba lapso, la cabeza recostada sobre su hombre, el cabello caía como una cascada suave. 

-¿Qué está pasando?- Pregunto Jun en un tono de voz tan bajo que Jung Min apenas lo pudo escuchar.- Algo me estas ocultando.

Las manos de Jung Min recorrieron la espalda desnuda hasta llegar al trasero redondo, el gemido de Jun y la dureza que se comenzó a incrustar en el vientre le dijo que su pareja se estaba calentando otra vez.

-Todavía no estoy muy seguro.- Evadió Jung Min besando el hombro desnudo que se ofrecía tentador cerca de su boca.- Es algo con el trabajo. Nada de lo que tengas que preocuparte. Jun no se lo creyó ni un poco, pero la boca tibia de su amante comenzó a juguetear con su cuello haciendo olvidar por donde iba el tren de sus pensamientos. Una cosa llevo a la otra, acabaron en la cama haciendo el amor despacio hasta llegar juntos a un orgasmo dulce de dos almas enlazadas. 


Min dejo a Jun acostado entre las mantas. Lo arropo con cuidado, un suave beso sobre los labios entre abiertos. Aun dormido estiro el cuello buscando otro beso de su amante arrancándole una sonrisa dulce a Min. 

-Descansa.- Ordeno Min dándole otro beso.- Mantente lindo para mí.

Jun sintió el momento en que el colchón se movió con el cambio de peso al levantarse Min. Quería abrir los ojos, estirar los brazos y retenerlo para siempre entre sus alas. El problema es que estaba demasiado cansado como para moverse. Más tarde arreglaría cuentas con ese humano que tomaba ventaja de su cansancio para escapar.

El sonido del agua al correr término por adormecer al demonio alado, dormiría solo un ratito más. El golpe de la puerta del departamento al cerrarse lo hizo despertar de golpe. Mirando el reloj de la mesita junto a la cama descubrió que había dormido más de lo que se imaginaba. Se sentó despacio tratando de que su estomago no se diera por enterado que ya
era de mañana. Con cuidado puso los pies desnudos sobre la alfombra, ese fue el momento justo en que su estomago despertó. Sabiendo lo que le esperaba corrió al baño.

Después de una ducha caliente, lavado de dientes y cepillado de su cabello , se miró en el espejo de cuerpo entero que había en el dormitorio.

La imagen que le devolvía la superficie reflectante era el de un hombre de un metro setenta, piel color crema desnuda cubriendo un cuerpo delgado de músculos hechos para la velocidad más que para la fuerza. Sus ojos grises recorrían la imagen tratando de descubrir que había de diferente. 

Las alas extendidas a su espalda ya no tenían las plumitas de cuando era un bebe, ahora era todo un hombre con plumas tan negras como las alas de un cuervo. Su rostro seguía teniendo las mismas facciones delicadas, sus ojos tenían el mismo tono color arena, el cabello suelto caía a ambos lados de su cara, era él mismo, pero a la vez no lo era. Bajando la mirada llego a su vientre que cada día estaba un poco más hinchado. 

Jun tuvo que apartarse del espejo, tomando la bata de baño que había sobre la cama se cubrió cerrándola con un lazo a la altura de la cintura. Sentando sobre el colchón comenzó a llorar sin poderse detenerse.

Min, justo antes de comenzar a hacerle el amor se veía tan serio, casi enfadado. De seguro resentía que su pareja se estuviera poniendo gordo, quizás era cuestión de tiempo o de encontrar alguna excusa para despedirlo. Cuando le había preguntado qué pasaba le había mentido dándole vueltas a la verdad para no tener que pronunciarla. Como hacía
últimamente cuando se ponía nervioso, abrazo su vientre, tratando de consolarse a sí mismo. Llorar. Nunca había sido de los que lloraban, ahora lo hacía por cualquier motivo. Si la Madre estuviera allí, o al menos Kyu, le podrían decir que es lo que pasaba, que estaba mal con él. 

El mundo de Min que era tan luminoso con ese hermoso sol amarillo que iluminaba la calle más allá de su ventana, pero él sentía como si un manto oscuro cubriera su corazón. El día transcurrió tan lento como todos los anteriores cuando Min no estaba en el departamento. Cuando tuvo todo limpio y después de comer algo, se sentó en el balcón observando como la luz del sol se ocultaba tras los altos edificios. Min había llamado hacía una hora para avisarle que no llegaría a cenar. Algo con el trabajo que se había
complicado. 

La sensación de algo oscuro que se cernía sobre él, un mal presentimiento estaba haciendo que el latir de su corazón luchara contra algo que lo estrujaba. 

-¡Saeng!- Chillo Evan poniéndose de pie de un salto. Esa sensación no podía ser otra cosa más que su hermanito estaba en problemas serios, estaba sufriendo. Siempre había sido muy cercana su relación de hermanos, hasta el punto de adivinarse los pensamientos.

Busco con la mirada el teléfono inalámbrico, no estaba en la base. – ¡Maldición!- Golpeo con el pie la alfombra. Cuando más necesitaba el maldito aparato este desaparecía. Tenía que llamar a Min, tenía que decirle lo que estaba sucediendo. En ese mundo su compañero era la ley, si alguien podía… 

-Por eso estaba tan silencioso a noche.- Grito Jun a la imagen en el espejo cuyos ojos habían dejado de ser un tranquilo gris hasta llegar a un rojizo intenso.- El sabe que a mi hermano le pasa algo y me lo oculto a sabiendas de lo importante que es para mí. 

Las alas negras desplegadas a su espalda. Estaba cabreado. Abrió el closet, saco un pantalón y una camiseta, dos ganchos más y encontró un abrigo. Haciendo desaparecer las alas se puso la ropa sin importarle mucho el hecho de que no pudo abrochar el botón del pantalón y que el abrigo le quedara un poquito ajustado en la cintura. Iba a encontrar a
Saeng aunque fuera lo último que hiciera, y lo haría solo.

Estaba terminando de atarse las agujetas de los zapatos deportivos cuando escucho el timbre del teléfono. Siguiendo el sonido lo encontró bajo el sillón de la sala. 

-¡Halo!- Fue lo mejor que se le ocurrió responder. No estaba
de humor para responderle cariñosamente a su pareja. 

-Me dijeron que estas buscando a tu hermano.- Hablo una voz de hombre que no pudo reconocer. Definitivamente no era Jung Min. 

-¿Quién es? 

-Alguien que quiere ayudarte.- El sonido de la voz hizo que un escalofrió recorriera la espalda de Jun.- Alguien que sabe dónde está tu hermano.

La respuesta le pareció lo más lógico del mundo.- Entonces dígame donde está. 

La risa que escucho del otro lado de la línea le dijo que algo siniestro estaba en ese hombre. 

-No es tan fácil.- Sentenció la voz con un tono cruel.- Si quieres a tu hermano tendrás que venir por él.

Jun trago, no era que tuviera miedo. Los humanos no eran criaturas muy resistentes, eran tan delicados que el peligro estaba en romperlos. Ahora que con Jung Min las cosas eran diferentes, después de beber la sangre mutuamente y del intercambio de fluidos, la naturaleza del hombre había
cambiando hasta convertirse en una criatura tan fuerte como cualquier demonio alado. El humano que hablaba a través de la línea sería presa fácil para Jun, el problema estaba en que sentía que debía protegerse a sí mismo, no era que fuera un cobarde. Era algo más, algo que no podía poner en palabras.

-¿A dónde tengo que ir?- Respondió Jun pensando en que necesitaría pedirle ayuda a Min, el sabría qué hacer. 

-Tendrás que venir solo.-Explico despacio la voz en el teléfono.- Soy un hombre muy nervioso, las multitudes me hacen hacer cosas de las que después todos nos arrepentiremos, especialmente tu hermano.

Jun no tenía mucha experiencia en ese mundo, pero pudo entender claramente a que se refería el humano. Le estaban tendiendo una trampa, no entendía la razón, pero era una trampa.

-Se hará como usted diga.- Acepto Jun demasiado rápido. 

El hombre al teléfono le dio una dirección justo antes de volverle a recordar la importancia de dejar el asunto exclusivamente entre ambos. Jun podía ser joven para ser un demonio con alas, pero sus diez mil años eran más de lo que el humano maldiciente había vivido. En fin, no era un tonto. 

Apenas la comunicación se corto, Jun marco el número del móvil de Min. El tono de ocupado se sonó las cinco veces que repitió la operación. Dándose por vencido tiro el teléfono sobre la alfombra. El reloj de la pared le advirtió que el tiempo se estaba acabando para su hermano.

Recogiendo el teléfono del piso, volvió a marcar el número de Min. No tuvo más remedio que dejar un mensaje en la contestadora.




La luz del otro lado de la ventana había desaparecido dándole al cielo un tono gris en preparación para la noche sin estrellas de la ciudad. Tomando aire lo dejo salir lentamente, debía ir por su hermano Saeng, eso era algo que estaba fuera de discusión. Él siempre había sido su mejor amigo, incondicional sin importar las circunstancias. No podía contar las veces que
habían sido llevados ante la Madre acusados de todo tipo de travesuras, los castigos eran menos castigos cuando se compartían por un compañero de desgracia.

Aprovechando el hecho de que los humanos no acostumbraran ver al cielo, se paro en el balcón del departamento, extendió las alas y salto al vacío. 


Una vez en el aire era invisible a los ojos humanos, eso le daría una ventaja sobre los que retenían a Saeng. Solamente las criaturas paranormales podrían verlo llegar.

La noche llego rápidamente. Jun aterrizo sobre la azotea de un edificio cercano, las tinieblas lo cubrían como el abrazo de un amante. Observando alrededor trato de ver movimiento humano. La zona era un complejo de bodegas abandonadas cerca del río. No se veía nada vivo hasta donde alcanzaba la vista. El lugar ideal para que un demonio con alas hiciera su
diciembre sin llamar demasiado la atención. Era hora de rescatar a su hermano y derramar algo de sangre mortal en el proceso.

Agachándose recogió las alas junto a su cuerpo esperando a los humanos que debían llegar en cualquier momento. Una camioneta negra estaciono justo frente al edificio donde Jun estaba escondido. 

Un tipo gordo y con poco cabello en la cabeza bajo del vehículo con un aire de autosuficiencia que hizo que la sangre de Jun se revolviera buscando derramar la del humano. 

Estaba vestido con un traje negro que le quedaba ajustado hasta el punto de que los botones del saco se parecían reventar en cualquier momento por la presión de la redonda barriga.

Los colmillos de Jun salieron de sus encías, las alas se endurecieron en las puntas listas para cortar como una navaja al golpear a su enemigo. 

Saltando de la azotea cayó sobre el pavimento flexionando las rodillas para amortizar el golpe. Irguiéndose en su metro setenta de altura se preparo para loque llegara.

-Llegas puntual, pequeño demonio.- Hablo el humano como si estuviera acostumbrado a ver a tipos saltando de edificios cayendo sobre sus pies.

-¿Dónde está mi hermano?- Hablo Jun frunciendo el ceño. No estaba allí para hacer amigos.

-Tranquilo muchacho.- Por lo visto el tipo quería morir a sus miserables cincuenta años.- Tu hermano te está esperando. No hay razón para impacientarlo.

-¿Dónde está?- Exigió Jun, ambas alas desplegadas en toda su envergadura.- No tengo tiempo para juegos.

-Entonces sube al auto.- Todo rastro de humor desapareció de la cara flácida y redonda. Los pequeños ojitos tenían un brillo muy parecido a la locura. 

-Te sigo desde el aire.- Jun no era tan estúpido como para entrar en lugar cerrado junto a ese tipo. Tenía un mal presentimiento. Podía sentir una fuerza oscura saliendo del interior del hombre.

-¡Bien!- Acepto el tipo, para su completa sorpresa.

Extendiendo las alas gano altura. Siguió la camioneta hasta una enorme bodega que más parecía un hangar. La sensación de que estaba yendo hacia una trampa era tan palpable como el aire que sostenía sus alas en el aire. Ahora era demasiado tarde para cambiar de opinión.

La camioneta entro por las grandes puertas abiertas dejando a Jun sin opciones. Lo único que lo obligo a seguir a delante fue el sentir la presencia de su hermano. Era tan débil como una llamita enfrentada a la brisa. 

Aterrizando sobre sus pies quedo en el centro de la bodega. Estaba tan oscuro que de no ser por su excelente visión nocturna no habría podido ver más allá de la punta de su nariz respingona. El corazón de Jun golpeaba fuerte contra su pecho bajo la camiseta. Unas suaves pataditas en el vientre le recordaron que debía tener cuidado. En ese momento la
verdad cayó sobre el demonio alado como un bloque de concreto de seis toneladas. Estaba preñado. Era una Madre. 

-¿Asustado, niño?- La voz del humano era burlona. Jun sentía repugnancia de solo escucharlo. El sonido de la puerta de la camioneta al cerrarse le dijo que había llegado la hora de la verdad.

-Ya estoy aquí.- Anuncio Jun dándole a su voz la seguridad que no sentía. – Deje los juegos y entrégueme a mi hermano.

-Los juegos apenas comienzan.

Las luces de la bodega se encendieron de golpe dañando las pupilas dilatadas deJun. Tan rápido como se encendieron se apagaron, dejando al demonio alado ciego y desorientado.

Por puro instinto extendió las alas para apartarse del piso donde estaba el peligro inmediato. Antes de que pudiera despegarse del suelo unas manos frías y pegajosas lo retuvieron. Jun lucho a ciegas, en medio del caos puede ver sombras y las imágenes poco a poco se aclararon.

-¡Demonios gulu!- Grito Jun mientras convoca una espada. Entre la espada y las puntas de las alas corto a dos de los seis demonios que se atrevieron a ponerle una mano encima.

Morder esas cosas era lo más estúpido que alguien podía hacer.

Su sangre negra y espesa era veneno para cualquiera. Jun podía no ser tan grande y musculoso como su Minnie, pero era fuerte y ágil. Las criaturas cubiertas con mantos negros mostraban los dientes y gruñían, una baba espesa salían de las fauces de dientes amarillos, tan filosos como navajas. Los ojos negros y vacíos daban terror solo mirarlos, era como si esas cosas estuvieran huecas por dentro. Listos para llenarse con la
carne, la sangre y el alma de sus presas.

Las bestias habían dado un paso atrás, ya solo quedaban cuatro de ellos, los que chillaban furiosos arañando el aire, pero sin atreverse a enfrentar la espada de Jun.

-¡Deténganse!- La orden llego fuerte y clara desde la parte de atrás de la bodega. Las bestias se detuvieron encogiéndose como perros que temieran un golpe. Jun dio la vuelta para encontrarse con el humano que le había tendido la trampa. El cuerpo de Saeng estaba flojo sostenido por un brazo bajo sus axilas, un arma de fuego apuntando justo en su cabeza. – Sigue
con tus juegos, niño, y tu hermanito se muere.

El humano parecía más fuerte de lo que se esperaría para ese cuerpo blando de baja estatura. El brillo rojizo en los ojos delato la presencia de algo no humano que miraba a través de esos cristales enloquecidos. Los gulu le obedecían, cosa que no ocurriría con un humano. Eso solo podía significar que un “Sacrificio de sangre” había sido hecho. El humano había
entregado a un ser amado con tal de… La sola idea le revolvió el estomago, estaba frente a algo peor de lo que pensaba.

-¿Qué es lo que quieres?- Pregunto Jun sin quitarle la vista de encima a los gulu que gruñían entre el humano y él. - ¿Para qué te tomarse tantas molestias? 

La risa cruel del humano demostró lo loco que estaba. – Poder, vida eterna, tener a todo un Nido de demonios alados bajo mí poder.- Señalando con un gesto de disgusto a los gulu continuo.- Estos cabeza vacía son una molestia a la que tengo que alimentar con corazones vivos cada cierto tiempo, si eso fuera poco, son tan estúpidos como perros.

Jun trago fuerte. El tipo había estado buscando a una Madre. Por eso tenía a Saeng, de algún modo se dio cuenta de que su hermano no era una. 

Solo las Madres podían recorrer los mundos llevando consigo el Nido.

-¿Cómo fue capaz?- Quiso saber Jun temiendo lo peor.

-Un sacrificio de sangre. Soy un hombre libre, nada me ata.

-El amor no es una atadura.- Reacciono Jun dando un paso atrás. Nunca había conocido un alma tan negra como esa. 

-Claro que sí. Mi hija era lo único que me ataba, mi debilidad.- Se burlo el hombre acariciando el gatillo del arma.- Como es debilidad tu hermano. Deberías darme las gracias.

Jun trago fuerte. Estaba en manos de un loco poseído por alguna alma corrompida de las mazmorras más profundas del infierno. Eso no dejaba de ser malo, muy malo. Lo peor de todo es que había arrastrado a su hijo no nacido a un destino peor que la muerte.

-El alma que lo posee no lo hará más fuerte.- Sentenció

Jun tratando de hacerlo entrar en razón.- Solo lo poseerá hasta que ya no quede nada humano. 

-¡Mientes!- Gruño el hombre apretando más fuerte el arma contra la cabeza de Saeng, de seguro dejaría una marca amoratada en la piel pálida.- Ahora soy más fuerte, soy inmortal y gracias a ti tendré un ejército bajo mis órdenes.

-No hagas nada estúpido.- Escucho la voz de Jung Min en su cabeza. Cuando logre sacarte de aquí voy a zurrar ese trasero terco.

Jun nunca había estado tan feliz de ser amenazado. Si conocía a su pareja lo suficiente, sabía que las cosas se pondrían interesantes.

-Tiene razón.- Bajo la cabeza Jun fingiendo estar de acuerdo. – ¿Pero cómo voy a poder ayudar?

La tensión en el cuerpo del hombre bajo lo suficiente para que aflojara el agarre en el arma alejándola de la cabeza de Saeng. 

– Eres una Madre.- Continuó con una sonrisa que le daba un aspecto aún más siniestro, como si viniera de alguien más dentro de él.- Una vez apareado, a pesar de ser un macho.- tendrás hijos. Muchos pequeños demonios alados que me obedecerán o matare a su Madre.

-¿Dónde estás?- Se comunico Jun a través de su enlace mental.

-Buscando refuerzos.- Respondió Jung Min.- Entretenlo, Hyun y yo vamos para allá. 

-Entonces.- Agrego Jun.- Suelta a mi hermano. Después de todo es a mí a quién quieres. 

El humano fanfarrón soltó el agarre en saeng, este cayó al suelo pesadamente. 

-¿Qué le hiciste?- Pregunto Jun sintiendo el estomago revolverse, aunque su rostro no lo demostró. 

-Nada permanente.- Respondió apuntando a la cabeza del demonio alado sobre el piso.- Un amigo me recomendó algo para calmar los ímpetus del niño. 

Saeng estaba acostado de espaldas sobre las baldosas frías del piso de la bodega. Los ojos cerrados y la respiración dificultosa.

-Si le hiciste daño.- No pudo evitar la salida de las palabras, amaba a su hermano y verlo en ese estado tan indefenso era más de lo que podía soportar. 

-Tráiganlo.- Ordeno el hombre a los gulu. Luego mirando a Jun agrego. – Si pones resistencia matare a tu hermano.

Sin otra opción Jun estaba dispuesto a ganar tiempo para ellos así tuviera que entregarse. Los gulu dieron un paso al frente con las manos huesudas y frías extendidas para apresarlo. Un disparo directo al pecho de Jim Campbell, Jefe de policía, lo hizo caer sobre el piso.

-Nadie es inmortal con una herida así.- Grito Jung Min dando un segundo disparo. 

Eso dejó vía libre para que Jun diera cuenta del gulu que tenía más cerca. Desde la parte de atrás de unas grandes cajas vio salir a Min acompañado de un hombre tan alto como él, con el cabello rubio oro.

Unos cuantos disparos más sobre los cuerpos de los gulu los debilitaron lo suficiente para que Jun pudiera actuar sin preocuparse mucho por ser tomado por sorpresa. Con movimientos fluidos y exactos separo las cabezas de los cuerpos, haciéndolo parecer fácil.




Una vez libres de los gulu Jun se agacho para atender a su hermano que estaba sin sentido sobre el piso frío. Al tocar la piel la sintió helada, eso no era bueno. 

-¡Hermano!- Trato de hacerlo reaccionar dándole unos ligeros golpecitos en la mejilla.- Respóndeme, te necesito. No puedes dejarme solo. No ahora.

Saeng simplemente no reaccionaba, la respiración lenta y el corazón se debilitaba con cada latido. Se sentó sobre el piso acunando la cabeza de su hermano contra su pecho. Las lágrimas escaparon mojando sus mejillas, sólo que esta vez sí tenía una buena razón para llorar. Su hermano se estaba muriendo y no podía ver ninguna herida visible que explicara el
porqué. 

-¿Cómo está?- Escucho la voz de Jung Min que se agachaba junto a él.


-No despierta.- Respondió Jun con voz firme mientras sus lágrimas caían sobre el rostro de Saeng.- Mi hermano se muere. 

Un hombre que reconoció de las memorias de Min, como Hyun, se agacho junto a ellos. –Tenemos que llevarlo a un hospital.

Esta vez le toco el turno a Min de poner algo de sentido. 

-No podemos. Podrían descubrir algo que les dé una pista sobre su naturaleza no humana. Vamos a llevarlo a mi departamento. Después veremos. 

Abandonaron el lugar en el automóvil de Jung Min, mientras grades llamas consumían la bodega. Jun explico que los gulu se quemaban con facilidad, así que lo mejor era que toda huella de lo ocurrido fuera incinerada. Lo mejor que se podía hacer era que nadie nunca supiera que el jefe de policía Jim Campbell había hecho un pacto en el que había acabado
matando a muchos inocentes.

Era mejor que todos se quedaran con la idea de que el tipo no pasaba de ser algo déspota y con nula imaginación, además de un campeón comiendo donas.

Hay verdades demasiado duras de digerir.

Hyun y Min se quedaron en la sala de estar del departamento mientras Jun limpiaba con una toalla húmeda a su hermano. Cualquiera que fuera la droga que le habían dado para dormir, lo hizo pasearse entre la vida y la muerte hasta el amanecer.

-¡Amor!- La voz de Min junto a su oído lo hizo despertar. Se había quedado dormido en la silla junto a la cama.- Hyun se quedara a cuidar de Saeng. Tú tienes que dormir en un lugar más cómodo.

Jun quiso negarse, pero el estar de encargo lo hacía sentir muy cansado. Después de tanta adrenalina solo quería dormir.

-¿Crees que lo cuidará bien?- Pregunto Jun recostando la cabeza al hombro de Min cuando este lo levantaba en brazos para llevarlo a su habitación.

-¡Sí!- Respondió mientras llevaba a su tesoro.- Ahora toca cuidar de ti.

Hyun entro a la habitación con cuidado de no despertar al joven demonio que dormía sobre la cama en la habitación de invitados. Sin dejar de mirar al hombre se sentó en la silla que hacía poco había abandonado Jun. Se había quitado el saco al entrar al departamento, el nudo de la corbata flojo y el cabello rubio despeinado dejaba ver el infierno de noche de la que apenas había sobrevivido. Suspirando, Hyun trato de dejar salir todas las dudas que tenía. Era increíble como un hombre se levantaba en la
mañana pensando que no había nada que lo pudiera sorprender, para que unas horas después se diera cuenta de lo equivocado que estaba. La vida era solo una gran broma. 

Un gemido escapo de los labios entreabiertos de Saeng. Hyun tomo la toalla que había dentro de una bandeja con agua y humedeció con ella la frente afiebrada. No se atrevió a hablarle, tal vez así pensaría que se trataba de Jun. Habían ocurrido demasiadas cosas para que se sintiera cómodo con el joven demonio.

Min y Jun de seguro dormían en la habitación contigua, quizás hasta estuvieran haciendo el amor. La idea hizo sonreír a Hyun, era increíble ver a su mejor amigo dando vueltas alrededor de un pequeño hombre que lo tenía comiendo en la palma de su mano. El hijo de puta era afortunado.

Por más que evito estudiar al chico que dormía con la respiración entrecortada, la tentación pudo más que él. Noto que era muy parecido a la pareja de Min, tal vez unos cinco centímetros más alto y un poco más ancho de hombros. Los ojos también eran diferentes, los de Jun eran de un color arena mientras los de Saeng eran verdes como esmeraldas con un brillo travieso que bailaba en el fondo de estos. 

El color gris oscuro del cabello y el largo eran los mismos, hasta la manera en que se les hacia una arruga entre las cejas al enfadarse, era igual.

Verlo allí acostado, dormido como un niño, hizo crecer en Hyun unos inexplicables deseos de proteger. Una verdadera lástima que no fuera una mujer, porqué a él le gustaban las mujeres, de eso no quedaba duda. La única manera en que se pudo haber acostado con un hombre era estando drogado y eso era algo que le había dejado muy claro a Saeng. No quería
malos entendidos. 

Todo el sueño se le había quitado de golpe a Jun cuando Min lo metió bajo el chorro de agua de la ducha. Sin notarlo lo había desnudado y se había desnudado a sí mismo. 

-¡No seas cruel!- Chilló Jun por la impresión sintiendo como Min lo ponía sobre sus pies en la ducha. 

-El agua está caliente.- Le riño Min usando un tono de voz firme.- Será mejor que te comportes. No pienses que se me olvido que saliste a tontas y locas a rescatar a Saeng sin medir que también te estabas poniendo en peligro. ¿Tienes idea de cómo me sentí cuando escuche ese maldito mensaje? 

Jun abrió los ojos de par en par. - ¿Estabas preocupado?

Min no le respondió de inmediato. Tomando el champú comenzó a lavarle el cabello usando un poco más de fuerza de la acostumbrada para restregar los mechones . – A estas alturas se te ocurre preguntarme algo como eso. – Jun decidió guardar silencio, su pareja estaba realmente cabreado. 

- ¿Crees que invito a vivir conmigo a todos los demonios sexis que me jodo en sueños? 

Jun estaba demasiado feliz al saber que había actuado como un tonto al dudar de su amante. – ¿Aunque me ponga gordito me querrías igual?- 

Quiso aclarar sus últimas dudas mientras las grandes manos de Min le lavaban las partes interesantes. 

-¡Te amo!- Declaro Min abriendo más la llave de la ducha para aclarar el jabón de los cuerpos de ambos.- Eso no va a cambiar por nada del mundo, por mucho que quiera ponerte sobre mis rodillas y darte una surra.

La idea encendió a los dos hombres por que las pollas duras se acariciaron cuando Min se acerco dejando que el agua los recorriera en grandes chorros. Bajando la cabeza beso a Jun que se abrió como una flor a las capaces caricias del hombre más alto. Amaba las manos grandes de Min, estas recorrían su pecho pellizcando sus tetillas haciéndolo gritar dentro de la boca que lo tomaba por asalto. 

-¿Qué?- Escucho la voz tensa de Min mientras este daba un paso atrás apartándose de Jun.- Algo patio mi mano dentro de tu vientre… No me mires así. No me estoy volviendo loco. 

Jun no supo que decir. Sabía que en el mundo de Min el que un hombre estuviera embarazado era algo imposible. Demonios. Hasta en el mundo paranormal lo era. Abrió la boca para explicarse. Pero el rostro de piedra de Min lo hizo cambiar de opinión. Y si al hombre no le gustaban los niños. 

Tal vez por eso dormía con hombres. Las dudas lo asfixiaron, de pronto las
paredes del baño comenzaron a moverse, la luz se fue apagando hasta que todo se volvió oscuro.

Cuando despertó se encontró desnudo acostado en la cama que compartía con Min. El hombre se veía pálido sentando en la orilla del colchón junto a él. 

-¿No son todas las galletas que te has comido lo que tienen tu vientre hinchado? – Se atrevió a preguntar Min sin poder quitar la vista del promontorio. 

-¡No!- De pronto Jun se sintió demasiado expuesto ante la mirada sin expresión de Min. Halando la sábana se cubrió con ella hasta el cuello. – Lo que me tiene así es la semilla que siembras en mí cada noche, varias veces en la noche, a decir verdad.

-¿Un bebé? 

Jun se puso de pie por el lado contrario de la cama donde Min estaba sentado. Envuelto en la sábana camino hasta la puerta de vidrio que separaba el dormitorio del balcón, tenía miedo de ver el enojo en el rostro de su pareja. 

-Yo no sabía que esto podía ocurrir. – Trato de explicar Jun apretando la sabana tan fuerte que los nudillos se le estaban poniendo blancos.- Entre los de nuestra especie solo una Madre tiene hijos, algo así como un gran panal de abejas.

La Madre puede ser un macho o una hembra. La Madre de mi
nido es una hembra. Yo jamás pensé que… 

-…podías quedar preñado.- Termino la idea Min aun sentado en la cama de espaldas a Jun.- ¿Te arrepientes de que haya ocurrido?

El tono de voz entrecortado de Min hizo que Jun buscara su mirada topándose con la espalda desnuda del hombre.

-Jamás podría arrepentirme.- La idea no tenía sentido para Jun.- ¿Como podría molestarme un niño que fue concebido con amor? Por qué tú dijiste que me amabas. 

Regresando la vista a la ventana sonrió al sentir las pataditas de su bebe. Ahora sabía que jamás podría regresar al inframundo. Dos Madres no podían compartir un mismo territorio. Sin poderlo evitar comenzó a sollozar. ¿Qué sería de su bebé si el padre no lo quería? ¿A dónde podrían ir? 

Unos brazos fuertes lo abrazaron desde atrás. 

-¡Te amo!- La boca tibia sobre su oreja hicieron estremecer el cuerpo de Jun.- Amo a este bebé aunque no acabe de entender como van las cosas. 

Solo te diré que ustedes son mi familia ahora.

Jun se dio la vuelta hasta quedar frente a la mirada llena de amor de Min. 

El hombre era tan viril, todo en el gritaba macho, era su guerrero. El cabello negro azabache estaba húmedo por la ducha. La piel del dorso desnudo cubría con seda músculos duros como acero. El rostro de rasgos duros no dejaba dudas de que si lo tomaban en un mal día podía hacer
que más de uno se meara en sus pantalones. Y todo ese hombre era suyo, el padre de su hijo, su pareja de por vida.

-Y yo estoy feliz de que tu semilla diera fruto en mí.- Fue lo único que pudo decir Jun antes de que la boca de Min hiciera valer sus derechos sobre la de su compañero. La sábana cayó al piso cuando las manos de Min comenzaron a acariciar cada milímetro de piel expuesta.

-Tendremos que posponer tu merecida surra hasta que el bebe nazca. Después de eso tendrás tu merecido.

-¡Bien!... Te lo voy a recordar dentro de cinco meses.

-¿Tan pronto?

-Si no logras convencer a mi hermano que se quede con nosotros, tendrás que ser tu solo el que me ayude en el parto. Yo nunca he estado en uno. 

Soy el hijo menor de Madre.

Apartándose de la tetilla que estaba mordisqueando, Min hablo en un tono de voz que no dejaba dudas al respecto. –Tú hermano se queda, así tenga que atarlo.

Jun sonrió de buena gana por primera vez en días.

-¡Te amo!- Susurro contra la boca de su amante.

-Y yo a ti.- Respondió Min cuando se separaron para tomar aire.- No sé lo que nos depare el futuro, pero estoy seguro de una cosa. Estaremos juntos pase lo que pase. Eres el amante de mis sueños y nadie ni nada podrá cambiar eso.

-Ni siquiera cuando te toque cambiar el pañal del bebé.-

La risa ronca de Min hizo que todo el cuerpo de Jun reaccionara calentándose. 

-¡Na! … Solo necesitare que me compenses con mucho sexo y yo haré lo que tú quieras. 

-¡Cara dura!- Pellizco una tetilla en el pecho plano de su hombre.- Sólo piensas en sexo.

-También pienso en comida, ya sabes. Comerla sobre ese culito tentador que tienes.

Jun se dejo llevar por el amor que sentía. Min podía ser un sinvergüenza seductor, pero estaba seguro que ahora utilizaba todas sus amas solamente con su pareja de vida. Saberlo hizo sentir orgulloso a Jun, muchos podían mirar, pero ese hombre era todo suyo. El amante de sus sueños.

..........................FIN........................



2° Temporada 
Cuando el Corazón no se Manda! (HyunSaeng)

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