domingo, 17 de mayo de 2015

Evasor de ataúdes Capitulo 3



Incluso a pesar de que era tarde, Jun permanecía en la sala de entrenamiento. La mayoría de los otros se habían ido a casa a pasar la noche. Incluso Hyosung se había ido para estar con su marido. Eso dejó a sólo unas pocas personas que quedaban en el edificio y todos estaban siendo tan tranquilos como Jun. Había un silencio casi sepulcral en el ambiente.

Aun así era mejor que su departamento porque Jun sabía que tenía algunos aliados cerca, aunque no pudiera oírlos. Eso, al menos, le permitía relajarse... un poco.

Dejando escapar un suspiro, se acercó a la ventana grande. Dado que estaba en el segundo piso, le daba una buena vista de la ciudad. Apoyando la frente contra el frío cristal, vio las numerosas luces que salpicaban el horizonte oscuro.


Independientemente de lo que algunos dijeran sobre la ciudad, aún tenía una cierta belleza que llamaba a Jun. Quizás porque le recordaba un poco de sí mismo. Pudo haber sido golpeada, chupada para dejarla seca, y lanzada a un lado, pero aun así seguía viva. Incluso si ahora llevaba una justa parte de cicatrices.

Escuchó movimiento detrás de él, vio el reflejo de la habitación en el vidrio. Cuando vio que era Jung Min, el corazón de Jun dio un vuelco. Como lo había hecho siempre, desde que tenía quince años y se dio cuenta que estaba enamorado del hombre.

Al menos una cosa había permanecido igual desde el pasado de Jun.

Sin embargo, al igual que antes, su amor platónico era una causa perdida. A pesar de que sólo era un par de años mayor, Min siempre trataba a Jun como el molesto hermanito, incluso ahora, y ambos eran Protectores con plenos derechos.

—¿Qué haces aquí tan tarde? —Jung Min preguntó, su voz parecía más fuerte que nunca a causa del pesado silencio.

Sin alejarse de la ventana, Jun respondió: —Lo siento. No sabía que necesitaba un permiso para quedarme después de la hora.

Min frunció el ceño mientras daba un par de pasos hacia adelante. —No lo necesitas. Sólo pensé que estarías cansado. Has estado aquí desde muy temprano esta mañana.

Jun se tensó, preguntándose qué más habría notado Min. Era una apuesta segura que oyó los gritos del festival-Jun durante la maldita sesión de mediación. ¿Min habría notado todas las grietas que empezaban a formarse en su bien construida pantalla de estoy-bien-no-hay-nada-para-que-la gente-se preocupe?

—Los vecinos de mi nuevo departamento son muy ruidosos por las noches y en ocasiones es difícil dormir ahí. —Jun cerró los ojos y rezó para que Min comprara esa lamentable excusa.

—¿Está seguro de que eso es todo lo que es? —Min presionó.

Abriendo los ojos, Jun se dio la vuelta. —Por supuesto que lo es. ¿Qué otra razón habría?

—El Oráculo dijo que tienes pesadillas.

Ira y una gran parte de resentimiento inundó a Jun. —¿Por qué infiernos eso es asunto de ella?

Min hizo una pausa, su boca abierta en estado de shock, sin duda porque alguien se atrevió a hablar en contra de su preciosa Oráculo. Bueno, que se joda. A Junno le importaba una maldita cosa que se ofendiera. Tenía problemas con la chica y si a los otros no les gustaba, simplemente tendrían que aprender a lidiar con eso.

—Ella está preocupada por ti —dijo Jung Min lentamente, su ceño fruncido en confusión.

Jun dejó escapar una risa breve y amarga. —Oh, eso es rico. Ahora, ella está preocupada por mí. Sin embargo, a ella no le importé nada cuando estuve en cautiverio.

—Por supuesto que a ella le importabas. ¿Por qué crees que no?

«Porque ella es omnisciente. Podía haberme advertido antes del ataque. O por lo menos, ella pudo haberles dicho en donde los vampiros me mantenían. En cambio, ¡me dejó sufrir en el infierno durante dos años!» 

Maldición, cuántas ganas tenía Jun de gritar esas palabras, pero hasta él sabía que estaría llevando su falta de respeto demasiado lejos. Así que en lugar de eso, simplemente apretó los labios y sacudió la cabeza. —Eso no importa.

Por supuesto, Min no lo dejó pasar tan fácilmente. —Importa para mí.

—No es nada. Vamos a dejarlo como mí pequeño exabrupto, otro ejemplo de por qué tengo que aprender a meditar. Realmente necesito una salida para mi ira o mi boca habla de más.

Jung Min se acercó más, estaban a solo treinta centímetros de distancia. Usaba el totalmente negro uniforme de los Protectores y Jun podía oler la piel de la protección del traje en los brazos y piernas. Lo único que le faltaba era la capa y la insignia de Protector.

—De cualquier manera, Jun, es difícil incluso hablar contigo. Cuando no estás con tu computadora estás entrenando. Entonces, ¿cómo podrías hablar de más? —Min desafió.

Jun se encogió de hombros, buscando en su mente algo qué decir. ¡Joder! ¡Mierda! ¡Maldición! ¿Por qué todo este asunto de la interacción social tenía que ser tan duro? Solía ser el que estaba siempre en el centro de las cosas, charlando. Ahora, tenía suerte si decía tres simples palabras al día.

—Entreno mucho porque sé que las cosas están realmente difíciles ahora. Quiero estar preparado —finalmente dijo.

—Aun así no quiere decir que necesites presionarte las veinticuatro horas del día. Todo el mundo necesita descansar.

Quizás otras personas lo necesitaban, pero Jun preferiría enfrentar antes de que a su insomnio. Seguro como el infierno que lo prefería a las pesadillas... o peor, ser vulnerable a otro ataque. La única razón por la que los vampiros salvajes habían logrado caer sobre él y su familia aquella fatídica noche había sido porque todos habían estado en la cama, dormidos.

—Te sorprenderías de lo poco que alguien tiene que cerrar los ojos cuando ha bebido un par de latas de Red Bull y café —dijo Jun.

Min se acercó y suavemente pasó el dorso de los nudillos sobre la parte superior de la mejilla de Jun. —Tienes bolsas bajo los ojos. No solo eso, te ves agotado.

Jun se congelo, esperando que la sensación de pánico y repulsión lo golpeara como sucedía siempre que alguien lo tocaba. En lugar de eso, todo lo que sintió fue un cálido zumbido que lo recorrió antes de establecerse en el estómago. De hecho, le tomó todo lo que tenía no inclinarse hacia la caricia y ronronear como un gato.

Demasiado pronto todo había terminado y el hombre retiró la mano, dejando a Jun con dolor y confusión en primer lugar sobre por qué había reaccionado de esa forma.

—Estoy bien —insistió Jun. Cuando Min parecía dudar, Jun agregó—: Te lo prometo.

—Sí, pero ¿estar bien es lo suficientemente bueno?

—Aun así puedo vencerte en una pelea. —Jun sonrió para alejar algo de la intención de la afirmación.

—Siempre has sido más rápido que yo a la hora del combate.

—¿Te acuerdas de aquella vez cuando éramos niños y perdí el control de un golpe y te noqueé? —Jun se echó a reír.

Min lo estudió con tanto cuidado, Jun tuvo que resistir la tentación de retorcerse. Por último, preguntó: —¿Qué?

—Extrañaba eso —dijo Min con voz áspera.

—¿Extrañabas que te noqueara?

—No, extrañaba tu risa.

Jun se puso serio y bajó la cabeza en un consciente esfuerzo de esconder cualquier emoción que pudiera notarse en su rostro. —No he tenido mucho para ser feliz.

—No, supongo que no lo has tenido.

Jung Min se acercó de nuevo y acunó la mejilla de Jun. —Mírame.

Tan pronto como Jun obedeció, Min rozó sus labios. Jun contuvo el aliento, no podía estar seguro si intentaba protestar o pedir más. Nunca llegó a saberlo, porque el beso terminó casi antes de empezar.
Su cerebro zumbaba, Jun dio un paso atrás. —¿Por qué fue eso?

—Porque quería.

—¿Estás seguro de que no era por lástima por el loco de mierda y extremadamente nervioso? —Jun cuestionó, no estaba seguro si realmente quería oír la respuesta.

Jung Min le sonrió. —No, si ese fuera el caso, entonces habría besado a Kyuhyun.

Una oleada de celos recorrió a Jun al pensar en Min tocando a alguien más. —Entonces, ¿vas por ahí besando a todos tus compañeros Protectores, o se trata simplemente de un nuevo pasatiempo?

—Oh, es un nuevo pasatiempo y creo que voy a estar haciéndolo un montón.

Enojado y más que un poco herido, Jun trató de empujar a Jung Min. Cuando el otro Protector soltó una breve carcajada y extendió la mano para agarrar el brazo de Jun, eso sólo alimentó su furia. —Déjame ir.

—Hasta que no me dejes terminar.

—¿Terminar qué? ¿Humillarme? Bueno, puedes dejarlo, tu misión ha sido cumplida.

Cuando Jung Min siguió deteniéndolo, Jun se jaló y le dio un rápido golpe en las costillas. En realidad no era tan duro, pero era lo suficientemente duro para hacer el truco. Min dejó escapar un suspiro mientras lo dejaba ir. Gruñó una maldición, Jun se dirigió hacia la puerta.

Sólo había dado unos pasos antes de que la voz de Min lo detuviera en seco. —Iba a agregar que voy a estar haciéndolo mucho, pero sólo contigo.

Jun se quedó con la boca abierta en shock y se sentía incapaz de respirar. Tomándose un segundo para recobrar la compostura, se dio la vuelta para hacer frente a Min de nuevo. —¿Qué jodido juego estás jugando?

Manteniendo una mano en su costado, Min vio tan intensamente a Jun que causó que sintiera sus entrañas arder. —No es ningún juego. Siempre te he querido y eso no ha cambiado.

—¿No lo entiendes? ¡Todo ha cambiado! Ya no soy la misma persona —gritó Jun.

Cuando Min no respondió, eso sólo hizo que Jun se enojara. Toda la rabia, el odio y la frustración que fue reprimida de repente se soltó y le gritó. —Dices que todavía me quieres, pero no tienes ni idea. ¿Quieres conocer algunas de las cosas que me hicieron? No era sólo la tortura y todos los chupadores de sangre… no, me utilizaron de todas las maneras posibles. Todos ellos me usaron. No te quedes ahí y dime que todavía me quieres porque no tienes idea de lo que soy. Soy una cicatriz, un esclavo de sangre usado y no dejaron ni una pizca de humanidad en mí.

Jun esperaba ver repugnancia en el rostro de Min, quizás incluso un poco de odio, pero cuando la expresión de Min se suavizó y sus ojos oscuros se llenaron de tristeza, eso desconcertó a Jun.

—Eso no es cierto. —Jung Min sacudió la cabeza—. Si no te quedara algo de humanidad, entonces no estarías aquí. Habrías dejado a los Protectores. En lugar de eso, te quedaste y estás luchando del lado de los buenos.

—Quizás sólo sea hasta que logre algo de venganza de esos que me lastimaron —desafió Hyung Jun.

—¿O quizás haces todo lo posible para asegurarte de que nadie tenga que pasar por lo que sufriste?

—Noticia de última hora. Yo estaba en uno de los muchos agujeros donde se guardan esclavos de sangre. De hecho, nos utilizaban para comerciar como las tarjetas de Pokemon, así que sé de hecho que eso continúa. Lo que es más, sé que no hay nada que podamos hacer para detenerlos. No importa cuántos chupasangres matemos, siempre habrán más que tomen el lugar. —Jun bufó con amargura.

—Entonces tendremos que seguir luchando, y no vamos a parar hasta que logremos liberar a todos los esclavos.

—No puedes hacer ese tipo de promesa. La última vez que incluso traje a colación el tema con Siwon, dijo que sólo se supone que defienda la ciudad, no se supone que salga a buscar más batallas.

—Bueno, eso era antes. Mi padre ya no está a cargo. A partir de esta tarde, el Oráculo lo relevó de sus funciones.

Esa pequeña información impactó a Jun. Aunque sabía desde hace tiempo que Siwon no estaba a la altura, hasta ese momento, Jun había asumido que al Oráculo no le importaba de ninguna manera.

—Entonces ahora, ¿quién es nuestro líder?

—Yo —anunció Min, un poco avergonzado.

—Tú.

—Sí, ¿por qué te oyes tan sorprendido?

—¿No eres demasiado joven?

—Quizás, pero aun así sigo siendo el Protector mayor. ¿Puedes pensar en alguien más adecuado para el trabajo?

A decir verdad, Jun no podía. Min podría ser un poco imbécil en ocasiones cuando ellos crecían, hace mucho que había superado esa fase. De hecho, si la pelea se iniciaba, Jun no podía pensar en nadie más que preferiría tener a su lado en la pelea. Y eso incluso antes del factor de su propia y personal atracción por el hombre.

—No, creo que vas a hacer un buen trabajo. Es sólo mucha presión. Todos acabamos de ser iniciados desde nuestra condición de novato y ahora el Oráculo te lanza a la parte más profunda, por así decirlo.

—Estoy seguro de que ella hubiera conseguido uno de los Protectores de la anterior generación, pero todos son incapaces de manejar bien el trabajo o han...

—Han muerto —intervino Jun en tono grave, pensando en su propio padre.

Su padre no había sido el más cariñoso de los hombres. De hecho, trataba a su esposa más como una fábrica de bebés que cualquier otra cosa. La mayoría del tiempo, ni siquiera permanecía en el hogar familiar, en lugar de eso vivía en su departamento a varios kilómetros de distancia. Había sido sólo por pura coincidencia que él hubiera estado ahí la noche del ataque de los vampiros. Aun así, eso no quería decir que Jun no extrañaba al bastardo desalmado.

—¿Lo saben los demás? —preguntó Jun.

—No, tú eres el primero al que se lo digo.

—¿Incluso antes que a tu propio hermano?

—Todos sabemos que Kyu es un bocón. Al segundo que se lo diga, la mitad de Seul conocería la noticia en una hora. Además, quería que la persona más importante en mi vida fuera el primero en saberlo antes que nadie más.

Jun sintió la necesidad de gritar de nuevo, pero esta vez de frustración. ¿Por qué infiernos Jung Min seguía rehusándose a ver que Jun era un bien dañado? Si Min no tenía cuidado, acabaría siendo herido al final. Jun prefería cualquier cosa menos eso. Incluso estaría dispuesto a ser un esclavo de nuevo antes de permitir que Min sufriera por su causa.

Antes de que pudiera argumentar más, Kyu llegó corriendo a la habitación. —Tenemos que salir.

Tanto Jun como Min se movieron rápidamente a modo de Protector, su conversación pasó a segundo plano por el momento.

—¿Qué sucede? —Min preguntó en tono firme.

—Nos acabamos de enterar por uno de nuestros informantes que una banda de vampiros salvajes atacaron a un grupo de humanos que estaban refugiados en una fábrica abandonada a orillas del río.

—¿La policía local está en el lugar?

—Aun nadie les ha avisado. Pensé que quizás sería buena idea que podamos llegar antes de que la po-po llegue. Ya sabes, para poder revisar las cosas a nuestro modo primero.

«¿Po-po?» ( Po-po, policía, por Pólice Power. poder policial)  Jun sacudió la cabeza hacia Kyu. Aunque los hermanos se parecían mucho en el exterior tanto que a menudo los confundían como gemelos, en el interior no había manera. Mientras que Min había crecido, Kyu parecía haberse quedado atascado por siempre en el modo de adolescente.

Min dejó escapar un suspiro, pero no fue tan lejos para decirle a Kyu que se comportara como un profesional. Sin duda porque se había dado cuenta hace mucho tiempo que era una causa perdida. —Está bien, reúne a los demás y vamos a salir a ver lo que podemos encontrar.

Kyu dudó. —Seguro. Hey, por casualidad sabes dónde está papá, ¿no es así? Fui primero a su oficina, pero el lugar estaba vacío, y por vacío me refiero a que no estaban todas sus cosas. Lo único que quedó es el mapa de la ciudad que siempre ha estado fijo a la pared y el escritorio. E incluso su escritorio estaba desocupado.

Min arqueó una ceja. —¿Viste los cajones?

Viéndose completamente sin arrepentimiento, Kyu se encogió de hombros. —Quería asegurarme que no estaba en otra juerga, así que quería ver si la cartera estaba ahí, ya que no puedes comprar alcohol sin dinero en efectivo o tu tarjeta de crédito. No sólo eso faltaba, sino también todas sus posesiones personales. Incluso su botella secreta de whisky se había ido. Ya sabes, la botella muy antigua que heredó de su abuelo.

Kyu se giró a Jun y mostró una de sus habituales sonrisas arrogantes. —La heredó, junto con el don del alcoholismo.

Aunque Kyu estaba actuando como si estuviera bromeando, había un rastro de amargura en el tono del hombre que no se le pasó a Jun. Jun se preguntó cuánto dolor escondía Kyu debajo de la capa de bromista.

Jun también se preguntó si tenía madre y si era así, dónde estaba. Lo más probable es que no la hubieran visto en años, como era la tradición en los Protectores. Los Protectores sólo necesitan a sus mujeres para el nacimiento de sus hijos con el fin de continuar con la línea de sangre y entonces crían a sus hijos hasta que tengan la edad suficiente para entrenar. Después de eso, las madres no tenían ninguna utilidad.

Era una tradición que apestaba en opinión de Jun, era obsoleta, pero ¿a quién jodidos le importaba lo que él pensaba?

Aun así eso no quería decir que Kyu no iba a molestarse cuando se enterara que su padre había sido despedido y, básicamente, por la propia Oráculo, nada menos. Jun se preguntó cómo Min iba a manejar la situación.

Intercambiando incómodas miradas con Jun, Min volvió a ver a Kyu. —Papá está bien.

—Entonces, ¿qué diablos está pasando? —Kyu exigió.

—Hay que reunir a los otros e irnos. Te lo diré en el camino.

Jun sólo espera que Kyu y los otros Protectores estuvieran dispuestos a obedecer a un líder tan joven y sin experiencia, como Min. Se dio cuenta que aunque él seguiría a Min hasta los confines de la tierra, no estaba tan seguro de que los otros serían tan fáciles de convencer.



Continuara...............

2 comentarios:

  1. Cuanto daño hicieron a Baby esos malditos chupasangre, espero que Min lo ayude a superarlo, Min como líder lo hará bien!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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