sábado, 29 de noviembre de 2014

El novio de reserva Capitulo 36


La expresión confundida de Min envió una onda extraña de calor al rostro de Jun, y perdió brevemente la capacidad de hablar. No podía esperar más. Como con la conversación sobre los padres de Min, Jun nunca tendría esta oportunidad de nuevo.

Agarró la muñeca de Min apretándola y consiguió croar cinco palabras más. —Solo no abras la puerta.
Porque, ¿cómo podría tomar ventaja de Min si sabía que todos en el vecindario los podrían ver? Min ahora parecía más preocupado que confundido.

Probablemente pensaba que Jun estaba sufriendo un golpe de calor. Y, como de costumbre, Jun no pudo conseguir que su ridícula lengua trabajara. Pero, gracias a Dios, este era un momento para mostrar no para decir. Puso sus manos en el pecho de Min, girando a ambos, y luego empujó a Min hacia atrás. Jun intentó con todas sus fuerzas olvidar que la última vez que se había comportado de esta manera había estado volando alto por el alcohol. Mierda, quizás debería beber más a menudo.

En el tercer paso hacia atrás, Min chocó contra el estante detrás de él. Las herramientas se sacudieron y la comprensión iluminó sus ojos.

—Estoy todo sucio, hombre —dijo Min.

—Justo como me gustas.

Jung Min soltó una carcajada escéptica. —¿Te gusto sudado?

¿Cómo podía ser el hombre tan denso? Jun trazó el hueco humedecido por el sudor debajo de la caja torácica de Min, las ondulaciones de los músculos abdominales, y un suspiro vergonzosamente alto de satisfacción escapó de la boca de Jun. Pero, maldición, simplemente ya no podía darse el lujo de preocuparse por mantener sus sentimientos para sí mismo, nunca más.

—Sí —dijo Jun—. Me gustas sudoroso.

Min no parecía muy convencido. —Pero estoy cubierto de grasa de la vieja Triumph.

Jun levantó la camiseta de Min, sus palmas deslizándose sobre los pezones de Jung Min, y Min contuvo el aliento. Al parecer, su preocupación por la higiene empezaba a flaquear porque agarró las caderas de Jun y lo acercó.

—Hombre. —La voz de Min sonaba áspera—. Tienes las manos más suaves. Pero te estoy ensuciando todo. Ahora tus kakis tienen manchas en…

—Dios, sí —Jun gimió.

Jun miró hacia abajo y admiró las huellas digitales negras manchando su pantalón, cortesía de Min al manejar la cadena de la motocicleta. Curiosamente orgulloso de las marcas, Jun empujó hacia arriba la camiseta de Min hasta quitársela con más fuerza de la necesaria, tirando la tela a un lado antes de enterrar su nariz en el cuello de Min. Jun inhaló el aroma de aceite de motor, hombre caliente, y almizcle, dándole al momento el tiempo que se merecía. Tan perfecto. Justo así. Excepto por una cosa.

—La ropa —dijo Jun mientras deslizaba sus nudillos por la dura polla debajo de los jeans de Min.

Un sonido alentador raspó de la garganta de Min, y agarró la cintura de Jun para mantener el equilibrio, quitándose las botas de trabajo. De repente, en su torpe afán, Min se quitó la derecha con bastante facilidad, pero le tomó dos intentos quitarse la izquierda. Jun se apresuró a desabrochar la cremallera de Min y empujó hacia abajo la mezclilla, junto con los boxers. Una vez que estuvieron alrededor de sus tobillos,

Min pateó la ropa a un lado y se quitó sus calcetines.

Desde el principio, Jun había estado fantaseando con Min manchado de grasa y sudor. Había llegado el día de dejar de ser paciente y hacer algo para satisfacer la fantasía que mantenía a Jun despierto por las noches. 

¿Por qué había esperado tanto tiempo? Ahora, él tenía toda la intención de ver la conclusión lógica de esto: 

Min..., sucio y complaciente, desnudo, mostrando sus músculos.

Así que cuando Min trató de agarrar la ropa de Jun, sotuvo las muñecas de Min, parando el intento. Jun amaba follar a Min, y habían pasado dos semanas follándose el uno al otro como locos. Pero en este momento Jun necesitaba más.

Con las cejas elevadas en pregunta, Min miró a Jun. —¿Qué sucede?

¿Cómo explicarlo? Esto era todo acerca de ser codicioso y egoísta, poniendo la necesidad de Jun por algo más que una simple follada fantástica antes de todo lo demás. Por una vez quería frenar ese salvaje viaje en montaña rusa y simplemente disfrutar del cuerpo de Min.

—Absolutamente nada —respondió Alec.

En un arranque de inspiración, giró a Min hasta que estuvo frente al estante. Jun levantó los brazos del hombre hasta extenderlos, en un ángulo ligeramente por encima del nivel de los hombros.

—Pase lo que pase —dijo Jun mientras enroscaba los dedos manchados de grasa de Min a través de los barrotes del estante de acero inoxidable—, no te muevas a menos que yo lo diga.

Jun colocó su pie en el empeine de Min y empujó hasta que Min obedeció, ampliando su postura. El cuerpo desnudo de Min estaba bellamente expuesto, sus hermosas proporciones en toda su gloria.

—Está bien. —Con un tono petulante, Min palmeó su culo en invitación—. Ya sé lo que quieres.

Jun ignoró la sonrisa en la voz de Min.

—No —dijo Jun con suavidad—. No creo que lo hagas.

«No sabes ni la mitad de lo que quiero»

Dos bochornosos segundos pasaron. Min esperó, quizás con paciencia, aunque Jun no podía estar seguro. La sumisa postura de Min tentaba a Jun para hacer exactamente lo que Min esperaba, lo que el hombre, sin duda quería.

Para Jun enterrar su polla en el culo de Min.

El deseo se arrastró por la columna vertebral de Jun , y cerró los ojos, imaginando el dulce calor apretado, la gloriosa presión y la fricción. Pero Jun quería algo menos frenético, menos primitivo y más... personal.
Y durante todas sus actividades en la cama, ni una vez Min había mamado a Jun. Jun había pensado que Min era inmune a inhibiciones sexuales. Conforme pasaba el tiempo, Jun se dio cuenta de que podría haber estado equivocado.

Empujó el pensamiento a un lado. —El dibujo de Leonardo Da Vinci del Hombre de Vitruvio (Imagen) en la portada de mi libro de anatomía en la escuela de medicina —dijo Jun, admirando la piel bronceada y los músculos tonificados—. Se dedicó al estudio de las proporciones del cuerpo humano.

Y, por Dios, la forma de Min merecía ese tipo de dedicación.

Sobre su hombro, Jung Min miró a Jun como si hubiera perdido la cabeza. —¿Es realmente el momento de regurgitar hechos de una de tus cacerías de investigación?

Jun no le hizo caso y siguió adelante. —La mayoría de sus dibujos eran de la forma masculina. En su ensayo sobre Da Vinci, Sigmund Freud afirmó que Leonardo era gay. —Atrapó la mirada de ¿a quién infiernos le importa? que Min le disparó pero de todos modos continuó—. Creo que Freud culpó a la madre de Da Vinci.

—Sí —dijo Min rodando los ojos—. Ahora eso es un tipo con problemas.

Jun reprimió la sonrisa. —Ahora tú estás colocado como el dibujo anatómico de Leonardo. —Colocó una mano en la amplia extensión de la espalda de Min—. Su interés por las proporciones perfectas podría haber sido inspirado en ti.

Jung Min resopló, sin duda en un intento de ocultar el rubor de la vergüenza que teñía sus mejillas. A pesar de su actitud arrogante, Min siempre parecía incómodo cuando alguien elogiaba su apariencia.
Sintiéndose afortunado como el infierno, Jun deslizó su mirada desde la cima del cabello de Min, enmarañado y húmedo en las sienes, hacia abajo más allá de las manchas negras en sus brazos a la espalda que brillaba por el sudor. Las musculosas piernas y el tentador culo estaban tan apretados que parecían tallados en piedra. También se veían totalmente limpios. Jun escaneó el estante más allá de la cabeza de Min, su mirada aterrizó en un pequeño recipiente con una etiqueta que decía grasa para ejes.

—Eventualmente seré tocado durante esta escena de seducción, ¿verdad? —preguntó Min.

—Por supuesto que serás tocado. —Se encontró con la divertida mirada de Min—. Simplemente aún no estás lo suficientemente sucio.

Jun tomó la lata, la destapó y tomó una pequeña cantidad de la viscosa sustancia de color ámbar con los dedos. El humor en los ojos de Min murió, cambiando a pura lujuria.

—Jesús, Jun. Eso es caliente —parpadeó—. Pero estoy, eh, no estoy seguro de que sea prudente usarlo como lubricante.

—No voy a hacer eso —dijo Jun—. De hecho, no habrá necesidad de lubricación en absoluto.

El destello de confusión en los ojos de Min casi hace que Jun se detuviera. Min parecía… perdido, como si solo pensara que podría haber penetración anal o trabajo manual. Por extraño que pareciera, eso hizo que el corazón de Jun doliera más.

Todo este tiempo había asumido que la energía sexual sin tapujos de Min se derivaba de su investigación de ser activo o pasivo. Nunca había considerado que Min podría ser incapaz de tener algo menos frenético y más personal, más íntimo. Su vida privada era tan extremadamente austera como el apartamento en donde vivía.

Concentrándose en la interminable extensión de piel desnuda, Jun colocó sus palmas resbaladizas en los hombros de Min. Lentamente las deslizó hacia los brazos extendidos de Min, disfrutando de los picos y valles de tendones y músculos, dejando estelas de grasa a su paso.

«Perfecto»

—La longitud de los brazos extendidos es aproximadamente igual a la altura de un hombre —Jun recitó.

Deslizó sus dedos de nuevo por los omóplatos y luego trazó círculos alrededor de cada cuerpo vertebral mientras se dirigía hacia abajo por la espalda de Min.

Jun deslizó sus palmas alrededor del torso de Min hacia el frente, acercándose a murmurarle al oído a Min. —De acuerdo con Da Vinci, en tu posición actual —Jun extendió sus manos a través del abdomen de Min, su pulgar se sumergió en el ombligo—, el centro de las extremidades extendidas sería el ombligo.

Jun sonrió al ver el pulso acelerado de Min en el cuello y la piel de gallina apareciendo a lo largo de sus brazos. Después de frotar la grasa para ejes sobre los músculos abdominales de lavadero de Min, trazó cada hendidura, Jun se dirigió a la parte delantera de los muslos de Min, arrastrando lentamente los pulgares a lo largo de la mata de vello en la ingle de Min, cerca de su polla.

—Y crea un espacio entre las piernas consistentes con un triángulo equilátero —Jun terminó.

—Esta es la más sucia, geek-kinky-locura (Kinky originalmente extraño raro retorcido. Coloquialmente es un término usado para referirse a las prácticas sexuales no convencionales.) que alguna vez haya habido. —La voz de Min tenía una pizca de temor—. ¿Por qué infiernos todo eso te enciende?

Jun apretó el duro cuádriceps de Min. —Porque estoy haciéndote esperar.

—Yo no tengo mucha paciencia.

—Me he dado cuenta. —Jun pasó las yemas de los dedos por la parte superior de la grieta de Min.

Jung Min tomó aire, y sus músculos se tensaron. La polla de Jun trató de perforar sus pantalones para acelerar el proceso. Abrió la cremallera para proporcionar un poco de alivio a la presión, y el sonido de la cremallera provocó una mirada hambrienta en el rostro de Min. Un disparo de adrenalina dejó los dedos de Jun torpes cuando liberó su polla, luchando por mantener el control. Pero no había esperado tanto tiempo sólo para renunciar a su meta ahora.

No importaba que tan excitado estuviera.

Con la postura extendida de Min, eran casi del mismo tamaño. Jun pasó su erección a lo largo del culo de Min, la cabeza justo por encima de la parte superior de la hendidura de Min. Dylan gimió e inclinó sus caderas hacia atrás, empujando la polla de Alec más profundo entre sus nalgas. Un pulso de caliente placer brotó desde la polla de Jun hacia afuera, y los músculos de su abdomen se tensaron.

—Recuerda. —Jun logró mantener su voz firme—. No tienes permiso para moverte.

—¿Quién iba a saber que te gustaba provocar?

—¿Quién está provocando? Esto es serio.

Jun comenzó a empujar sus caderas, lentamente deslizando su polla a lo largo de la grieta de Min. El sudor facilitaba su camino, y el duro culo de Min proporcionaba una fricción increíble. La erección de Jun frotó el fruncido agujero de arriba a abajo, y anhelaba irrumpir a través de ese apretado anillo de músculos. Min comenzó a jadear, su respiración entrecortada, mientras el resto de su cuerpo permanecía inmóvil, las nalgas en la posición correcta. Jun apretó los dientes, con ganas de...

Presionó su boca contra la piel salada y caliente de Min. —La raíz del pene está a la mitad de la altura del hombre —Jun murmuró.

—¿Da Vinci midió eso?

—Sí.

—Si él no era gay —la parte inferior del eje de Jun rozó directamente el agujero de Min, y Min gimió, su culo se relajó como en sumisión—, debería haberlo sido.

Mientras continuaba sus empujes, el placer se apoderó de Jun. Chispas parpadeaban ante sus ojos y sus bolas se apretaron. Clavó los dedos en las caderas de Min, sin duda dejándole moretones mientras luchaba con la necesidad de apoyarse en los hombros de Min y hundirse profundamente dentro de él, la falta de preservativos era una maldición.

Querido Dios, ¿en qué diablos estaba pensando?

Jun se obligó a concentrarse y dio un paso atrás.

La cabeza de Min dio vuelta. —Espera —dijo, con las pupilas dilatadas—. ¿A dónde infiernos vas? Tienes que hacer algo.

Haciendo caso omiso de su pulso acelerado, Jun separó los dedos de Min del estante, lo giró de frente a Jun y, luego, volvió a colocar el agarre de Min en el estante. —Lo hago —utilizó su pie para corregir la postura de Min.

Min estaba de nuevo extendido, ahora de frente a Jun, era muchísimo mejor porque la dura polla de Min se curvaba y se elevaba con líquido preseminal brillando en la punta.

—Algo. Preferiblemente más. —La voz de Min sonaba tensa.

Jun comenzó a recuperar un poco de control. —De acuerdo con Da Vinci, la distancia desde debajo de la rodilla hasta la raíz del pene es un cuarto de la altura de un hombre.

—Amigo era totalmente gay.

—Si no lo era —dijo Jun, repitiendo las palabras anteriores de Min—, debería haberlo sido.

Min soltó una risa áspera hasta que Jun palmeó el culo de Min y cayó de rodillas. Jun se concentró en mantener su mirada en la cadera de Min para no distraerse. Tomó la parte posterior de las piernas de Min.
—Jesús —Min dijo con voz áspera.

Sin duda Min pensó que tendría una mamada, y Jun ciertamente quería saborear la gota de líquido preseminal en la hendidura de Min. En cambio, él besó su camino hasta el duro muslo, con cuidado de evitar las manchas de grasa que lo cubrían. Se puso de pie, la boca siguió subiendo hasta llegar a su cuello, masajeando el trasero de Min durante todo el camino. Pero, aun así, Jun mantenía una buena cantidad de espacio entre sus caderas. Lamió el pulso en el cuello de Min mientras trazaba sus manos por los flancos de Min, sobre sus hombros, y a lo largo de sus bíceps.

—Para alguien tan atrapado en las medidas y distancias —la voz de Min sonaba tensa—, parece que te estas dirigiendo en la dirección equivocada.

Jun dejó caer su mano para pasar los dedos por el grueso vello en la ingle de Min, y el hombre dejó escapar un silbido. La polla de Min, dura y roja sangre, se curvaba hacia arriba, como dando un grito silencioso por la atención de Jun.

—Tócame ahora y será bueno —dijo Min, su voz gruesa—. Hace dos minutos hubiera sido genial.

Jun perezosamente hizo círculos en el abdomen de Min, trazando los músculos.

—Jesús, Jun. —Min dijo con voz áspera—. ¿Estás tratando de matarme?

En respuesta, Jun se apoderó de la unión entre el culo de Min y sus piernas y lo atrajo hacia él, acomodando su polla en el surco natural a lo largo del falo de Min. Jun empezó a mover sus caderas y cerró los ojos con un gemido de alivio.

—¿Puedo moverme ahora? —dijo Min.

—Sí, puedes.

—Al fin —Min gruñó, y con entusiasmo se unió al ritmo.

El dulce dulce roce de las dos duras pollas, era casi demasiado, y Jun raspó con sus dientes un pezón. Min arqueó la espalda, la boca abierta, empujando silenciosamente sus caderas. Aunque su cuerpo gritaba que finalizara, Jun se negó a darse prisa.

—He querido esto durante tanto tiempo —murmuró Jun.

—¿Follarme contra un estante de herramientas?

Jun besó a Min duro, saboreándolo con la lengua antes de contestar. —No.

—¿Mancharme con grasa de eje?

—Tomar la iniciativa.

Después de otro beso hambriento bordeando en una mordida, Jun sacudió sus caderas más rápido. Líquido preseminal se unió al sudor y la grasa en el abdomen de Min, y el dobladillo de la camisa de Jun se humedeció.

—En serio —Min gimió—. Pensé que nunca darías el primer paso.

Aturdido, Jun movió su cabeza hacia atrás para mirar a Min.

—¿Lo estabas esperando? —dijo Jun.

—Infiernos, sí. —Min frunció el ceño y se inclinó, atacando los labios de Jun—. Ahora, podemos…

Jun bloqueó el intento de Min de besarlo. —¿Por qué no dijiste nada?

—Pensé...

Un destello de emoción llegó y se fue de los ojos de Min, algo parecido a una mirada vulnerable.

—Pensé que quizás no me querías tanto como yo te quería —dijo Min.

Jun no sabía si dejar escapar una risa histérica o un grito de frustración. Eligió presionar sus labios contra el hombro de Min, cortándolos a ambos.

Min dijo: —Quizás…

Necesidad recorrió a Jun, y mordió a Min.

La voz ronca de Min continuó. —Quizás deberíamos trabajar en nuestras habilidades de comunicación.
Santa Madre de Dios, sí. 

Desesperado, Jun aumentó la fuerza de sus embestidas. El sonido de piel lubricada contra piel llenó el aire y las herramientas traqueteaban en el estante de acero sacudiéndose ligeramente contra la pared. Una llave o un destornillador, Jun no estaba seguro cayó al suelo con un golpe seco y rodó por el concreto.

Con las mejillas sonrosadas, y los ojos medio cerrados, Min parecía absorbido en una vorágine sexual. Sus antebrazos tensos contra su confinamiento autoimpuesto, los nudillos blancos contra el estante de acero. Sus muslos temblorosos se chocaban con las caderas de Jun con cada empuje. Jun mordió a lo largo de la mandíbula de Min antes de pasar al cuello.

Maldición, quería alargar este momento por siempre. A pesar de la explosiva necesidad de terminar, esperaba retrasar lo inevitable. ¿Cuándo iba a tener a Min desnudo en su garaje de nuevo? ¿Cuándo iba a tener la oportunidad de disfrutar ver a Min resbaladizo y sucio y cubierto de todo un día de grasa?
Jun gimió. Con otra fuerte embestida y sin previo aviso, se corrió, su semen disparó hacia arriba cubriendo la piel de Min. Jun luchó con el estupor post-orgásmico y abrió los ojos. Min estaba mordiéndose el labio, sus caderas moviéndose desesperadamente contra las de Jun.

Cristo. Nunca había visto esa aturdida expresión en el rostro de Min y el hermoso cuerpo extendido delante de él, manchado con la evidencia de su orgasmo. Grandes, gotas blancas se aferraban al músculo pectoral de Min. Inspirado por la visión, Jun se inclinó y chupó una mancha salada con su boca. Min gimió y retorció los dedos en el estante, arqueando la espalda.

Con los labios manchados de semen, Jun pasó los dedos por el cabello de Min. Esto, podría ir bien... o ser un desastre y explotar.

—Bésame —dijo Jun.

Min se quedó mirando la boca de Jun, dudando durante dos latidos. Jun estaba a punto de decirle que no se molestara cuando Min se acercó y le dio una tentativa probada. Su lengua tocó el labio inferior de Jun experimentalmente, y una caliente sacudida disparó a través de Jun, derritiendo su sistema nervioso.

Realmente ridículo, después de todo lo que habían hecho hasta la fecha.

Otra fracción de segundo pasó, su respiración jadeante cuando Min siguió presionando su polla contra Jun. 

Y entonces Min chocó su boca contra la de Jun, untada de semen, antes de chupar algo del labio inferior. 

Con un gemido, presionó los labios de Jun abriéndolos y procedió a lamer la boca de Jun limpiándolo.

El sabor debió haber empujado a Min sobre el borde, su gemido de alivio llenó el garaje mientras empujaba el torso de Jun con el suyo y se corría. Jun agarró las caderas de Min, guiando los bruscos movimientos ahora que el líquido caliente, pulsaba entre ellos. Cuando el cuerpo de Min finalmente se quedó quieto, Jun le besó la mandíbula a Min de yapa.

—Maldición —dijo Min, sus párpados cerrados y respirando agitadamente—. Deberías de tomar la iniciativa más a menudo.

Cuando Jun no respondió, Min abrió los ojos. Jun presionó sus bocas pero siguió contemplando a Min, disfrutando de los ojos medio cerrados, de la saciada expresión de Min mientras se recuperaba. O al menos lo suficiente para escuchar lo que Jun tenía que decir.

—De aquí en adelante —Jun apretó a Min— de vez en cuando, quiero ir más despacio y no ser como conejos cargados de Viagra, ¿de acuerdo? 

—¿Qué puedo decir? También tiendo a saborear mi cerveza.

—No hay nada de malo en ello. De hecho, definitivamente soy un fan. Pero a veces me gusta beber mi vino y saborear su sabor. Y... —Jun trató de transmitir la importancia de sus palabras con la mirada, temiendo oír la respuesta de Min—. Y poder tocarte cuando quiera. Incluso si no es por sexo.

Min entrecerró los párpados, como si no pudiera entender por qué alguien querría hacer tal cosa. Sus ojos se pusieron serios cuando frunció los labios pensando.

—Simplemente no en público, ¿de acuerdo? —Min hizo una mueca—. No me importa con quién esté jodiendo, chicos, chicas, o malditos aliens, esa mierda debe mantenerse en privado. Por lo demás, estoy bien con la idea.

Aliviado, Jun asintió de acuerdo mientras frotaba distraídamente una mancha que se había quedado en la mejilla de Min. 

Min tomó la lata de grasa de la plataforma y le entregó el contenedor a Jun.

Con sus ojos iluminados con humor, Min dijo: —Tenemos que averiguar si esto es seguro para ser usado como lubricante durante una sesión de masturbación.

—¿Y cómo propones que lo hagamos?

—¿Llamando al centro de control de venenos? —Min sugirió con un encogimiento de hombros.

Los labios de Jun se crisparon. —No voy a hacer esa llamada.


Continuara..........................

2 comentarios:

  1. Jajajaja....! Quien de los dos hará la llamada..... pa mi queva a ser Min,
    Cap. muy sexy

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  2. Min que ocurrente y baby tan inocente, bueno sólo cuando le conviene

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