miércoles, 16 de diciembre de 2015

El placer de Saeng Capitulo 4

Saeng miró a Hyun mientras caminaban por el pasillo una vez más. No podía averiguar lo suficiente sobre él. Hyun parecía ser muy bueno. La ducha caliente, el albornoz limpio, lo de no golpearlo en absoluto, todo había sido tan maravilloso, y tan distinto a lo que estaba acostumbrado.

El agua caliente en la ducha fue lo primero que era completamente desconocido para Saeng . Sabía que los Amos tenían duchas con agua caliente, pero jamás se admitían mascotas. Éstas tenían un cubo de agua fría y bórax, y a veces una manguera.


Con tantos Amos como había conocido, Hyun también era uno de los más los guapos que había visto, y había visto algunos hombres guapos en su vida. Por supuesto, también había visto algunos hombres bastante desagradables.

Había tenido suerte esta vez. No siempre había sido de esa manera. Algunos Amos solamente querían a alguien para que limpiara tras ellos. Otros querían una mascota a la que pudieran llevar por ahí, con una correa. Y otros únicamente querían a alguien con el que pudieran sacar su violencia. Él sabía por
experiencia, que los Amos venían en muchas formas.

—¿Qué te gustaría comer, Saeng ? —preguntó Hyun cuando entraron en una habitación grande.

Miró a su alrededor con asombro. Nunca había visto una habitación como esta antes. Brillantes cosas redondas colgaban de un estante en el techo. Más cosas brillantes esparcidas por la encimera. Cuando los ojos de Saeng aterrizaron en un alto armario con dos puertas plateadas, se estremeció. Una parte de él tenía curiosidad por saber qué había detrás de esas grandes puertas plateadas. Otra parte en cambio, estaba aterrorizado.

—¿Saeng ?

El chico se puso rígido y pestañeó hacia Hyun descendiendo respetuosamente la mirada en el momento en que se cruzó con los ojos del hombre. —¿Sí, Hyun?

—¿Qué te gustaría comer?

—Cualquier cosa que desees, Hyun. —Saeng se estremeció cuando el alto hombre lanzó un profundo suspiro. Parecía irritado. No era capaz de evitar que se irritara. Casi suspiró. Su tiempo con su nuevo Amo iba a ser el más corto en su historia si no conseguía cambiar sus actos. Se devanó los sesos tratando de llegar a una respuesta apropiada, que no irritara a Hyun. Las comisuras de sus labios temblaban de emoción cuando probó con una. —No sé lo que hay.

—Oh.

Hyun se acercó a las puertas plateadas de gran tamaño.

Saeng casi levantó la mano para detener a Hyun, el miedo lo embargaba. Se detuvo justo a tiempo. No era prerrogativa suya, el cuestionar a su Amo, no importa lo asustado que estuviera por el hombre.

Cuando Hyun abrió una puerta y miró en su interior, su curiosidad creció. ¿Qué había dentro? Dio un paso más cerca, deseando ver. Chilló y saltó hacia atrás cuando Dean cogió algo y se dio la vuelta con ella en la mano.

El alto hombre hizo una pausa. Saeng, sintió que su rostro se ruborizaba cuando Hyun se limitó a mirarlo por un momento, y luego lentamente colocó algo en la encimera. Una vez se giró de vuelta hacia el extraño armario, él se puso de puntillas, y se inclinó hacia delante para poder ver lo que había colocado ahí.

Era un extraño contenedor cuadrado. Saeng estaba fascinado. Nunca había visto nada igual. Era con forma de caja, pero podía ver a través de él. Y dentro habían cosas más pequeñas de colores: naranja, rosado, rojo, y verde claro.

Saeng  se acercó cautelosamente y le dio un golpecito al recipiente con un dedo. Cuando no pasó nada, lo hizo de nuevo. La cajita transparente se deslizó por el mostrador y justo sobre el borde, cayendo al suelo. Sus ojos instantáneamente se dirigieron a Hyun. Ni siquiera podía mirar hacia abajo, al lío que estaba seguro de haber hecho. Si rompía la cajita de Hyun, estaba seguro que el hombre se desharía de él. Saeng lentamente puso sus brazos a su espalda, y cubrió el brazalete alrededor de su muñeca envolviéndolo con su otra mano, escondiendo la cadena de oro que Hyun le había dado.

—Lo siento, Amo.

La espalda de Hyun se puso rígida. Saeng se mordió el labio mientras el hombre se daba la vuelta. Rápidamente bajó

los ojos, solo entonces pudo ver a la caja sin abrir en el suelo. Comenzaba a suspirar de alivio, porque no se había roto, cuando sintió un dedo debajo de su barbilla. Tragó saliva, y levantó la mirada.

—No me llames Amo.

Su corazón latía tan rápido que realmente pensó que podría salirse de su pecho. Hyun no parecía enfadado. —Sí, señor.

—Recógelo —dijo Hyun mientras hacía un gesto a la caja en el suelo y se volvió hacia el extraño armario plateado.

Saeng mantuvo sus ojos en Hyun mientras se ponía en cuclillas y recogía la caja. Cuando sus dedos se apretaron alrededor de ella, miró hacia abajo. Era de plástico. Saeng sabía lo que era el plástico. Los platos en los que comía lo eran.

Se puso de pie, y le dio vueltas al envase de plástico una y otra vez en sus manos. Era fascinante. Los pequeños objetos de color en su interior, se movían cuando giraba la caja. —¿Qué es esto, Hyun? —Le preguntó antes que pudiera contenerse.

—Fruta —dijo Hyun—. ¿Te gusta la fruta?

—No lo sé —dijo Saeng , mirando los colores moverse mientras sacudía el recipiente de plástico.

—¿No sabes si te gusta la fruta?

Miró hacia arriba, palideciendo ante la oscura mirada en el rostro de Hyun. —¿S-Sí?

—Saeng , ¿sabes lo qué es la fruta?

Sabía la respuesta. —Manzanas. Sonrió abiertamente.

—Sí, las manzanas son frutas, Saeng . ¿Qué más? Frunció el ceño. ¿Eran más que las manzanas? Se
devanaba los sesos recordando cada libro de cuentos que había leído. —¿Naranjas? —Saeng recordaba el color de las naranjas y las manzanas. Sostuvo la caja al nivel de sus ojos—. ¿Esto son naranjas y manzanas? —Debían serlo. Eran de color naranja y rojo—. Ah, y las uvas. —Su sonrisa se hizo aún más grande cuando vio los trozos de color verde claro a través del traslúcido plástico—. Uno de mis antiguos Amos me dio uvas una vez. Unas verdes.

—Saeng —dijo Hyun mientras tomaba la caja de plástico, y la dejaba sobre el mostrador—, ¿alguna otra vez has tomado fruta?

—No lo sé. —Se encogió de nuevo cuando Hyun dejo caer su puño sobre la encimera—. Lo siento, Amo.

El hombre apretó el puño por un momento, y luego alcanzó el contenedor. La mandíbula de Saeng se cayó cuando Hyun tomó uno de los lados de la caja y lo sacó. Sus ojos se abrieron cuando todo el lado de la caja simplemente apareció de inmediato.

Lo miró. El hombre debía ser tan fuerte como un gigante. Había arrancado todo el lado de la caja sin ningún esfuerzo.

Hyun era increíble.

Saeng comenzó a sonreír. Su Amo era el hombre más fuerte de la Tierra.

—Toma, prueba esto a ver si te gusta.

Abrió la boca y tomó cuidadosamente el trozo de color naranja de los dedos de Hyun, asegurándose de no tocarlos con los labios o los dientes. A los Amos no les gustaba eso. Sus ojos se abrieron cuando los jugos de la fruta se deslizaron sobre su lengua. Era un gusto interesante, pero no uno que le gustara mucho. Miró a Hyun, reacio a decir cualquier cosa que enfadara a su nuevo Amo.

—Ahora prueba esto. —Hyun le tendió un pedazo rojo. Los ojos de Saeng se abrieron de nuevo con cada pedazo rojo que Hyun le tendía. Empezó a sonreír mientras masticaba, asintiendo con la cabeza rápidamente—. Bueno, obviamente te gusta la sandía. —Hyun se echó a reír—. ¿Te gustaría probar el
melón dulce?

—¿Melón dulce?

—La cosa verde.

—¿No es uva?

—No, no lo es.

Saeng abrió la boca como un pájaro. Hyun se echó a reír, y dejó caer el trozo verde en la boca. Lo masticó por un momento y luego asintió. —Me gusta el melón.

—¿Pero no el melón cantalupo?

—¿Lo naranja? —supuso ya que Hyun había nombrado los trozos de color rojo y verde.

El hombre asintió.
Saeng lo miró un momento y luego dio un salto, y sacudió la cabeza, con la esperanza que Hyun no se alterara. —Se siente raro en mi lengua.

Hyun volvió a reír mientras metía mano en el armario por encima de la cabeza de Saeng. —Bueno, no puedo discutir eso.

Saeng observaba, fascinado, Hyun bajó un tazón blanco y lo puso sobre el mostrador, y luego comenzó a sacar trozos de melón y de sandía del recipiente de plástico y colocándolos en el recipiente. Una vez que el tazón estaba lleno, lo recogió y se lo entregó a Saeng.

—Ve a sentarte y come mientras te hago unas tostadas y unos huevos.

—Gracias, Hyun—dijo mientras se dio la vuelta y caminó hacia la esquina y se sentó en el suelo. Con mucho cuidado puso el cuenco en el suelo y comenzó a coger pedazo tras pedazo, comiendo cada uno tan lentamente como pudo, saboreando el rico sabor. No recordaba que sus anteriores dueños le dieran
algo que supiera tan bien.

Realmente Hyun, era el Amo más maravilloso de la tierra.
Saeng se tragó su último bocado y miró hacia arriba cuando los zapatos de Hyunde repente aparecieron en su visión. ¿Habría comido demasiado rápido? ¿Debería haber compartido? ¿Esperado? Hyun le dijo que fuera a comer.

—¿A-Amo?

—¿Por qué estás sentado en el suelo, Saeng?

La fruta que se había comido momentos antes de repente se sentía como pesas de plomo en su estómago. —Me-me dijiste que fuera a sentarme y… y que comiera, Amo.

—Quería decir sentarte a la mesa, Saeng.

—¿La mesa? —Miró a la pequeña mesa rectangular colocada a unos metros de distancia. Jamás había podido sentarse a la mesa. Nunca. Estaba estrictamente prohibido. Sentía miedo con siquiera el contemplar sentarse a una.

Comenzó a sacudir la cabeza—. Yo... no puedo. Por favor, Amo. No puedo.

Hyun se puso en cuclillas ante él, y se echó ligeramente hacia atrás. Estaba desobedeciendo una orden directa, y eso era motivo para una paliza. Solo rezaba por no ser desechado después. El instinto de levantar las manos y cubrirse la cabeza tiraba firmemente de sus brazos, pero Saeng controló el deseo y esperó su castigo.

—¿Y si te doy una silla? —preguntó Hyun, su voz carecía de ira. Saeng le dio un rápido y furtivo vistazo, y vio que los ojos del hombre también carecían de emoción. ¿Podría sentarse en una silla? ¿Estaba eso permitido? Antes que pudiera dar una respuesta, Hyun se levantó y se acercó a la mesa, cogió una silla y se la trajo—. Mira, siéntate en esta.

Lentamente se levantó sujetando el bol vacío contra su cuerpo, mientras se movía a su izquierda, mirando como Hyun ponía la silla donde él había estado sentado. Le hizo un gesto con la mano hacia la silla.

—Adelante, siéntate, Saeng.

Nerviosamente se acercó a la silla, y lentamente se sentó, sintiendo el suave cojín bajo él. Se sentía maravilloso. Estaba acostumbrado a suelos duros, o a estar de rodillas. En la silla se sentía como si estuviera sentado en una nube.

—Dame el bol —dijo Hyun mientras se estiraba para tomar el tazón.

Saeng agarró el cuenco vacío con fuerza en sus manos, manteniéndolo contra su estómago. No quería devolverlo. Nunca había comido en algo así de bonito antes.

—¿Pu-puedo quedármelo? —preguntó vacilante mientras lo apretaba contra su vientre.

Hyun inclinó la cabeza, pero asintió. Saeng suspiro aliviado porque le permitiera mantener el cuenco. A su maestro, podía parecerle extraño, pero no estaba acostumbrado a cosas de lujo, y quería aferrarse a él un rato largo.

Saeng movió su trasero en la silla, sonriendo por lo realmente suave que era. Incluso rebotó ligeramente, sintiendo la nube amortiguándolo. Sus ojos se abrieron cuando escuchó una risita de su Amo. Hyun lo miraba con un brillo de alegría en su mirada.

—¿Supongo que te gusta la silla?

Los ojos de Saeng descendieron, su rostro se ruborizó mientras asentía. Volver al duro suelo iba a ser difícil después de esto. Eso si vivía lo suficiente una vez su antiguo Amo le echara la mano encima. Saeng se aferró al tazón mientras el aroma más maravilloso llenó la cocina. Olía incluso mejor que el champú que Hyun le había dado para lavar su pelo.

—Aquí tienes —le dijo mientras le traía un plato de cristal.

Se lo dio, y se llevó el tazón. Era un trato justo. Equilibró el plato en sus piernas mientras tocaba la cosa amarilla y esponjosa de su plato con el dedo.

—Son huevos, y he añadido un poco de queso rallado también. Pruébalos. —Hyun sonrió—. Creo que te gustaran.

Saeng los apuñaló con el dedo una y otra vez, luego cogió un trozo, colocándolo en la boca. El sabor explotó en sus papilas gustativas, provocándole un gemido mientras masticaba lentamente, disfrutando cada momento del placer.




Continuara..............

1 comentario:

  1. Que triste me sentí al conocer como es la vida de Saeng. Ojalá Hyun no lo deje regresar a esa forma de vivir tan asquerosa.

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