viernes, 13 de marzo de 2015

El orgullo del Asesino. Capitulo 10



Jung Min no pudo evitar una sonrisa al ver a Jun vestirse. El hombre era guapísimo, y no tenía ni idea. El asesino estaba aturdido aún por todo lo que había aprendido en la última hora. Su compañero había sido una enorme sorpresa. Curiosamente, también una muy grata.

Mientras más tiempo pasaba con Jun, más le gustaba el hombre. La particularidad que lo envolvía cada vez era menos extraña, con cada minuto que pasaba. Sobre todo, porque el sentimiento de probidad que Min sentía cuando estaba con él era cada vez más fuerte.

—Estás muy callado, gatito.


Jun se dio la vuelta para mirarlo, apuntándolo con su dedo. —Realmente tienes que dejar de llamarme así.

—¿Qué? ¿Gatito? —Min se rio entre dientes mientras se levantaba y se acercaba para estar delante de él, el hombre se apoyó en su pecho—. Pero si eres un gatito.

—No es digno —insistió Jun cuando pisoteó su pie.

—Tal vez, pero es más lindo que el infierno y así eres tú.

—¿En serio?

A Min le encantó el pequeño color que llenó la cara de Jun y la forma en la que el hombre lo miró. Sabía que no tenía ni idea de su atractivo, pero por suerte, él sí. Añadiendo el hecho de que el cuerpo del pequeño joven, básicamente, solo podía ser marcado por él, y Min era un tipo feliz con eso.

Ahora únicamente tenía que encontrar la manera de mantenerlo con vida, porque no iba a permitir que el hombre muriera. Por lo que a Min se refería, Jun ahora le pertenecía, punto, y pelearía con quien tratara de alejar al magnífico pequeño de él.

—Oye, bebé —dijo Jung Min dando un paso atrás y comenzó a recoger su ropa— esta decisión de gobernar tu manada, ¿es algo que quieres?

—No lo sé. —Jun se encogió de hombros—. Nunca he pensado en ello.

—Bueno, tal vez deberías hacerlo.

—¿Por qué?

—¿Por qué? —Min frunció el ceño mientras trataba de cerrar el botón de sus vaqueros y se dio cuenta que no podía—. Maldita sea, Siento que he ganado veinte kilos.

—Probablemente lo has hecho. —Hyung Jun se echó a reír y señaló hacia sus pies—. Obviamente has crecido, estás más alto.

Min miró hacia abajo a sus pies, el shock se descargó a través de él, cuando vio las perneras del pantalón por encima de los tobillos. Miró a Jun sorprendido. —¿Cuánto más voy a crecer?

—No tengo ni idea. Vas a crecer hasta que tu cuerpo llegue a donde sea necesario para que puedas protegerme.

—Puedo ver un nuevo vestuario en mi futuro —Min murmuró mientras se ponía la camisa sobre su cabeza—. Me veo ridículo.

—Te ves caliente.

Min puso los ojos en blanco. No podía evitarlo. Su camiseta apenas cubría su ombligo, y las costuras de las mangas amenazaban con desgarrarse. Sus pantalones eran demasiado cortos llegando justo por encima de los tobillos y no podía abrocharse el botón en absoluto. A pesar de la afirmación de Jun, sabía que se veía ridículo.

—Tan pronto como hayamos terminado aquí, vamos a ir a comprar algo de ropa nueva.

—Es posible que desees comprar diversas tallas. No sabemos lo grande que serás hasta que termines de crecer.

Min arqueó una ceja. —¿No lo he hecho ya?

—No lo creo. —Los ojos de Jun estaban llenos de diversión.

El asesino sabía que la diversión era a su costa, pero no podía dejar de ser feliz ante la vista de la alegría en del hombre. Jun había estado de tan mal humor y tan dispuesto a aceptar su muerte. La risa en su voz era un cambio refrescante.

Tiró de la cinturilla de su camiseta, tratando de conseguir que bajara un poco más, pero fue en vano. La prenda se quedó justo donde estaba, mostrando su ombligo y todo eso. Simplemente no iba a conseguir nada mejor hasta que tuviera algo de ropa nueva.

—Muy bien, vamos.

—¿Hum, Min?

—¿Sí, bebé?

—¿No crees que deberías hacer algo respecto a eso? —preguntó Jun cuando señaló el vacío creado en su cintura porque le quedaban pequeños los pantalones. Corrió hacia su armario y sacó una sudadera. Cerró la puerta y se acercó a Min, entregándosela—. Esto podría ayudar, o al menos ocultar algo de… —Jun gesticuló con su mano a la piel al descubierto entre el ombligo y el vello púbico visible— ti.

Min se rio entre dientes mientras se ataba las mangas de la sudadera a su cintura y la anudaba. Cubrió una buena parte de la piel expuesta, pero no lo suficiente como para que Jung Min se sintiera cómodo. Sin embargo, no parecía haber ninguna otra opción. No podía esperar para ver la reacción de Hyun. El hombre se iba a reír de él estúpidamente.

Sacudió la cabeza y le tendió la mano a Jun. —Ven, muchacho, vamos a enfrentar al pelotón de fusilamiento.

—¡Oh, tal vez no deberíamos hacerlo. Podríamos salir a hurtadillas por la ventana del dormitorio y…

—Jun, me refería a mi amigo, a Hyun. No a los otros dos chicos. Y eso me recuerda, ¿quién son exactamente esos dos hombres?

—Son básicamente soldados de la manada, que mi tío envió para que me mataran

—¿Saben que eres un gato común?

—Creo que sí, pero han jurado su lealtad a su rey, y hasta que yo no sea proclamado o muerto, Geraldo lo es. Tienen que hacer lo que les ordena.

Min sabía que Jun estaba tratando de sonar razonable, pero eso lo hizo ver rojo. Agarró su muñeca y comenzó a arrastrarlo hacia la puerta del dormitorio. Les iba a dar a esos dos hombres un ultimátum, incluso puede que les permitiera vivir si estaban de acuerdo con sus términos.

Tal vez.

Min se detuvo en la puerta para mirar hacia abajo a Jun. —Quiero que estés tranquilo cuando estemos en la otra habitación. Déjame hablar a mí. Sé cómo manejar a estos tipos. Si necesito decirte algo, usaré esa cosa del vínculo entre nosotros, ¿de acuerdo?

Jun asintió. Parecía nervioso y agitado. Min puso su mano bajo la barbilla y le levantó el rostro al hombre. Se inclinó y le dio un pequeño beso en la cien, sonriendo cuando éste suspiró y se apoyó en él. El ronroneo comenzó antes incluso de que llevara su cabeza hacia atrás.

—Esa cosa del ronroneo es muy caliente.

Min se echó a reír cuando la cara de Jun se ruborizó y bajó la cabeza.

—Ven, muchacho, vamos a terminar con esto. —Abrió la puerta del dormitorio y salió, sintiendo los ojos de cada hombre en la habitación girarse en su dirección. Alargó su mano y agarró el brazo de Jun y empujó al hombre detrás de él.

—¿Se divirtieron? —Hyun le preguntó casualmente, desde donde se encontraba apoyado contra la pared de la cocina, la pistola en la mano apuntando a los dos hombres sentados en el suelo, contra las estanterías.

—En realidad, sí lo hice.

Min sacó fuera de la habitación a Jun y lo escoltó hacia el lado opuesto de la habitación lejos de los dos hombres enviados para matarlo. Lo empujó en el sillón junto a la ventana y luego se volvió hacia los dos hombres.

—Olvidaros de Jun. —Min cruzó los brazos sobre su pecho y miró a los dos hombres—. Esa es su única opción si queréis salir de aquí con vida.

—No es asunto tuyo —dijo uno de los hombres, el de pelo oscuro. Era prácticamente la única manera en la que Min podía diferenciar a los dos hombres. Ambos iban de negro, tenían la misma altura y peso. Incluso sus caras tenían un aspecto similar. Podría ser que fueran familia. Sólo los diferenciaba por el color de su cabello, uno oscuro, otro claro.

—Es asunto mío. Jun me pertenece a mí, y protejo lo que es mío.

—¿Tú eres su única pareja? —Le preguntó el otro hombre: el rubio.

—Lo soy.

—Pero, eres un humano.

—Es cierto, pero eso no niega el hecho de que no vas a dañarle ni un pelo de su cabeza. Ahora es mío para protegerlo, y lo haré. Sólo pruébame.

—Tiene que morir —dijo el hombre de cabello oscuro bruscamente—. Ha sido ordenado por nuestro rey.

—Jun es vuestro rey.

—¡Amigo!

Min ignoró el estallido de Hyun y continuó mirando fijamente a los dos hombres. —Sabéis que es vuestro rey, y sin embargo todavía estáis tratando de matarlo. Me pregunto por qué.

—No es el verdadero rey —gritó el hombre de cabello oscuro—. Es un impostor.

—¿Cuál es tu nombre? —Le preguntó Min al hombre de pelo claro, ignorando al otro. No creía que tuviera mucho que decirle.

—Me llamo Kyuhyun. —Hizo un gesto con la mano hacia el hombre sentado a su lado—. Este es mi primo, ChangMin. Estamos al servicio de nuestro rey.

Min se acercó y se puso en cuclillas frente a Kyuhyun, mirando al hombre pensativamente. —Jun es tu rey legítimo. ¿Por qué estás tratando de matarlo? ¿No debería tu lealtad ser para él?

—¡No es nuestro rey! —Insistió Changmin
.
El asesino le lanzó una mirada rápida y mordaz antes de mirar a Kyuhyun otra vez. —¿Es así como lo sientes?

—No lo sé. Me han enseñado desde mi nacimiento a seguir las órdenes de mi rey, y ordenó que Hyung Jun muriera. Va en contra de todo en lo que creo no cumplir con las órdenes reales.

—¿Incluso si esas órdenes están equivocadas? —le preguntó Min—. ¿Incluso si el hombre que da las órdenes no es el verdadero rey?

—El rey Geraldo ha estado en el trono desde antes de que yo naciera —dijo Changmin—. ¿Cómo puedes decir que no es el verdadero?

—Debido a que no lo es. Jun lo es. ¿Por qué crees que Geraldo lo quiere muerto? Sospecho que no quiere renunciar a su trono ya que Jun puede demostrar que es el rey legítimo.

—¡Estás mintiendo! —Kyuhyun rompió—. El rey Geraldo es nuestro rey, nuestro verdadero rey.

—¿Puede trasformarse en gato, un gato común? —le preguntó Min
.
—Nadie puede —dijo Changmin, apretando los puños cuando miró a Min—. Todo el mundo sabe que la línea directa de los reyes murió hace más de veinticinco años. Geraldo es el rey más cercano que tenemos al linaje real. Es su derecho gobernar.

—Jun, amor, ¿serías tan amable de mostrar a estos hombres tu verdadera forma?

—¿En serio? —preguntó Jun—. ¿Quieres que cambie?

Min sonrió mientras miraba por encima del hombro a su pareja. —Creo que es la única manera de que nos crean, bebé.

Jun revolvió los ojos justo antes de cerrarlos.
El asesino observó con fascinación como la luz alrededor de Jun brilló por un momento, y luego en lugar del hombre ahora había un gato blanco y doméstico con unos profundos ojos esmeralda.

—¡No! —Changmin gritó.

Min volvió justo a tiempo para verlo ponerse de pie y saltar por la habitación hacia el albo felino. Estiró la mano la mano y agarró al hombre por una pierna, lanzándolo al suelo a pocos centímetros de Jun.

—¿Qué demonios? —Oyó gritar a Hyun al fondo.

El corazón de Min tronó mientras veía a Jun agazaparse en la silla, el pelo en la parte superior de su gato erizado cuando entre dientes gruñó en voz alta. Changmin gruñó exactamente como antes y trató de abrirse camino a través del piso para acercarse a al felino.

Min apretó su control alrededor de las piernas de Changmin, pero podía sentir que el hombre se le escapaba. No podía permitirle llegar a Jun. Le había prometido al hombrecito que lo mantendría a salvo. Empezó a arañar a Changmin, tratando de arrastrarlo lejos de Jun. Se preguntó por qué Hyun no intervenía y lo ayudaba hasta que se volvió y vio a Hyun con la pistola apuntando todo el tiempo a Kyuhyun, para mantenerlo fuera de la lucha.

Min sintió una renovada energía cuando Jun sacó sus garras y le arañó la cara a Changmin. Esperaba que éste le devolviera el golpe, e incluso se puso tenso cuando esperó a que el hombre golpeara a Jun.

En cambio, Changmin lanzó un grito y cayó al suelo, su cabeza apoyada en sus manos. Confundido por la repentina falta de lucha del hombre, Min siguió sujetándolo. Levantó la cabeza para mirar a su pareja, en busca de alguna lesión.

—¿Jun, estás bien amor?

—Sí, estoy bien. No me tocó.

—Cambia de nuevo, bebé.

En un abrir y cerrar de ojos, Jun volvió a su forma humana, aunque todavía estaba encorvado hacia abajo, con las rodillas dobladas hasta su pecho mientras miraba con recelo a Changmin. Poco a poco, Min aflojó su agarre, vigilándolo para asegurarse de que el hombre no se movía.

Se sentó y se deslizó hasta colocarse entre Changmin y Jun luego llevó una mano hacia atrás para tocar a su compañero, queriendo asegurarse de que el pequeño no estaba herido.

—¿Estás seguro de que no estás herido?

—Estoy bien.

Min quería ver a Jun, verlo por sí mismo, pero dudaba en apartar los ojos de Changmin. No sabía a qué juego estaba jugando el hombre, y quería estar listo para cualquier cosa. Sin embargo, fue un gran alivio cuando sintió el cuerpo de Jun ejercer presión contra su espalda, los brazos del hombre rodeando su cuello cuando sintió un pequeño beso en su mejilla.

—Te lo prometo, estoy bien, totalmente ileso.

Cuando Changmin empezó a moverse, levantó la cabeza en un primer momento y luego se arrodilló, Min se tensó. —Tócalo y morirás —advirtió al hombre.

Para su sorpresa, Changmin se limitó a asentir luego se dejó caer casi hasta el pecho. —Le pido disculpas, Alteza. No tengo ninguna excusa para mis acciones. Espero su castigo.

«¿Qué carajo?» Pensaba Min mientras veía al hombre inclinado hacia adelante hasta que su frente tocaba el suelo. —¿Jun? ¿Qué está pasando?

—¿A mí me lo preguntas?

—Changmin sabe que estaba equivocado. Geraldo no es nuestro verdadero rey. Vos lo sois.

Min miró más allá del hombre postrado donde Hyun todavía se apoyaba contra la estantería. Se sorprendió al ver las lágrimas que brillaban en los ojos del hombre. —Y eso ¿qué significa? Te he dicho todo el tiempo que Jun era el verdadero.

—Geraldo ha gobernado durante veinticinco años. Todo el mundo cree que el linaje real se extinguió, que no hay más sangre de la realeza. Es lo que se nos enseña desde nuestro nacimiento.

—Entonces porque seguisteis llamándome Alteza cuando llegasteis.

La sonrisa de Kyuhyun era triste. —Nos habían dicho que eras un impostor, un pariente perdido de Geraldo. Siendo un pariente, incluso si no tenías sangre real, todavía se te consideraba miembro de la realeza. Nos dijeron que te tratáramos como tal.

Jun soltó un bufido. —Bueno, al menos, Geraldo tiene buenos modales.

—Su Alteza es mucho más amable de lo que lo sería, él. —Dijo Kyuhyun—. Sobretodo teniendo en cuenta la situación.

Min no podría estar más de acuerdo. Todavía no sabía si iba a matar a Changmin y Kyuhyun o no. Definitivamente tenía planes para matar a Geraldo si alguna vez veía al hombre. Se puso de pie, manteniendo los ojos sobre el hombre. Todavía no confiaba en él.

—Ve a sentarte de nuevo con tu primo, Changmin.

El hombre no se movió más allá de tensar sus músculos.
Min puso los ojos en blanco y miró a Jun, agitando la mano al hombre postrado en el suelo. —¿Te importaría?

—Haz lo que dice, Changmin—dijo Jun en voz baja, aunque Min podía oír la confusión en su voz—. Debes seguir cualquier orden que te dé mi pareja. Habla por mí en todo momento.

Changmin se alzó sobre sus rodillas y asintió, a continuación, se puso de pie y caminó de nuevo hacia el lado opuesto de la habitación. Min esperó hasta que se sentó de nuevo y Hyun tenía el arma apuntando a los dos hombres antes de volverse y levantar a Jun en sus brazos.

Se sentó y lo estableció en su regazo, de ninguna manera se sorprendió cuando Jun se acurrucó y comenzó a ronronear. Min le pasó su mano por el cabello y por su espalda, mientras miraba a los dos soldados enviados a matar al hombre en sus brazos.

—¿Qué sugieres que haga con esos dos? —Min le preguntó—. Han tratado de matar no sólo a mi compañero, sino a su rey, su verdadero rey. Incluso si estaban siguiendo las órdenes del hombre que creían que lo era, siguen siendo seres racionales, capaces de pensar por sí mismos.

—¿Sinceramente? —dijo Changmin—. Por lo que hemos hecho, merecemos que nos mate.

—Estoy de acuerdo. —Min sintió al joven ponerse tenso en sus brazos, y el ronroneo se detuvo—. Sin embargo, a mi Jun no le gusta el derramamiento de sangre. Se filtra en la madera del suelo.

El ronroneo comenzó de nuevo por lo que el asesino supo que había dado con la respuesta correcta. No es la que hubiera dado hace veinticuatro horas, pero era divertido como había cambiado su vida en tan poco tiempo. Ya no pensaba en términos de eliminar cualquier amenaza conocida. Pensaba en lo que a Jun le gustaría en primer lugar.

Min no podía decir que estuviera triste de notar este cambio. Sorprendido, sí, triste, no. Había pasado demasiados años estando solo, no teniendo a nadie permanente en su vida. Siempre folladas de una sola noche en cualquier callejón, que no le satisfacían tanto como sostener en sus brazos a Jun. Este lo hacía sentirse especial, como si le importara a alguien. No podía recordar el haber disfrutado eso alguna vez.

Incluso los hombres para los que trabajaba, más allá de sentir una ligera tristeza por su pérdida, no llorarían su muerte.

Era un asesino, una herramienta para utilizar. Había sido entrenado de esa manera desde una temprana edad. Con Jun, Min sabía que lo echaría de menos, que se afligiría. Infiernos, estaba muy seguro de que el pequeño quedaría devastado.

—Entonces, ¿qué se supone que voy a hacer vosotros? —preguntó Min—. Si os mato, Jun se molestara. Si os dejo ir, podríais volver y tratar de hacerle daño, en cuyo caso me cabrearía y tendría que mataros. No hay solución fácil.

—Si los mato yo, Jun no se enfadará contigo —Apuntó Hyun.

—Sí, pero lo haría contigo.

—Oh, puedo aceptar su enfado de pequeño gatito. —Hyun sonrió.

Sabía que su amigo estaba bromeando. Tenía un pésimo sentido del humor. Pero Jun no lo sabía, y el asesino sintió al hombrecito tensarse en sus brazos. Min comenzó a frotarle la base de la espalda con pequeños círculos cuando volvió el rostro hacia su amigo.

—Podría ser, pero todavía tienes que lidiar con Jun por llamarlo gatito.

Min observó entretenido como la boca de Hyun se abrió ante el pequeño secreto se le había soltado. La cabeza de Jun se giró rápidamente. La fría mirada que le envió a Hyun habría hecho que los hombres más duros temblaran en sus botas.

—¿Me llamaste gatito?

—Oh, vamos, no fue nada personal. —Hyun hizo un gesto de embarazo con la mano—. Eres un gatito.

—Soy un gato.

—Gato, gatito, ¿cuál es la diferencia?

Jun se movió y saltó sobre el suelo antes de que Min pudiera detenerlo. Hyun gritó y luchó para alejarse todo lo que pudo pero el joven lo atrapó en la parte delantera de sus pantalones y la camiseta, sus uñas clavándose en el grueso tejido. Le dio un zarpazo en la cara antes de saltar sobre el mostrador de la cocina americana.

Se agachó emitiendo un suave gruñido con su garganta mientras sus ojos lo miraban. Cubriéndose la hemorragia de la mejilla con su mano, Hyun, lentamente se alejó de Jun.

Min se puso en pie después de que el choque finalizara y se acercó para llevar a Jun a sus brazos. Hizo una mueca, cuando negó hacia Hyun. Volvió a sentarse con su pareja en su regazo, pasándole las manos dulcemente por la suave piel.

—¿Todavía crees que puedas aceptarlo? —Min arqueó una ceja, mirando a su amigo.

—Tío, tu gato está loco. —Hyun se frotó la mejilla luego se quedó mirando horrorizado la sangre en su mano—. Me gusta, ¿voy a convertirte en un gato o algo así ahora?

—No ocurre así —dijo Changmin desde su posición en el suelo—. Si cada persona que resulte arañada por un gato cambiara, el mundo se vería invadido.

—¿Has visto la población de gatos callejeros? —preguntó Hyun—. ¿Estás seguro que no estamos siendo invadidos?

—Solamente los verdaderos descendientes directos de la estirpe real pueden transformarse en gatos comunes. Así es como sabemos que son miembros de la familia real. El resto tenemos diferentes formas.

Hyun  frunció el ceño, su frente arrugada. Min sentía como lo miraba confundido. —¿A qué puedes cambiar? —preguntó el asesino.

La luz brilló alrededor de Changmin y se lo mostró. Min parpadeó ante la brillante luz. Cuando su visión se aclaró, su boca se abrió y su control sobre Jun  se apretó cuando se encontró mirando a un tigre siberiano de 226 kilos.

—¡Joder!

Min asintió silenciosamente en acuerdo con Hyun. Las cosas se ponían cada vez más y más interesantes. Jun le dijo que sería capaz de derribar a un león en plena madurez, cuando finalmente llegara a su nuevo tamaño. Si ese fuera el caso, y ante el gato que estaba mirando, estaba bastante seguro de que iba a ser tan grande como una casa.

—Cambia —le ordenó el asesino, incómodo por la nueva forma de Changmin, ya que su pareja estaba en la habitación. Según Jun, Min, no había terminado de crecer y eso significaba que aún no podría proteger debidamente a su amado.

Jung Min espera no tener que pedirle a Jun que lo ayudara para que el hombre siguiera sus órdenes. Por lo que se sorprendió un poco cuando Changmin se limitó a seguirla y cambió de nuevo en un abrir y cerrar de ojos de cegadora luz. Una vez más, un hombre vestido de negro estaba sentado en el suelo delante de la estantería.

—Jun, amor, ¿por qué no cambias de nuevo también? —Min no había terminado de pronunciar las palabras cuando se encontró con el hombre sentado en su regazo en vez del felino. Estuvo a punto de gemir cuando se le abrazó y empezó a ronronear, ambas acciones pusieron su polla dura.

Trató de mantener su atención en la conversación pero fue perdiendo rápidamente su línea de pensamiento cuando Jun se movió un poco y trató de ponerse más cómodo. Podía sentir el culo de su pareja frotarse contra él y el ronroneo no estaba ayudando. Era como una llamada de apareamiento a su polla.

—Compórtate, gatito —le susurró al oído mientras le daba unas palmaditas en la cadera. La tonta risa de Jun era agradable y lo llenó de alegría. El placer se disparó a través del cuerpo de Min ante el sonido que era casi mejor que el sexo, casi. Eso hizo que cualquier incomodidad que sintiera se desvaneciera.

Jung Min lamentablemente apartó su mirada de Jun y se volvió hacia los dos hombres. Podía ver a los dos observándolo con curiosidad y se imaginó que no sabían muy bien qué hacer con Jun y él.

Incluso podía ver que Hyun lo miraba por el rabillo del ojo, una profunda arruga en su frente. Ya que nunca lo había visto comportarse de esta manera, Min imaginó que Hyun estaba muy confundido. El asesino casi sonríe.

—Changmin, ¿qué sugieres que haga con tu primo y contigo?

—Nos merecemos la muerte por lo que hemos hecho —dijo repitiendo lo que había dicho antes.
Eso era bastante simple, pero Min supo que a Jun no le gustaba la idea cuando el hombre se puso tenso en sus brazos de nuevo. Suspiró, sabiendo que tendría que acostumbrarse a no matar a alguien cuando se convirtiera en una amenaza. Tendría que encontrar otras maneras de resolver sus problemas porque a su pareja no le gustaba la idea de matar. Tenía que preguntarse que plan cósmico se estaba riendo a su costa en estos momentos.

—Eso no es lo suficientemente bueno —dijo finalmente Min—. Mataros no va a resolver el problema con su tío tratando de matarlo. Si no sois vosotros dos, entonces enviará a alguien más a terminar el trabajo, y no voy a tener Jun mirando sobre su hombro el resto de su vida.

—Me deja vivir, incluso después de que traté de quitarle la suya —le susurró Kyuhyun, mirando hacia abajo al suelo—. La vida que ahora tengo le pertenece, y lo protegeré hasta mi último aliento.

—Como yo —agregó Changmin. Su mirada era intensa, de gran alcance, conteniendo algo parecido a la adoración en sus profundidades cuando miró a Jun—. Es nuestro verdadero rey.



Continuara................

2 comentarios:

  1. Pufff!!!! pensé que no iban a entender y los matarían, pero me alegra que el lindo gatito ( xd me sentí Piolín) los haya salvado ahora podrán ser más y reclamar el Reino, Min protege a su bb<3

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