domingo, 1 de marzo de 2015

El novio de reserva Capitulo 42




—Mamá, tengo que ir —dijo Jun.

—Pero…

Jun ignoró lo que sea que ella estuviera a punto de decir, caminando en dirección a las puertas francesas mientras seguía el rastro de Min. Una vez fuera, se detuvo en el patio de ladrillo.

La noche era hermosa, clara y nítida. Las luces de la ciudad se extendían por debajo, los faros se difundían como si fuesen cintas de luz. Vio a Min de pie en la esquina entre la pared y el barandal de metal que proporcionaba protección frente a la considerable altura, con las manos presionadas contra la barra superior.


Jun se detuvo y cruzó los brazos contra la presión por debajo de su esternón, luchando para no desmoronarse. Habría tanto en juego en los próximos minutos. Su futuro. El futuro de Min. Su felicidad. Jun sabía que Min interpretó el papel de forma convincente, pero antes de su relación, él no había sido feliz.

—Tu madre es realmente algo especial —dijo Jung Min.

—Lo sé —dijo Jun en voz baja, pero esta no era la conversación que estaban a punto de tener.

La fría brisa nocturna olía a lluvia reciente y revolvía el cabello de Min mientras Jun esperaba.

Jung Min seguía sin mirarlo. —Al menos fui un novio de reserva más convincente en esta ronda.

Si Jun escuchaba ese término una vez más vomitaría.

—Cristo, Jung Min. Hemos pasado todas las noches juntos desde hace tres semanas. Hemos probado todas las posiciones sexuales de mi repertorio, y unas pocas que eran nuevas para mí…

—¿En serio?

Por alguna razón inexplicable, Min parecía complacido, como si tener éxito en el sexo fuera una misión a cumplir. No había nada de malo con las metas admirables y todo eso, pero en serio.

—Sí —dijo Jun—. Pero ese no es el punto. El punto es que aún estás decidido a pretender que esta relación no es real.

—Wow. —Min levantó una mano como para detener el tráfico, con los ojos muy abiertos por la sorpresa—. Nadie dijo nada acerca de una relación...

—Chorradas.

Jun observó cómo la boca de Min se tensaba, apretando la mandíbula y cerrándola mientras examinaba la mirada de Jun. Y entonces Jung Min cambió su enfoque hacia más allá de la puerta. ¿Esperando una interrupción, o buscando una vía de escape?

El dolor debajo de las costillas de Jun hizo cada respiración dolorosa.

—Porque no sé para ti —Jun continuó—, pero esto comenzó a sentirse verdadero hace mucho tiempo.

Jung Min se veía como si no pudiera decidir si quería salir corriendo del edificio o tirarse por encima del barandal.

—Amigo, yo no soy... —Min se pasó una mano por el cabello—. Nosotros no... —Dejó caer las manos y comenzó a pasearse a lo largo del bajo muro de ladrillo—. Yo no soy tu novio.

Jun inhaló, tratando de controlar su frustración. Y su dolor. Observó a Min caminar por el pequeño patio ida y vuelta, esperando hasta que Min estuviera lo suficientemente cerca como para que escuchara las palabras que salieran de su boca.

—¿Te gusta pasar tiempo conmigo? —preguntó Jun.

Min frunció el ceño. —Por supuesto que sí.

—¿Disfrutas o no, tener sexo conmigo?

—Amigo. —Min se giró, su ceño fruncido mientras se acercaba, deteniéndose delante de Jun—. No voy a dignificar eso con una respuesta. Pero esto es sólo amistad con... con... —Movió la mano en círculos en el aire, como si el movimiento le ayudara a encontrar la palabra correcta—. Extras.

—Beneficios.

Min levantó las manos. —Como jodidos sea, hombre. ¿Realmente importa cómo se llama? La conclusión es, que no quiero ser etiquetado como el novio de nadie.

Jun se obligó a sostener la turbulenta verde mirada fija, debatiéndose acerca de su próximo movimiento. Podría decir que no. O podría seguir fingiendo que no le importaba. Al menos tendría a Min en su vida. Pero estaba cansado de que Min se refiriera a sí mismo como el novio de reserva.
Y Jun ya no podía seguir viviendo en el limbo.

—¿Y si Hyun dijera que me quiere de regreso? —preguntó Jun y los rasgos de Min se quedaron helados. Pero el hombre no dijo nada, así que Jun presionó un poco más—. ¿Y si te dijera que regresaré con él?

—Jode a un pato —dijo Min, frunciendo el ceño mientras se acercaba—. ¿Eso es cierto?

Jun le sostuvo la mirada y se negó a dar un paso atrás. O retroceder. —¿Es eso importante?

—Oh, infiernos, sí, es importante.

—Entonces, ¿qué dirías?

El pecho de Min subía y bajaba con cada fuerte respiración. —Diría que él no te merece.

La esperanza se encendió brillantemente, casi consumiendo el dolor. —Entonces, ¿quién me merece, Min?

Yo, Jun quería oírle decir. Yo.

En lugar de eso, Min dijo: —¿Cómo infiernos voy a saberlo?

La presión alrededor de su pecho creció con más fuerza, y Jun pretendió mantener la calma. —No eres el primer hombre que ha luchado con su orientación sexual.

—Mi orientación es irrelevante para esta conversación.

—Creo que es muy relevante. Creo que tienes miedo de admitir que eres bisexual.

—¿Qué significa eso? —Agitado, Jung Min se acercó unos pasos antes de dar vuelta y apartarse de nuevo—. ¿Cincuenta por ciento gay? ¿Cincuenta por ciento heterosexual? ¿Puedo ser noventa por ciento de uno y diez por ciento del otro? Yo no soy parte de esto o parte de lo otro. Sólo soy yo. —Se detuvo frente a Jun—. Cien por ciento totalmente yo.

Eso le sonaba a Jun como una negación envuelta en una bonita protesta.

—No pudiste admitirlo ante Kyu, y no puedes admitirlo ahora —dijo Jun.

—Te lo dije. —La voz de Min fue dura—. Eso no es de lo que se trata.

—Entonces, ¿de qué se trata, Min?

—Kyu… —cerró la boca.

Jun contuvo el aliento y luego dejó que todo saliera. —Lo amabas.

—Por supuesto que lo amaba —Min replicó.

Oh, Dios. Ácido quemó el estómago de Jun y subió hasta su esófago, y llegó a la parte posterior de su garganta...

«No vomites. No vomites»

La primera vez que le había preguntado a Min si había amado a Kyu, Jun había querido que dijera que sí. Un Min que había amado a Kyu hubiera sido gay o bi y cualquiera de los dos habría sido infinitamente más disponible.

Ahora Jun no sabía qué creer. Con Min, Jun estaba aprendiendo que nada estaba escrito en piedra.

—Pero yo no lo amaba de esa forma —dijo Min—. Jesús, te lo dije antes. Kyu era un hermano, no un novio.

—¿Entonces por qué…

—¡Porque él se murió, maldición! —Min espetó—. Todo el mundo siempre se va. Y tengo un enorme jodido agujero en mi pecho… —Min apretó los labios—. Mierda. —Se dio la vuelta, sus hombros subían y bajaban como si luchara con cada necesario aliento. Apoyó una mano en la pared de ladrillo del edificio y cerró los ojos, sacudiendo lentamente la cabeza. Sus palabras ya no salieron golpeadas—. ¿Por qué tuvo que irse?

Se oía tan... perdido.

Y quizás eso era de lo que se trataba todo esto, una pérdida de la que Min jamás se recuperó. Una de muchas a la que tuvo que adaptarse. Había perdido a su madre, a su padre, e incluso su infancia. Y, si eso no fuera suficiente, había huido y se unió a Kyu. Y luego también lo perdió.

Como un mecanismo de autoprotección de un animal obligado a perder la cola para sobrevivir, Min había sacrificado una parte de sí mismo con cada devastador acontecimiento.

Hasta que no había quedado lo suficiente de él para recuperarse.

Con ardor en los ojos, Jun dio un paso hacia adelante, esperando que su voz se mantuviera estable. —Yo no me iré, Min—dijo, poniendo una mano en la espalda de Jung Min.

—No lo hagas. —Min se giró lejos de su toque—. ¡No me toques!

Herido, Jun dejó caer el brazo a su costado.

Los ojos de Min brillaban en una tonalidad de verde que Jun nunca había visto. —Tenías que presionar, ¿verdad?

Jung Min podría estar perdido, pero también estaba cabreado como el infierno. O quizás furioso sería una mejor forma de describirlo.

Ya sea que Min estuviera furioso con Jun, o con Kyu, o con el mundo en general, Jun no lo sabía. En este momento, el destinatario de toda esa ira no importaba, porque la emoción ocupaba tanto espacio que no dejaba suficiente para nada más.

Ni siquiera para Jun.

—Estas tan jodidamente empeñado en tener una relación de compromiso que ni siquiera puedes ver lo que está delante de tus narices —Min continuó.

—Eso no es cierto.

—Acepto que ir a la fiesta de Hongki fue idea mía, pero tú decidiste mantener esta farsa con la esperanza de evitar una confrontación con tu madre. —La mirada de Min fija en la de Jun—. Acéptalo, estas jodidamente asustado de ser honesto con tu propia familia.

Jun abrió la boca, con la esperanza de producir una protesta decente. Pero ninguna llegó.

—Ya he tenido suficiente de este evento de lazo negro —dijo Min.

Jung Min giró y se dirigió hacia la puerta, y esta vez, Jun no se molestó en seguirlo.



Continuara...............

3 comentarios:

  1. no puedes dejarlo ahi, no puedes dejarme asi!!!!!!!!! continua pronto por favor!!!!!!!!

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  2. que diablos!!! Minnie a veces se gana a veces se pierde se que estas dolido pero si gues asi solo te quedaras solo Junnie te quiere y te quiere en serio Acaso no lo ves???? Junnie no sufras por el (>.<)9

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  3. Bravo bb déjalo ir,que sufra para cuando se devcuenta que te está perdiendo se arrepienta, malvado caballo como hace sufrir a Baby :@

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