martes, 30 de diciembre de 2014

El novio de reserva Capitulo 38



El aliento de Jun salió silbando de sus pulmones y su estómago se contrajo con una sacudida repugnante. Cristo, se sentía como si hubiera sido derribado por la espalda. La necesidad de jalar a Min a sus brazos y abrazarlo era abrumadora. Sabía que Jung Min odiaría esa respuesta, por lo que se apoderó de su silla y se obligó a centrarse en la actividad. El equipo contrario bloqueó un gol de campo, el coro de gemidos de la multitud llenó el silencio entre ellos mientras Jun luchaba por encontrar algo que decir.

Min mantuvo sus ojos en el juego, su postura se relajó mientras tomaba la cerveza de la mesa auxiliar. Incluso los dedos envueltos alrededor de su botella parecían relajados. La ausencia de nudillos blancos confundió a Jun. ¿Cómo podía Min dejar caer una bomba como esa y actuar tan indiferente?


Tres segundos pasaron antes de que los músculos alrededor de la boca de Min se tensaran, traicionando a sus emociones.

Jung Min seguía negándose a verlo a los ojos. —¿No vas a decir nada?

Jun intentó tragar saliva, pero su garganta se sentía muy contraída. —Creo que eres uno de los hombres más increíbles que he conocido.

La risa que soltó Min llevaba una buena cantidad de escéptica diversión. —Eres demasiado malditamente amable, Jun. Tenemos que trabajar en eso.

Pero Jun no compró ninguna de la basura que brotaba de la boca de Min, sobre todo ahora. El momento se sentía enorme. Fundamental. Y Jun se sentía inadecuado. Impropio para la conversación por venir. Todas esas estúpidas letras después de su nombre, todos los grados que se había ganado, y ninguno de ellos le habían ayudado a prepararse para esta tarea.

Luchó por las palabras adecuadas mientras miraba el perfil de Min. —No me digas que te sientes avergonzado... porque no deberías.

El pensamiento realmente le lastimaba. Min había vivido su vida abiertamente, sin importarle lo que los demás pensaran de él. Y todo eso estuvo muy bien.

Pero, ¿qué pensaba de sí mismo?

Jung Min se detuvo el tiempo suficiente para parpadear dos veces. —No hay vergüenza aquí —dijo, por fin encontrando la mirada de Jun—. Hice lo que hice para sobrevivir en las calles, y no me arrepiento de nada. De todos modos, el arrepentimiento es una emoción inútil. Pero...

Sus labios se torcieron con ironía. Hyung Jun esperó, sin mover un músculo. Cualquier reacción de su parte podría ser malinterpretada como un juicio o lástima. Y Min claramente tampoco lo toleraría.

Min dejó escapar un suspiro. —Sólo lamento que eso arruine las cosas para ti.

—¿Para mí? ¿De qué estás hablando?

—No puedo… —Movió la mano de manera circular como para ayudar a las palabras a salir—, ya sabes.

—Dios mío, Min—dijo Jun, inclinándose más cerca—. ¿De verdad crees que me importa eso?

Min frunció el ceño con expresión obviamente confundida, no enojada. —¿No debería?

La pregunta era terrible, desgarradora, y tan perfectamente, perfecta en Min.

Jung Min se mordió el labio inferior y volvió su atención de nuevo hacia el campo. Jun aprovechó el tiempo para escanear el perfil de Min y la perpleja mirada en su rostro. Al parecer, Min no podía entender la falta de preocupación de Jun por la falta de un acto sexual que lo afectaba directamente.

Después de las semanas que habían pasado juntos, ¿aún todo lo que Min sentía era que lo de los dos estaba bien? ¿Un buen polvo?

Un nudo se formó en el pecho de Hyung Jun, su presión y frecuencia cardíaca disminuyó en respuesta. El tiempo se detuvo. El sonido de la multitud se desvaneció. Su campo de visión se redujo en Min consciente de que estaba junto a él, rodeando los bordes de algo tan grande, tan monumental, la magnitud era tal que era incapaz de moverse. Y entonces la verdad lo golpeó con una fuerza implacable.

Amaba a Jung Min.

El conocimiento era fuerte, brutal e implacable. Min había comenzado esta relación como un juego, y Jun se había enamorado. Los labios de Jun se torcieron con ironía, reprimiendo la risa histérica que amenazaba burbujear a la superficie. Hongki había estado en lo cierto.

Maldición, no tendría ninguna vida al lado de su amigo cuando descubriera la verdad.

Las palabras de Min y su primera vez en la cama de Jun regresaron.

«Es sólo sexo. No significa nada»

«No significa nada»

Jun trató de luchar contra el creciente temor ante lo expuesto, sintiéndose a uno o dos segundos de distancia de un colapso mental. Amaba a un hombre que aún tenía que definir su orientación sexual, un hombre que se hacía llamar el novio de reserva de Hyung Jun, ya que, por lo que Jun había podido averiguar, él nunca había estado en una relación seria con una mujer. Nunca

Jesús, Jun ni siquiera podía tocarlo en público.

Buen Dios. El pánico parecía ser la única opción viable.

El latido en la sien de Jun se sintió lo suficientemente potente como para reventar un vaso sanguíneo. Pero de todas las opciones que tenía, controlarse no era una de ellas, no cuando Min había compartido una parte tan importante de su pasado. Y, mientras Jun luchaba por encontrar las palabras correctas, Min finalmente habló.

—La última vez que lo hice, sólo quería conseguir el dinero suficiente para comprar una hamburguesa. —Min soltó una risa amarga—. Y no cualquier hamburguesa. Yo quería la hamburguesa doble queso de luxe del restaurante Swanson. —Sacudió la cabeza y miró a Jun—. ¿No es la cosa más estúpida que jamás hayas oído?

—No.

Min ignoró a Jun y siguió hablando. —Pero el imbécil era grande, y fue rudo, y yo no podía respirar. Sentí que me estaba ahogando.

Los ojos de Jun ardían, y sus palabras salieron roncas. —¿Qué edad tenías?

—Quince.

«Cristo»

Jun iba a agarrar el hombro de Min, pero Min se movió hasta que estuvo fuera de su alcance, y la mano de Jun bajó a su regazo. Cualquier acto físico de apoyo no sería bien recibido por Min, especialmente no en público, sin importar cuanto Jun sufría por el chico que Min había sido. El recordatorio de la unilateralidad de su relación dejó a Jun sintiéndose drenado.

—Yo perdí el jodido control de mi boca y garganta, no tenía coordinación en absoluto —Jung Min continuó—. Así que cuando él se corrió, pensé que me estaba ahogando.

Con el pulso acelerado, Jun se esforzó por ocultar el dolor y la furia en nombre de Jung Min.

—De todos modos —dijo Min con un encogimiento de hombros—, al final salió bien.

—¿Cómo infiernos puedes decir eso?

Min le envió a Jun una pequeña sonrisa. —Hombre, porque dejé de vender mamadas después de eso. Y unas horas más tarde, mentalmente me había recuperado lo suficiente como para darle caza al SOB4 (es la sigla para soberano hijo de puta.) y lo encontré siendo rudo con Kyu.

—La noche que se conocieron.

—Sí —dijo Min—. Me dio una razón aún mejor para darle un puñetazo. Por supuesto, el muy cobarde logró apuñalarme en la espalda con una botella rota. —Una sonrisa se deslizó hasta su rostro—. Pero la pelea fue divertida mientras duró. Después, Kyu me cosió, y le compre la cena en el Swanson.

A los quince años, Min se sobrepuso a una experiencia horrible salvando a un desconocido de un tipo abusivo, convirtiéndolo luego en su nuevo amigo, e invitándolo a comer una hamburguesa doble queso de luxe.

—Lo dije antes, y lo diré de nuevo —dijo Jun, sacudiendo lentamente la cabeza—. Eres una persona increíble, Park Jung Min.

—Y no se te olvide.

A pesar de todo, el regreso de la luz arrogante en los ojos de Min hizo que Jun sonriera, la mezcla de autoconfianza y vergüenza en la expresión de Min era abrumadoramente entrañable. Un familiar aleteo debajo de su esternón hizo dolorosamente consciente a Jun de su situación. Y mientras trataba de asimilar todo lo que le había compartido, sólo una pregunta persistía.

¿Cómo sobreviviría a su amor por Min sin perder la cabeza?


Continuara............

2 comentarios:

  1. Nooooo!!!
    Quiero otro capi!!!
    Pobre de jun no quiero que ninguno sufra!!!

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  2. Oh....! Pobre de Min, ojala y pronto se termine de romper el hielo de su corazon y se deje querer por Jun

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