El sonido de un hombre aplaudiendo, o en este caso los aplausos de un ángel caído, hizo que los pelos en la parte posterior del cuello de Hongki se pararan.
—¡Que conmovedor!— Hyun estaba de píe sobre las ardientes cenizas humeantes que habían quedado del fuego—. Podría haber empezado a llorar si ustedes dos no se detienen.
En un segundo, Kyu, con su chaqueta de cuero y jeans negro, estaba de pie entre Hyun y Hongki. —Ponte algo de ropa — dijo Kyu sobre su hombro. Él miró a su hermano—. ¿No sabes cómo llamar?
Hongki vestido, se deslizó fuera de la cama y fue a pararse junto a Kyu. Se sonrojó bajo la mirada de Hyun.
—Tu marca es bonita — dijo el ángel oscuro—. Hiciste un trabajo detallado. Debe ser toda esa sangre y tripas que tu manejas.
—¿A quién le tengo que pagar para que te haga mortal, de modo que pueda pasarme todo el día matándote?
—Eso no es correcto —dijo Hyun—. Centurias han pasado, antes de que marcaras a Hongki, tuviste un montón de décadas para matarme —se limpió los ojos—. Ahora es sólo un día.
—Te he dejado pasar muchísimo —Kyu se acercó a su hermano con cada palabra—. Sé que no puedes dejar de ser tu mismo. Pero han pasado miles de millones de granos de arena, y estas jodiéndome hasta casi mi límite.
Hyun sonrió a los ojos oscuro de Kyu. —¿Qué? ¿Conseguir un poco de culo rápido no mejora para nada tu temperamento?
Hongki oyó el chasquido bajo del cuchillo de Kyu cuando cayó en su mano.
Kyu se lanzó contra Hyun. Hongki saltó entre ellos. —Detente —dijo—. O seré yo quien te llame Loco Kyu.
Deslizando su brazo alrededor de la cintura de Hongki, tirando de él cerca, Kyu bajó la mirada hacia él con tal deseo en sus ojos, que Hongki quería fundirse con él. —Si tu y mi hermano conspiran contra mí, Min podría enviarme a un reformatorio para ángeles malos.
—¿Tienen eso? —dijo Hongki.
Min se materializó junto a Kyu. —No hay reformatorio —dijo—. Pero ciertamente puedo pedir que él y Hyun vayan a una misión juntos —pasó la mirada por Hongki—. Te ves bien —dijo—. Y tu marca es muy favorecedora.
—Tu sabes que odio eso —Kyu soltó a Hongki, deslizándose hacia atrás—. Estoy en una misión. ¿Y si me hubieras tocado?
—Hyun no ha tenido la oportunidad de darte la noticia, ¿verdad?—dijo Min.
Hongki vio tanto a Hyun como a Kyu alejarse de Min. No podía dar sentido a por qué ambos actuaban como si le tuvieran mucho miedo a un ángel cuyo trabajo es hacer la paz.
Volteando hacia Hyun, Min dijo: —Estoy seguro de que está ansioso de escuchar las noticias.
—La Semilla llegó a ser estable —Hyun era todo negocios, un soldado informando a un general—. Hay una localización para el Nephilim.
—¿Algo más?
—Sólo una cosa más —los ojos del ángel oscuro brillaron con diversión. Sus cuernos crecieron hasta que fueron más largos que los brazos de Laine, y terminaban en pequeñas puntas afiladas. Su camisa desapareció, dejando su musculoso pecho y los brazos desnudos—. En caso de que mi hermano, no gane —dijo—, necesito saber lo que te gusta, Kiki. —Él sonrió, mostrando una doble hilera de afilados colmillos como agujas—. Para poder hacer el Infierno cómodo para ti. ¿Es éste tu estilo? —Se encorvó más, apretando sus puños, haciendo la clásica pose de un físico-culturista.
—Hermano —dijo Jung Min con voz de reproche—, si le das a Kyu una razón, tú sabes que yo no lo voy a detener.
—Tuvo suerte cuando dejé que me echara a patadas de la casa de nuestro Padre —Hyun materializó de nuevo su oscuro suéter y jeans desteñidos. Él dio un paso hacia Kyu—. No dejes que Vassago te haga perder la cabeza, Kyunnie. Hay mucho en juego en esto.
Una expresión de preocupación en el rostro de Min —Sé que estás dispuesto a ser valiente —le dijo a Hongki—, el premio del amor de mi hermano siempre será tuyo.
Min y Hyun ambos se desvanecieron sin ninguna otra palabra.
Kyu tomó la mano de Hongki, y le besó la palma. —De aquí en adelante, cada movimiento cuenta.
—No habrá errores —dijo Hongki. Aunque el eco de sus palabras resonó profundamente en su mente. Él no era más que un mortal, y Kyu era inmortal, pero no perfecto.
Kyu se dirigió hacia una puerta que no estaba allí. Cuando alzó la mano, una puerta apareció brillando y la abrió. Hongki sintió el calor y el hedor de la Semilla que habían dejado atrás rodeándolos. En lugar de un pasillo, había un callejón tan estrecho que si daban un paso fuera hubieran quedado detenidos por la pared frente a ellos. Siwon encabezaba el callejón. Una luna extrañamente pálida colgaba en un cielo despejado cuya oscuridad era perturbada por las estrellas.
—¿Estás listo? —preguntó Kyu.
—La completa oscuridad viene —dijo Siwon.
—¿Hongki?
Se preguntaba dónde estaban las estrellas, pero sabía que no era un buen momento para preguntar. —¿Sí?
—Es el final del juego. Todo lo que tengo para protegerte son mis reflejos y sus cerebros —dijo Kyu—. Cuento con ambos. ¿De acuerdo?
El corazón de Hongki comenzó a latir al doble. —Cerebro en línea —dijo—. Chequeando.
Los ojos negros sobre negro de Siwon corrían de arriba abajo por Hongki.—Linda marca.
Los tres salieron del callejón. Sus pasos eran ruidosos en la oscuridad de la ciudad silenciosa. El silencio fijó los nervios de Hongki en el borde, como si tuviera astillas de vidrio corriendo por sus venas.
—Dos cuadras más adelante —dijo Siwon.
Su voz grave hizo temblar los nervios de Hongki, haciendo que las sombras se sintieran más profundas.
—Tranquilo —dijo Kyu—. Nada logrará pasar más allá de Siwon y de mí.
Ellos bajaron por la calle, sus sombras largas y elegantes en la luz de la luna. Detrás de ellos, nada se movía, frente a ellos, la noche era una silenciosa tumba a la espera de lo que sucedería. Sin embargo, a los lados, en el rabillo de los ojos de Hongki, las sombras cobraban vida retorciéndose, cosas se retorcían. Trató de no mirar, pero incluso cuando lo hacía, no había nada. Ni Kyu ni Siwonparecían tenerlo en cuenta, más allá de lo que podían ver, cosas oscuras cobraban vida.
—¿Qué? —dijo Kyu—. ¿Qué pasa?
Hongki apartó los ojos de un escaparate en el que estaba seguro de que había visto a un desnudo, cuerpo sin piel, colgando de una cuerda podrida. —¿No ves nada? —dijo.
—¿Los Temblores? —Kyu movió sus manos hacia los edificios oscuros—. Son fantasmas. No son reales.
—Ecos del futuro —dijo Siwon.
Kyu se detuvo frente a un edificio cuyas ventanas tenían el suave resplandor de la luz del fuego. Pero parecía equivocado de alguna manera, era como una visión de una casa embrujada que mostraba el resplandor de un fuego que había quemado a una familia en sus camas.
—¿Dónde están? —Kyu se volvió lentamente, parando de espaldas a la calle—. Mierda—dijo, y tiró a Hongki hasta el suelo.
Kyu se puso en pie en un segundo, cuchillo fuera. Dos demonios estaban detrás de él, dos al frente. Pero eran sólo las primeras gotas de una tormenta. Dos filas de demonios estaban bajando por la calle desde uno de los extremos. Más se arrastraban, las caras primero, se veían bajando por las paredes de los edificios al otro lado de la calle. Kyu y Siwon se enfrentaban a un ejército.
Hongki se quedó en el suelo, acurrucado contra una pared de ladrillo, los ojos fijos en los ángeles guerreros.
Siwon y Kyu luchaban espalda contra espalda. Siwon estaba desarmado, pero lanzaba sus puños provocando hematomas, en arcos rápidos, al golpear con fuerza a los demonios, y derribándolos a sus pies. Pero se apresuraban a regresar, deslizando sus garras hacia él, con agilidad evitando sus mortales golpes.
Un demonio rastrilló sus afiladas largas garras como el acero a través de la garganta de Siwon, mientras que otro fue por sus ojos. El ángel negro los agarró de la garganta, los sacudió, y rugió de rabia. Los levantó del suelo, dio media vuelta, y los despedazó contra la pared sobre la cabeza de Laine. Él se agachó, y escuchó un sonido bajo de crujido, entonces estaba rodeado por el humo que olía a carne podrida.
El aire se espesó y se convirtió en una niebla acuosa cuando los demonios se redujeron hacia los ángeles. Siwon fue ayudar a Kyu, que estaba luchando con cuatro demonios. —No. —Kyu dijo, cortando la garganta de un demonio, agachándose para evitar las garras de otro— Toma a Ki —dijo—. Vete.
Hongki sabía que eso era estúpido, sabía que no podía hacer nada para ayudar, pero él quería quedarse, a velar por Kyu. Pero antes de que pudiera abrir la boca, Siwon se inclinó, lo agarró y lo tiró por encima de su hombro, apenas deteniendo su carga mientras iba hacia la puerta del edificio. Era como ser llevado por un hombre articulado hecho de hormigón.
En el interior, puso a Hongki abajo, explorando con sus ojos negros el estrecho pasillo. —Quédate ahí —dijo en su extraña voz susurrante.
Estaba de espaldas a Hongki, y no podía ver por encima de los hombros de Siwon. —¿Quién está aquí?
Los músculos de la espalda de Siwon ondearon mientras balanceaba sus brazos lentamente, las piernas abiertas, listo para el ataque. —¿Por qué? ¿Quieres que te presente?
Kyu cruzó la puerta, limpiándose algo fuera de su chaqueta. —Siwon, protege las escaleras —dijo—, Hongki, ven conmigo.
Empezó a subir las escaleras. Ki se puso como un tiro de pie, y fue tras él antes de que Siwon pudiera ayudarle a pararse. Había algo amenazador en su toque, la sensación de que si él no estaba prestando atención a cada segundo, le aplastaría los huesos.
Subieron cuatro tramos de las escaleras en forma de caracol. El camino haciéndose más oscuro, más estrecho. Las paredes comenzaron a curvarse hacia afuera, convirtiéndose en redondas. Los escalones retorciéndose en pequeños círculos cada vez más estrechos. La luz de la luna brillaba a través de las estrechas altas rendijas en las paredes.
—¿Es este un castillo? —preguntó Hongki. No hubo respuesta, por lo que se concentró en la escala.
Hongki había tenido una pesadilla recurrente desde su infancia. En el sueño, él estaba en una mazmorra —como el pasillo, con paredes de piedra y techo bajo. Un poco más adelante de él, sabía que había miles y miles de serpientes. Siempre les oía deslizarse unas sobre otras. Cuando se volvía para correr, se deslizaba hacia sus cuerpos resbaladizos.
Más adelante, oyó el mismo bajo sonido deslizante y se detuvo, sorprendido con incuestionable horror, como seguramente se sentiría un pez en un anzuelo.
Las escaleras terminaban en una habitación cuyas paredes redondas eran de piedra blanca áspera.
—Es tan bueno que hayas venido,Kyu. —La áspera baja voz dijo—. Todos estos siglos, y nos mantuvimos desaparecidos uno del otro.
Kyu brincó hasta el último escalón, su cuchillo fuera. —Recuérdame de nuevo por qué no te maté volviendo de Grecia.
Un hombre de piel aceitunada, no un demonio con cuernos, salió de la oscuridad, descalzo, vestido con pantalones negros de seda. Su pecho y brazos con redondeados músculos. Tenía un rostro casi cuadrado, ojos negros sobre negro, y dientes que se veían pequeños y afilados.
El siseo estaba conduciendo a Hongki fuera de sus sentidos. Él avanzó a lo largo de la pared, moviéndose más cerca de Kyu. Gritos, ruido de carne golpeando contra los muros, y otros sonidos de lucha venían a la deriva desde debajo de ellos. Siwon estaba ocupado.
—No pudiste atraparme entonces —dijo Vassago—. Y no me atraparás en este momento. —Olfateó el aire, y puso sus ojos en Hongki—. Él debe ser delicioso cuando tomas su frágil culo mortal. ¿No lo has hecho gritar aún, o todavía están de jodida luna de miel?
Kyu rodó los hombros, como un luchador consiguiendo estar listo para patear culos. —Tengo que darte una oportunidad de arrepentirte —se aclaró la garganta, y habló lentamente—. ¿Vassago, vas a rendirte e ir voluntariamente al Infierno por tu castigo?
El medio ángel inclinó la cabeza hacia atrás, cerró sus ojos y pareció pensar en ello antes de decir:—No lo creo. No.
—¿Por qué? —dijo Kyu.
—¿Por qué no voy a ir al Infierno y rodar una roca cuesta arriba durante mil años?
—No —dijo Kyu—. La plaga, ¿qué pensabas? ¿Que no vendría por ti?
Vassago miró a Hongki sobre el hombro de Kyu. —Tan dulce, él debe ser tan apretado.—llevó sus ojos de nuevo a la dura cara de Kyu—. Contigo en Destierro y sólo Hyun para cuidar de la tienda... —Él se encogió de hombros—. Bueno, todo es tentación.
—Quédate detrás de mí, Hongki —Kyu estaba moviendo sus manos en el aire en un complejo patrón—. Tengo que atraerlo hacia abajo.
—¿Fue bueno cuando lo marcaste?—Vassago dijo—. Porque es lo último que tendrás de él.
Hongki se encogió contra la pared detrás de él, pero las paredes brillaron, convirtiéndose en una masa enredada de cuerpos de serpientes. Saltó alejándose, llegando directamente por delante de Kyu, agitando lentamente las manos.
—¿Qué es? —dijo Kyu. Las serpientes estaban detrás de Kyu. Hongki podía oírlas. No miles, cientos de miles. Podía oírlas siseando, deslizándose una sobre la otra.
Se dio vuelta, desesperado por escapar de ese horrible sonido deslizante, que llenaba su cabeza, conduciendo dagas de miedo a través de su cerebro. Delante de él había un prado, verde césped cortado a ras. Sin siseos, ni deslizamientos. Se tambaleó hacia éste, oyó un rugido detrás de él, una bestia a por él. Se esforzó por empujarse de nuevo hacia el espeso aire, pero de repente sintió el frescor de la pradera contra su cara. Entonces eso se reventó como una burbuja, y estaba mirando a los ojos rojos bordeados de negro de Vassago.
El Nephilim agarró a Hongki, lo hizo girar en un movimiento rápido, acercándolo como escudo. —Sé que no quieres que nada le suceda, Kyu. Pero es un mundo tan peligroso en el que vivimos —pasó sus largos dedos sobre los labios suaves de Hongki—. Has que sea más seguro para él. Hazte a un lado. Déjame pasar.
Hongki dejó escapar un pequeño grito. Estaba de pie en el borde de un enorme abismo abriéndose que no dejaba escapar ninguna luz. La luz de la luna atravesaba las ventanas por encima de su cabeza en las paredes opuestas, reflejándose en los cuerpos relucientes de miles de serpientes que se retorcían unas sobre otras.
En el abismo, entre él y Kyu, se tendía y estiraba un puente tan estrecho, que un hombre tendría que caminar arrastrando los pies para mantenerlos en las piedras. La mente de Hongki estaba paralizada por el terror.
—Deja que se vaya —dijo Kyu.
El Nephilim liberó a Hongki, dando un paso atrás. —Como lo ordenes.
Kyu luchó desesperadamente para mantener su armadura bajo la superficie. Trató de forzar su mente dentro de la batalla a la calma, al estado en el que podría crear estrategias, pensar en una salida. Pero ese era Hongki a centímetros de Vassago.
—Siwon— dijo—. Ven si puedes.
El ángel se materializó al lado de Kyu , y entendió la situación de un vistazo. —Fuegos del Infierno —dijo Siwon.
—Hongki —dijo Kyu—. Ven a mí.
—No —Siwon agarró el brazo de Kyu, y le dio media vuelta alrededor—. Se apartó por miedo. Intenta utilizar el miedo para traerlo de vuelta, y estará muerto. Neutralízalo, no lo alimentes.
Hongki se quedó inmóvil, con los ojos clavados en el piso, con una expresión de horror en su rostro.
Lo que dijo Siwon era verdad. Pero los pensamientos de Kyu se atascaban unos contra otros, como ladrillos en una pared de pánico. Cada instinto inmortal, cada impulso, exigía que Kyu extendiera sus alas, volara los pocos metros que lo separaban de Hongki , y tirara de él en sus brazos. Pero si lo hacía, Vassago ganaría. —Dime lo que estás haciendo que él vea —dijo Kyu.
—Yo no soy tan bueno como Lucifer —dijo Vassago—. Pero tengo mis pequeños talentos.
—Tu armadura —dijo Siwon en un bajo susurro urgente—. Va a salir.
Esforzándose, Kyu fundió su armadura de nuevo en su piel. Sólo había una forma de llegar a Hongki, de una manera que no estuviera prohibida. Kyu apretó los dientes, enfocándose en la espalda de Hongki, dejando que el poder de la marca fluyera con sus palabras. —¿Recuerdas el día en el parque, Kiki? ¿Cuando te dije que encontraría una manera de estar juntos para siempre?
Hongki movió sus brazos violentamente al viento, como si estuviera en el borde de un acantilado de una milla de alto.
—Lo hice. —La voz de Kyu era baja y estable—. Estoy aquí. Todo lo que tienes que hacer es venir a mí.
Los ojos aterrorizados de Hongki se reunieron con los de Kyu. —Serpientes —dijo.
—No son reales—dijo Kyu—. Tiene que haber un puente. Búscalo.
—Ya lo veo —dijo Hongki—. Pero voy a caer. Ellas me van a comer.
El talento de Kyu con la ilusión era limitado, pero convocó a los aromas de la hierba recién cortada, el sonido burbujeante de la corriente de un arroyo, el calor de un sol de verano. —Hicimos una promesa el uno al otro ese día —dijo—. ¿Te acuerdas?
Hongki retrocedió un paso, entonces, como una muñeca de cuerda quebrada, dio medio paso hacia adelante, y se congeló. —Ellas están debajo de mi cama.
Siwon hizo que Kyu aflojara, su corpulencia llenando el estrecho pasillo. —Bien —dijo—. Sigue adelante.
Detrás de Hongki, Vassago habló entre dientes. Una lengua bífida chasqueó de su boca. —Los mortales y sus miedos —dijo—. Son cosas tan débiles.
Kyu ignoró al Nephilim —Trata de caminar por el puente, Kiki. Tienes que hacerlo.
Hongki se adelantó un paso y cayó de rodillas.
Kyu se abalanzó sobre sus pensamientos, forzándolos a mantenerse en un fino filo de enfoque. —Prometimos que siempre creeríamos.
El rostro de Hongki era rojo, gotas de sudor se alinearon en su frente. —Tengo que arrastrarme.
—Está bien. —La voz de Kyu no tenía ningún indicio de la furiosa batalla torturando su interior—. Voy a estar aquí, esperándote.
Con sus delgados brazos temblorosos, Hongki avanzó a través del suelo.
—Eso es —dijo Kyu.
La cabeza de Hongki colgaba hacia abajo. Se deslizó de rodillas a través de las piedras como si cruzara algo alto y estrecho.
Más allá de Ki, el Nephilim estaba presionándose a sí mismo a la pared, con los ojos cerrados, el rostro contraído por la concentración. Esta sería la peor parte. Cuanto más Hongki avanzara, peor los juegos de Vassago conseguirían ser en su cabeza. Si el miedo de un mortal era lo suficientemente fuerte, las ilusiones del Nephilim podrían matarlo.
Kyu enroscó sus alas con tanta fuerza, que la espalda le dolía. Su espada estaba ardiendo a través de la manga de cuero. Dejó ir su chaqueta, dejando que se desvaneciera.
Hongki gritó el nombre de Kyu, encorvó su cuerpo casi el doble, los brazos sobre la cintura, como si hubiera sido golpeado en el estómago.
Sus alas, su armadura, su espada —lo que sea— Kyu habría dado cualquier cosa por ser el que estuviera arrastrándose a través de las piedras. —Te dije que creeré en ti por siempre —dijo.
Siwon agarró el hombro de Kyu, exprimiéndolo.
Hongki se arrastró, pero aún más lento.
Un increíble poder fluyó dentro Kyu, desbordando su armadura, lo llenaba de una luz tan pura, que era mágico. Sentía el amor de Hongki a través de la marca. Por primera vez en todas las centurias, el Arcángel de la Guerra se dio cuenta que no necesitaba de un corazón latiendo para que existiera. —Tú eres mi deseo del corazón —dijo Kyu.
Hongki cruzó los últimos centímetros, y se derrumbó. El Arcángel lo levantó del suelo, abrazándolo estrechamente.
En un susurro ahogado, Hongki dijo: —Las serpientes no me atraparon, ¿por qué me estás aplastando en su lugar?
Pero los brazos de Hongki, suaves y vivos, estaban alrededor de Kyu,y por unos pocos granos de eternidad, nada más importaba.
Hongki sostenía a Kyu en un tembloroso abrazo, y le susurró: —Podía oírte, pero las serpientes eran tan reales.
Las manos de Kyu corrían arriba y abajo de la espalda de Hongki, alejando la sensación viscosa y fría de la serpiente gigante que se había envuelto alrededor de él en el puente. —Ve con Siwon —dijo.
Hongki escuchó la furia apenas controlada en las suaves palabras de Kyu, sintiendo que su armadura se interponía entre ellos, dura e inflexible.
Siwon alcanzó a Hongki. —Vamos. Él tiene trabajo por hacer.
En el momento en que Hongki fue pasando a Siwon, la transformación de Kyu era completa. Estaba blindado. Su coraza de oro brillaba bajo la luna. Su cota de malla tintineaba, metal contra metal. Levantó su espada ardiente con las dos manos. Y algo más.
Cuando él había visto a Lucifer provocando a Kyu, Hongki se preguntó cómo incluso un Arcángel podría haber sobrevivido eones de hacer eso. Ahora lo sabía. Kyu y Hyun eran como hermanos lobos luchando.
Parecía como si se estuvieran desgarrando entre sí, pero era un juego inofensivo.
Vassago había estado cavando a través de la pared de piedra. Armado con el sudor de su rostro, se levantó y se enfrentó a Kyu. —¿No es pesado todo lo de oro? —Sus ojos negros brillaban como diamantes puros y duros que capturaban la luz de la luna. Echó un vistazo a Hongki. —La única diferencia entre tu marca y la mía, Kyu, serán los cambios que haré en su forma para hacerlo mío.
—Tu deshonor hace eco a través del universo —Kyu saltó sobre él, pero Vassago retrocedió, sus brazos apenas evadiendo la espada de fuego.
Vassago sonrió y retrocedió. —Sí. Mátame. Deja de oponer resistencia. —Apretó los puños, y lanzó fuego del tamaño de bolas de tenis que Kyu bateó dentro de la pared—. Tu espada, tus poderes. Ellos te Desterrarán otro siglo, llevándolo a él lejos de ti.
Hongki vio a través del acto de Vassago. Incitaba el miedo de Kyu, apoyándolo en sus propios temores. —Detente. Esta hostigándote.
Pero no sirvió de nada, Kyu fue por Vassago, esquivando las bolas de fuego, atacando al Nephilim una y otra vez.
«Sus reflejos, mi cerebro». Pues bien entonces.
Siwon se movió medio segundo demasiado tarde cuando Hongki se deslizó a su alrededor. Eso fue suficiente retraso para Hongki, quien saltó entre Kyu y Vassago. —Lo está haciendo propósito —dijo Hongki—. Al igual que Hyun. Detente.
Kyu fácilmente atrajo a Hongkia su lado, quitándolo fuera del camino de su espada. —Esta es mi batalla, Hongki. Mantente alejado de ella.
Bueno, al infierno. Pónchame. Fin del juego. Hongki se concentró en la pared y dijo la única palabra que se le ocurrió. —Min.
El arcángel apareció entre Kyu y Vassago. —Hongki es tuyo, hermano —dijo—. Termina esto con el Nephilim. Envíaloa su castigo.
El pasillo era demasiado estrecho para que Kyu pasara sin tocar a Min. La espada de Kyu desapareció de sus manos y apareció en la funda de cristal a través de su espalda. Se quedó quieto, con los brazos a los costados. —No puedo esperar.
El aire se llenó con el olor a azufre. Hyun caminó a través de la pared detrás de Vassago. —No seas estúpido. Envíalo a mí.
Los ojos de Kyu se volvieron negros sobre negro. —¡Él puso sus manos en lo que es mío!
Hyun empujó a Vassago fuera de su camino, moviéndose hacia Kyu. Min se hizo a un lado, tirando a Hongki cerca de la pared. —¿Estás buscando pasar otro siglo en el Destierro? —dijo Hyun—. El Consejo te quitará todos tus poderes.
—Hongki está marcado— Kyu no le quitaba los ojos de encima a Vassago—. Nada puede cambiar eso ahora.
—¡Hey! ¡Loco Kyu! — Hyun chasqueó los dedos en la cara de Kyu—. Despierta. Él va envejecer. ¿Qué vas hacer? ¿Cómo lo soportarás año tras año, viendo como su cuerpo mortal envejece, hasta decaer? Apenas si pudiste soportar verlo arrastrándose unos metros.
Kyu sintió el peso de su armadura y el pensamiento de los mortales que había salvado de criaturas tan malas como Vassago. Respiró, cuadró los hombros y se levantó en toda su estatura, firme como una montaña tallada por un mar muerto hace mucho tiempo, el último guerrero.
—Vosotros que masacran al inocente, yo te condenó a ti al exilio en el Infierno —Kyu recorrió con los ojos brillantes a Hongki —. Min. Protege a mi corazón.
Min agarró al vuelo la mano de Hongki, atrapándolo con su cuerpo muy cerca. —Quédate quieto —murmuró.
Los ojos negros de Vassago brillaron rojos por un momento. —No —dijo. Deslizándose a la derecha, luego a la izquierda, atrapado—. No. Lucha conmigo.
La espada de Kyu estuvo en sus manos otra vez, llamas deslizándose por los bordes. —Yo te Destierro al dominio de Lucifer. Yo te Condeno al Infierno.
Vassago se hundió hasta el suelo, desgarrando en la pared.
—De pie, Nephilim —dijo Kyu—. O lo haré enviándote a ese mundo de rodillas.
Vassago lanzó una mirada desesperada por encima de su hombro, con las manos aun trabajando, cavando la piedra de la pared.
Kyu levantó su espada, dibujando un patrón a través del aire. Un lazo de flama creció de su espada y flotó hacia Vassago, apretado alrededor de su garganta. Por encima de sus gritos ahogados, Kyu dijo: —Estarás confinado por mil años.
Una bola de fuego rojo flameó fuera y alrededor del cuerpo de Vassago. Min se dio vuelta, cubriendo el cuerpo de Ki con el suyo.
Cuando Hongki abrió los ojos, la luz del día inundaba dentro de las paredes de piedra y el suelo de adoquines parecía nuevo, incluso olía como si hubieran sido construido hacía cinco minutos. —¿Qué pasó? —dijo.
En su chaqueta de cuero y jeans negros de nuevo, Kyu empujó el cuchillo en su lugar. —La misión se completó —dijo—. Se ha restablecido el tiempo. Compré otro par de centurias antes del Armagedón.
Detrás de él, Hongkiescuchó aplausos. —Bravo ——dijo Hyun—. Ahora todo lo que tengo que hacer es conseguir que tu lo compartas.
Kyu se volvió hacia su hermano, casi sonriendo.—Te debo otro par de cientos de años que gastar antes que un día te mate.
—No te preocupes — Hyun bajó los ojos en Hongki—. Voy a estar por aquí —Dio vueltas en círculo y se había ido, dejando plumas negras detrás.
Mantente bien alejado de Min—dijo Siwon—, la próxima vez que haya una buena pelea, no te olvides de mí. —Apretó la mano que escondía el cuchillo de Kyu, apretó su hombro y se desvaneció.
Hongki estaba junto a Min. —¿Cómo es que estás todo el camino hasta allá? —dijo Kyu.
A pesar de que no quería nada más que ser rodeado por los brazos de Kyu, Hongki no podía estar ahí de pie y no saberlo ya. —¿Tú y Hyun le tienen miedo a Min?
Kyu se echó a reír. La luz del sol que entraba atrapó un brillo en sus ojos —Nuestro hermano es pacifista —dijo—. Si nos toca, seremos... —Hizo un gesto con las manos sin poder explicarlo—. Felices. Bien. Eso nos da una resaca por décadas.
Min levantó su reloj de arena. La parte superior estaba llena de arena blanca. La parte inferior, donde la sangre había sido recogida, estaba vacía. Le dijo a Hongki: — Fuiste valiente y leal. Como nuestro hermano diría, 'bravo'.
De repente avergonzado, Hongki dijo: —Gracias.
Kyu extendió sus alas, que eran brillantes y doradas, el color de la esperanza.
—Es bueno tenerte entre nosotros otra vez —Min le dijo a Kyu, y caminó a través de la pared.
—¿Así es como son tus alas realmente? —dijo Hongki.
Kyu miró sus plumas de oro resplandeciente a la luz del sol. —El Destierro ha terminado —le tendió la mano a Hongki—. ¿Quieres dar un paseo, chico ángel?
Hongki tomó la mano de Kyu. Primero estaban cayendo, y luego, ellos estaban montando la Fat Boy de Kyu retumbando debajo de ellos, corriendo a través de la noche. Hongki deslizó sus brazos alrededor de Kyu , empujándose cerca, y susurró:—Para siempre.
...............Fin...............
PD: Les tengo una sorpresa, no sera 2 Temporada, pero espero les guste :3

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